Dos médicas y una estudiante de Medicina afirman que se deben realizar cambios organizativos en el sistema para lograrlo

La feminización médica "no basta" para eliminar el sesgo de género en salud
Tatiana Paula Pire, residente de Medicina Interna; Elisa Morilla, estudiante de quinto de Medicina; y Asunción Gonzálvez Gasch, especialista en Medicina Interna.


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La feminización médica es una realidad. Los datos hablan por sí solos. Según el informe sobre 'Recursos Humanos, ordenación profesional y formación continuada en el Sistema Nacional de Salud, 2024', las mujeres constituyen más de la mitad de los profesionales de Medicina y superan el 70 por ciento en el colectivo de Enfermería, lo que justifica la tendencia al alza que se observa en los hospitales.

Aunque no es el único ámbito donde se ve. "Las mujeres predominan en los estudios universitarios vinculados a las Ciencias de la Salud, siendo ésta la rama con mayor proporción de alumnado femenino matriculado", afirma a Redacción Médica la internista Asunción Gonzálvez, también coordinadora del Observatorio de Igualdad de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI). De hecho, dicha afirmación la puede confirmar Elisa Morilla, estudiante de quinto de Medicina: "Es más que evidente. En las nuevas generaciones se ve claramente, sobre todo, en las aulas. Hay muchísima diferencia entre hombres y mujeres".

No obstante, la irrupción del género femenino en la Medicina, por lo pronto, no ha puesto fin al sesgo de género en salud que, por desgracia, todavía se observa en la sanidad española. De hecho, la evidencia acumulada en los últimos años determina que esta 'lacra' no se limita al acceso o a la investiigación, sino que atraviesa el propio proceso diagnóstico.

Acabar con el sesgo de género desde la cúspide del sistema sanitario


"Creo que la feminización es una condición necesaria pero no suficiente. El sesgo de género no depende solo de quien ejerce la Medicina, sino de cómo está construido el sistema", señala la residente de Medicina Interna Tatiana Paula Pire. Desde su punto de vista, aunque las mujeres sean mayoría, siguen "estando infrarepresentadas en puestos de liderazgo y toma de decisiones, que son precisamente los espacios donde pueden impulsarse esos cambios".


Pires: "Las mujeres siguen estando infrarepresentadas en puestos de liderazgo y toma de decisiones, que son precisamente los espacios donde pueden impulsarse esos cambios"




Por lo tanto, para ella, "la feminización es una oportunidad, pero no una solución por sí sola". "Si queremos reducir el sesgo, hacen falta cambios más profundos en la formación, en la investigación y en la organización del sistema sanitario", subraya. 

Morilla opina igual: "Podría paliarlo, pero no eliminarlo". "Si tu médica te trata súper bien, pero tu familia refuerza tu preocupación de que lo que tienes no es importante y es solo ansiedad, no sirve", añade.

Aun así, puntualiza que, aunque la feminización puede influir de manera muy positiva al sistema sanitario, "tampoco sería positivo que se feminizara totalmente". "Lo mejor es que haya dos formas de pensar y se complementen, sobre todo, en temas relacionados con la investigación y la atención clínica directa", anota. 

Por su parte, Gonzálvez hace hincapié, en el mismo sentido que Pire, en que, en un contexto actual con la feminización de la Medicina en aumento, "resulta deseable que el acceso a posiciones de liderazgo evolucione hacia una representación proporcional, de modo que la no ocupación de cargos directivos por parte de mujeres responda exclusivamente a decisiones individuales y no a limitaciones estructurales".

Diferencias en la prestación clínica entre hombres y mujeres


En lo referente a la diferente prestación clínica de algunas enfermedades en función del sexo, "debería incorporarse de manera sistemática a los programas de formación médica". "Este enfoque no es exclusivo del sexo, sino que forma parte de un principio más amplio de medicina individualizada, respaldado por evidencia científica en múltiples ámbitos. Así, se ha demostrado que los pacientes de edad avanzada presentan con frecuencia manifestaciones atípicas de enfermedades comunes (como infecciones o síndromes coronarios), que determinados grupos étnicos pueden mostrar variaciones en la prevalencia, expresión clínica o respuesta terapéutica de diversas patologías, y que factores como el nivel socioeconómico o la comorbilidad influyen de manera significativa en la presentación y evolución de la enfermedad", detalla la facultativa. Por ello, "la integración de estas variables en la formación sanitaria resulta esencial para mejorar la precisión diagnóstica, reducir sesgos clínicos y avanzar hacia una atención verdaderamente personalizada y equitativa".

Respecto a la feminización, la médica asegura que este 'fenómeno' no se da solo en Medicina, ya que "se reproduce en múltiples profesionales sanitarias como Enfermería, Terapia Ocupacional, Logopedia, Nutrición Humana y Dietética, Psicología Sanitaria, Farmacia, Odontología y Fisioterapia". "En el ámbito de la especialización médica, el porcentaje de mujeres supera el 65 por ciento en disciplinas como Análisis Clínicos, Pediatría, Ginecología, Alergología, Endocrinología, Hematología, Medicina Familiar y Comunitaria y Medicina Interna", profundiza. 


