Daniele Garcovich.
Roncar, despertarse cansado o quedarse dormido viendo la televisión son síntomas que tenemos muy normalizados y que esconden una de las enfermedades crónicas más infradiagnosticadas como es la
apnea del sueño. “Esta patología afecta a millones de personas, incluyendo mujeres, jóvenes y niños, cuyos
síntomas atípicos retrasan su diagnóstico durante años” explica Daniele Garcovich, investigador de la Cátedra de Investigación del Sueño y director del Máster en Ortodoncia Avanzada de la Universidad Europea de Valencia.
“La apnea del sueño sigue estando tan infradiagnosticada porque no siempre se presenta de la misma forma y muchas veces no encaja con la idea clásica que tenemos de la enfermedad”, afirma Garcovich. Este estereotipo actúa como un filtro mental. “
En mujeres, por ejemplo, es muy frecuente que la apnea se manifieste más como insomnio, fatiga, cefalea o ansiedad, síntomas que a menudo se confunden con estrés, depresión o se atribuyen erróneamente a la menopausia. En niños, la presentación también puede despistar: en lugar de somnolencia,
puede aparecer como irritabilidad, hiperactividad o problemas de conducta”, añade el experto de la Universidad Europea.
Vivir durante años con una apnea no tratada tiene un alto coste para la salud. Cada noche, las bajadas de oxígeno y los microdespertares mantienen al cuerpo en una alerta constante. Garcovich señala que “a la larga, eso se nota sobre todo en el sistema cardiovascular: se asocia a hipertensión, arritmias (como fibrilación auricular) y
mayor riesgo de eventos cardiovasculares. De hecho, cuando vemos una
tensión difícil de controlar, que sigue alta pese a varios fármacos, la apnea puede ser uno de los factores que está sosteniendo el problema”. Por este motivo, se recomienda activamente buscar un posible trastorno del sueño en pacientes con hipertensión resistente o mal controlada.
En el plano metabólico, la apnea es frecuente en
personas con diabetes tipo 2 y se relaciona con un peor control de la glucosa. Además, el impacto en la vida diaria es innegable, con peor concentración, memoria y un
aumento demostrado del riesgo de accidentes de tráfico y laborales.
Soluciones terapéuticas
Para hacer frente a este abanico de riesgos, existen soluciones terapéuticas eficaces. El
CPAP (presión positiva con mascarilla) sigue siendo el tratamiento de referencia, pero su gran reto es la adherencia: aunque funciona muy bien, a una parte de los pacientes les resulta difícil integrarlo en su día a día y acaban usándolo menos de lo necesario o abandonándolo. “El gran ‘pero’ es que
su eficacia real depende de que se use de forma constante”, destaca el experto. Para quienes no toleran la CPAP, existen alternativas como los
Dispositivos de Avance Mandibular (DAM). Estas férulas, hechas a medida, despejan la vía aérea al adelantar la mandíbula durante el sueño y son una solución eficaz que requiere siempre de supervisión profesional.
“El DAM es una alternativa potente, pero su éxito depende mucho de que lo lleve un profesional formado y dentro de un circuito clínico bien armado. Aquí entra el papel del
dentista experto en medicina dental del sueño: no es ‘poner una férula y ya’, sino seleccionar bien al candidato, planificar el dispositivo a medida, ajustarlo progresivamente y coordinar con el especialista del sueño para
confirmar objetivamente que funciona” subraya Garcovich.
Para mejorar el diagnóstico habría que impulsar una
estrategia proactiva en las consultas médicas y también en odontología, incorporando de forma sistemática unas preguntas clave sobre ronquidos, pausas respiratorias, despertares con sensación de ahogo o sueño no reparador, especialmente en personas con factores de riesgo o patologías asociadas. Y, sobre todo, facilitar que esa sospecha pase rápido a una prueba: “hoy en día, muchos casos
se puede realizar un estudio domiciliario (como la poligrafía respiratoria en casa), lo que agiliza el proceso y reduce costes, reservando el laboratorio para situaciones más complejas”, explica el investigador de la Cátedra de Investigación del Sueño y director del Máster en Ortodoncia Avanzada de la Universidad Europea de Valencia.
Además, el experto destaca el potencial de los
nuevos dispositivos wearables (anillos, pulseras) como herramientas de cribado para orientar y priorizar a quién estudiar, pero advierte de que no sustituyen al profesional: “no es autodiagnóstico. Lo correcto es que sirvan para
aumentar la sospecha y acelerar el circuito, pero que el diagnóstico final lo confirme un profesional con el método adecuado”.
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