Los profesionales alertan de que los pediatras no tienen formación específica más allá de la que adquieren por su cuenta

"Prisa" y paternalismo lastran un desigual duelo perinatal en la sanidad
Isabel Puig Marzal, obstetra; y Pilar Gómez-Ulla Astray, psicóloga y terapeuta familiar.


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La muerte perinatal continúa siendo uno de los episodios más difíciles y silenciosos dentro del sistema sanitario español. Aunque en los últimos años han comenzado a desarrollarse protocolos específicos y algunas iniciativas formativas, expertos en Obstetricia y salud mental coinciden en que sigue existiendo un importante tabú social y profesional alrededor de estas pérdidas.

"La formación sigue siendo desigual", resume Isabel Puig Marzal, obstetra responsable de la consulta de pérdida gestacional del Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca, centro de referencia en la Región de Murcia para este tipo de atención. La especialista explica a Redacción Médica que la capacitación específica aún depende en gran medida de la sensibilidad individual de cada Servicio o profesional.

"En obstetricia y matronas, por ejemplo, en nuestra región tienen una sesión de una tarde desde hace dos años. Las promociones anteriores no tenían absolutamente nada", señala. En otras áreas, la situación es todavía más limitada. "Los pediatras no tienen formación específica más allá de la que quieran adquirir por su cuenta, y en Atención Primaria todavía menos", añade.


Protocolos que existen "pero no siempre se aplican"


A nivel formal, sí existen documentos y guías clínicas. Puig recuerda que la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) dispone de protocolos nacionales sobre muerte perinatal y duelo gestacional, además de algunas adaptaciones regionales. Sin embargo, advierte de que el problema no es únicamente normativo.

"El protocolo al final es un documento colgado en una web", afirma. "Si la gente no está sensibilizada, se aplica de manera desigual". La obstetra subraya que muchas de las situaciones que rodean la muerte perinatal requieren habilidades comunicativas y emocionales difíciles de adquirir únicamente leyendo una guía clínica. "Es fácil poner en un protocolo que una madre puede donar leche materna aunque su bebé haya fallecido. Lo difícil es saber cómo ofrecerlo, cómo preguntarlo y cómo hacerlo sin que la paciente se sienta violentada", explica.

Para Puig, gran parte del problema radica en que tanto obstetras como pediatras trabajan habitualmente en escenarios asociados a la vida y a las buenas noticias. "Son especialidades donde normalmente acompañamos nacimientos y evolución favorable. Como son situaciones poco frecuentes, ni nos gusta enfrentarnos a ellas ni lo hacemos bien muchas veces", reconoce.

La especialista identifica además un obstáculo cultural profundo como es la dificultad social para abordar la muerte gestacional o neonatal. "Todavía hay mucho tabú respecto a la muerte, especialmente de los niños o de los bebés no natos", afirma. A su juicio, persiste la idea de que "si no se habla del tema, la mujer se olvidará antes", cuando precisamente ocurre lo contrario.


"Los profesionales también necesitan acompañamiento"



La necesidad de cuidar también a los profesionales


Desde el ámbito psicológico, Pilar Gómez-Ulla Astray, psicóloga y terapeuta familiar especializada en duelo perinatal y coautora del libro Duelo perinatal, coincide en que la formación continúa siendo insuficiente.

"La investigación nos muestra que los profesionales sanitarios afirman recibir poca formación sobre este tema", señala. Según explica, esta carencia afecta tanto a obstetras y neonatólogos como a matronas, enfermeras o profesionales de salud mental. No obstante, reconoce ciertos avances en los últimos años. "Poco a poco se va incorporando formación sobre cómo dar malas noticias o cómo acompañar la toma de decisiones de la madre cuyo bebé ha fallecido", indica.

Para la especialista, el problema no es únicamente técnico, sino también emocional. "Necesitamos espacios de supervisión y cuidado mutuo entre profesionales, porque el impacto emocional de la muerte perinatal también nos afecta a nosotros", afirma.


"La prisa" y el paternalismo: errores frecuentes


Gómez-Ulla identifica algunas de las carencias más habituales en la atención sanitaria durante estos procesos. Entre ellas destaca "la prisa" y la necesidad de resolver rápidamente los procedimientos médicos y administrativos.

"Pensar que cuanto más rápido pase todo, menos doloroso será, es un error frecuente", explica. Como ejemplo, menciona la tendencia a acelerar determinadas decisiones clínicas o burocráticas sin respetar los tiempos emocionales de la familia. También advierte sobre el paternalismo sanitario. "A veces creemos saber qué es lo mejor para la madre o para la familia sin escuchar realmente qué necesitan", sostiene.

A su juicio, el acompañamiento requiere abandonar la lógica de "evitar el dolor" para pasar a un modelo basado en acompañar el sufrimiento y validar emocionalmente la pérdida. "No se trata de quitar el dolor, sino de aportar tiempo, escucha y sensibilidad", resume.

Ambas especialistas coinciden en que romper el silencio institucional y social sigue siendo el principal desafío pendiente. Porque, aunque la muerte perinatal comienza poco a poco a entrar en la conversación sanitaria, la atención todavía depende demasiado de la implicación personal de cada profesional y no de una formación homogénea dentro del sistema.
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