Gonzálvez: "Se observa un patrón consistente en el predominio masculino en las especialidades quirúrgicas"




Por el contrario, "su representación en especialidades como Traumatología, Urología, Cirugía Cardiovascular, Neurocirugía o Cirugía Plástica se sitúa en torno al 30 por ciento". "En términos generales, se observa un patrón consistente de predominio masculino en las especialidades quirúrgicas", puntualiza. 

Sin embargo, lo que realmente le preocupa a la facultativa es que, a pesar de esta feminización en los niveles asistenciales, "persiste una clara infrarepresentación femenina en posiciones de liderazgo, con menos del 30 por ciento de las jefaturas de Servicio ocupadas por mujeres". "Aunque se ha descrito una tendencia ascendente en la presencia de mujeres en puestos de responsabilidad en las últimas dos décadas, esta evolución no guarda proporción con el incremento sostenido de su presencia en la base del sistema sanitario. En consecuencia, no se alcanza la proporcionalidad esperable entre la composición de la fuerza laboral y la ocupación de cargos directivos. Este patrón se reproduce, además, en otros sistemas sanitarios de países de nuestro entorno", explica.

Ser atendida por un hombre o por una mujer


También en el abordaje clínico hay diferencias entre mujeres y hombres. "Algunos estudios han sugerido que las pacientes mujeres podrían presentar mejores resultados cuando son atendidas por profesionales del mismo sexo. Sin embargo, estos trabajos, generalmente limitados en tamaño muestral, no deben interpretarse como evidencia de superioridad inherente, sino como reflejo de diferencias en los estilos de práctica clínica y en la interacción médico–paciente", señala la facultativa. 

Un fenómeno que, advierte, "se observa en otros contextos" como "las barreras idiomáticas, los déficits sensoriales o las diferencias socioculturales, en los que la calidad asistencial depende en gran medida de la capacidad del profesional para adaptar la entrevista clínica al perfil del paciente, optimizando así la obtención de información, la indicación de pruebas complementarias y la precisión diagnóstica". 



Gonzálvez: "Determinadas patologías pueden presentar diferencias clínicas relevantes según el sexo"




Por otra parte, añade, "determinadas patologías pueden presentar diferencias clínicas relevantes según el sexo, lo que puede dificultar su reconocimiento y afectar al pronóstico". Un ejemplo es la cardiopatía isquémica. En los hombres, "suele manifestarse con dolor torácico opresivo retroesternal, irradiado y desencadenado por el esfuerzo". En las mujeres, en cambio, "son más frecuentes las presentaciones atípicas, como disnea, fatiga, náuseas o dolor epigástrico, lo que puede retrasar el diagnóstico". 

"Estas diferencias se relacionan con factores anatómicos y fisiopatológicos, como el menor calibre de las arterias coronarias y la mayor prevalencia de disfunción microvascular en mujeres, frente a la mayor frecuencia de enfermedad aterosclerótica obstructiva de grandes vasos epicárdicos en hombres. La incorporación de esta evidencia en la formación médica universitaria resulta esencial para mejorar la precisión diagnóstica tanto en cardiopatía isquémica como en otras entidades", propone. 

Pire es clara al hablar sobre el sesgo de género: "Por supuesto que existe y es un auténtico problema de salud pública". La residente explica que se da cuando, "sin darnos cuenta, interpretamos los síntomas o tomamos decisiones de forma distinta en función del género del o la paciente que tenemos delante, hecho que ha demostrado que impacta de forma directa en la morbimortalidad de las mujeres".

El ejemplo más clasico para ella es el del infarto agudo de miocardio. "Sabemos que las mujeres pueden presentar síntomas diferentes, clasificados como atípicos (fatiga, náuseas, disnea, malestar epigástrico), que pasan con frecuencia desapercibidos, llevando a retraso diagnóstico y terapéutico. Además, sabemos que los síntomas físicos de las mujeres son frecuentemente atribuidos a causas psicosomáticas o emocionales, y se abordan de una forma menos intensiva, mientras que los mismos síntomas en hombres se investigan como causas orgánicas", afirma. 

El sesgo de género como resultado de factores


Pero es que "el sesgo de género en el diagnóstico no tiene una única causa, sino que es el resultado de varios factores". "La Medicina se ha construido históricamente tomando como referencia modelos masculinos y, además, quienes ejercemos esta profesión hemos sido formados en un marco cultural que integra estos sesgos y que, muchas veces de forma inconsciente, influye en cómo interpretamos los síntomas. A esto se suman factores del propio sistema sanitario que hacen que estas diferencias se mantengan", denuncia.

Para llegar a estas conclusiones, Pire ha tenido que participar en grupos de trabajo o en proyectos concretos. De hecho, es vocal MIR de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI). "Necesitamos que la perspectiva de género deje de ser un extra para los interesados y pase a ser una competencia básica en el programa de formación de cualquier médico", reclama. 



Morilla: "En la carrera se menciona una o dos veces el sesgo de género"



Morilla, por ejemplo, asegura que en la carrera "se menciona una o dos veces el fenómeno del sesgo de género". "En Epidemiología, sobre todo, cuando se estudian los sesgos a la hora de hacer estudios epidemiológicos", señana. 

Y es que incluir su conocimiento es "esencial". Desde el punto de vista de Pires, la inexistencia de una formación estructurada en este sentido se debe a "una carencia clara del sistema". Un hándicap al que el Sistema Nacional de Salud (SNS) está tardando en hacer frente.
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