Álvaro Hidalgo, Icíar Sanz de Madrid y Enrique Fatás.
La política farmacéutica se ha convertido en uno de los
ejes de tensión geopolítica y económica más relevantes de los últimos años. Las
medidas impulsadas en Estados Unidos durante la Administración Trump pueden ser vistas como algo extraordinario en un país tradicionalmente defensor del libre mercado.
Redacción Médica ha recopilado la valoración de diferentes
ámbitos institucionales, económicos y académicos, cuyos expertos coinciden en que a diferencia de otros sectores, el mercado farmacéutico estadounidense está marcado por patentes y "una compleja
cadena de intermediación, dominada por aseguradoras y gestores de beneficios farmacéuticos".
Un mercado con poder público y muchos intermediarios
"En medicamentos, Estados Unidos nunca ha funcionado como un mercado competitivo estándar", explica
Álvaro Hidalgo, economista de la salud y presidente de la Fundación Weber. En ese contexto, incluso una Administración promercado puede
justificar la intervención como una forma de corregir desequilibrios y reforzar el poder de negociación pública.
Desde esta perspectiva, iniciativas como la
referencia internacional de precios (IRP) o el enfoque de "nación más favorecida" (MFN) no se plantearon tanto como un control clásico de precios, sino como instrumentos para evitar que el contribuyente estadounidense "subsidie" indirectamente a otros países con precios más bajos. "La presión sobre los precios se presentó como un objetivo nacional", resume Hidalgo.
Una lectura que también comparte
Enrique Fatás, catedrático y director del Behavioral Economics Institute de la
Universidad Europea de Valencia, quien
subraya el peso del factor electoral. A su juicio, el giro intervencionista se explica en buena medida por una crisis de "affordability" percibida por amplias capas de la población estadounidense. "El coste de los medicamentos se ha convertido en un
problema de renta disponible y de inseguridad económica", señala, especialmente en tratamientos crónicos o de alto impacto como la insulina o algunos fármacos oncológicos.
En este sentido, Fatás considera que
"la intervención sobre precios es muy rentable políticamente", ya que conecta directamente con una de las principales preocupaciones del electorado, incluida la base social del propio Trump. No obstante, advierte de que
los ahorros medios para los beneficiarios de Medicare son moderados y "su impacto agregado sobre el gasto total de las familias es limitado".
De hecho, tanto Hidalgo como Fatás coinciden en que los
efectos estructurales de estas medidas han sido reducidos. Hidalgo recuerda que en EEUU existe una
gran brecha entre el precio oficial (list price) y el precio neto real, debido a descuentos y acuerdos confidenciales. "Una bajada anunciada del precio oficial puede tener poco efecto real si no cambia la estructura de negociación", explica. Por ello, muchas de las reducciones de precios anunciadas durante ese periodo se interpretan más como gestos políticos que como reformas profundas del sistema.
Intervenir sin reformar el sistema de precios
Desde la industria farmacéutica, el análisis se sitúa en un plano más global. Icíar Sanz de Madrid, directora del Departamento Internacional de
Farmaindustria, insiste en que
las decisiones en el mercado estadounidense deben leerse dentro de un contexto de elevada volatilidad internacional.
"
La industria farmacéutica opera en un entorno de incertidumbre extrema", señala Sanz; "marcado no solo por Estados Unidos, sino también por el auge de China, los conflictos geopolíticos y la inflación". Subraya también que el estadounidenese sigue siendo el principal mercado mundial del medicamento y un referente en precios, lo que le otorga un papel tractor en la financiación de la innovación global.
Desde el punto de vista de la patronal,
las políticas de presión directa sobre precios pueden afectar a las decisiones de inversión a medio y largo plazo, especialmente en áreas de alto riesgo. No obstante, Sanz matiza que el desequilibrio competitivo europeo no es nuevo ni atribuible únicamente a Trump, sino el resultado de una pérdida de liderazgo que se arrastra desde hace décadas.
En este sentido,
los expertos coinciden en que, la experiencia estadounidense puede interpretarse más bien como
un "aprendizaje tardío" del modelo europeo, caracterizado por una mayor capacidad de negociación pública. "Estados Unidos está transitando hacia lo que Europa ya tiene", apunta Fatás, recordando que incluso tras las reformas recientes los precios estadounidenses siguen siendo muy superiores a los europeos. Hidalgo refuerza esta idea al señalar que
el verdadero precedente no es normativo, sino indirecto.
Así pues, más que una anomalía ideológica, la estrategia farmacéutica de Trump aparece como "una combinación de pragmatismo económico, cálculo político y uso selectivo del poder público". Una intervención significativa que refleja
hasta qué punto el medicamento ha pasado de ser un asunto técnico a un eje central del debate económico y social.
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