Atender a víctimas de maltrato requiere más formación en comunicación, evaluación de riesgos y protocolos

Familia ante la violencia de género: "Una pregunta bien hecha salva vidas"
María Álvarez, R4 de Familia en el Centro de Salud Delicias I (Valladolid).


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"Cada pregunta bien hecha puede ser el principio de una salida". Esta afirmación, pronunciada por María Álvarez, R4 de Familia en el Centro de Salud Delicias I (Valladolid), aborda la delicada labor que enfrentan los profesionales sanitarios al atender casos de violencia de género y maltrato. En la consulta diaria, detrás de cada síntoma físico o revisión rutinaria, puede ocultarse una historia de sufrimiento y riesgo, donde la observación y la sensibilidad del personal médico son cruciales para proteger vidas.

La violencia no discrimina por edad, etnia o condición social, y muchas víctimas no denuncian ni revelan su situación a familiares o amigos. Aquí, el papel del profesional de salud no es juzgar, sino escuchar, detectar y actuar con prudencia y coordinación con los trabajadores sociales y autoridades cuando sea necesario. Así lo explica Álvarez en las IV Jornadas de médicos residentes y tutores de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG).

Entrevista a María Álvarez, R4 de Familia en el Centro de Salud Delicias I (Valladolid).




















Formación del profesional sanitario


En este contexto, atender a víctimas de maltrato requiere "más formación en comunicación, evaluación de riesgos y protocolos de protección", asegura la R4. ¿La razón? Los profesionales deben gestionar situaciones complejas donde una actitud empática, "el conocimiento de recursos disponibles" y la capacidad de actuar con firmeza son esenciales para garantizar la seguridad de las víctimas.

Aunque la Atención Primaria no resuelve todos los casos, es fundamental saber "cuándo iniciar la intervención y cómo activar recursos" de manera efectiva. Cada observación, cada pregunta y cada seguimiento pueden marcar la diferencia entre el riesgo y la protección.

Paso 1: sospechar y observar


Y es que detectar señales de maltrato no siempre es evidente. Tal y como relata Álvarez, a veces los signos son sutiles, como un comportamiento de sumisión ante familiares o parejas que pasa desapercibido, o directamente problemas de salud que "no se asocian" a este tipo de casos, como la caída del pelo o la ansiedad.

Por ejemplo, la R4 cuenta como una joven que fue a consulta a pedir información sobre anticonceptivos. A simple vista, lo que podía parecer una paciente más, acabó siendo una historia de control y maltrato psicológico de su pareja tras indagar con preguntas abiertas sobre sus relaciones sexuales. En otro caso, el Servicio de Enfermería detectó signos de agresión física en una mujer mayor ingresada en un hospital.

Por esta razón, la observación cuidadosa y la sospecha profesional son esenciales para identificar situaciones de riesgo. "Muchas veces las víctimas no reconocen que están siendo maltratadas hasta que se sienten seguras para contarlo", señala la MIR.

Taller 'Cuando la consulta es un refugio: detección y aborda de la violencia de género' en las IV Jornadas de médicos residentes y tutores de la SEMG.


Garantizar la privacidad y la seguridad de las víctimas


La privacidad también es fundamental. Entrevistar a una víctima de violencia de género sin la presencia de sus agresores no solo protege su integridad, sino que facilita que se narren hechos que, de otro modo, permanecerían ocultos. Es lo que le ocurrió, según cuenta Álvarez, a una joven con discapacidad intelectual en su consulta, donde reconoció haber sido abusada sexualemente por un profesor cuando solo tenía 13 años. Esta información permitió activar recursos sociales y legales.

Además, evaluar el riesgo implica medir la gravedad del maltrato, la vulnerabilidad de la víctima y las posibilidades de repetición. Así, la coordinación multidisciplinaria es clave. Psicólogos, trabajadores sociales y autoridades deben actuar en conjunto para garantizar una protección efectiva.

Eso sí, cada caso requiere flexibilidad: algunos necesitan intervención inmediata, mientras que otros requieren seguimiento prolongado para recuperar la autonomía y la confianza de la víctima. Por ejemplo, otro caso que revela Álvarez involucra a una joven que, sola, tras varias consultas, pudo reconocer la manipulación de su pareja y decidió alejarse de él y del control psicológico que ejercía sobre su vida cotidiana.

"Cada pregunta bien hecha puede ser el principio de una salida".


La importancia del seguimiento


Aparte, el seguimiento continuo es tan importante como la detección inicial, ya que permite identificar señales que podrían haberse pasado por alto y asegura que la víctima "no quede sola" en su proceso. Incluso cuando los hechos ocurrieron años atrás, la intervención sigue siendo vital.

En la consulta de Atención Primaria, cada historia puede convertirse en una oportunidad para salvar vidas. La sensibilidad, la formación continua y la coordinación multidisciplinaria permiten no solo tratar síntomas físicos, sino también proteger y acompañar a quienes más lo necesitan.

Cada caso es único, pero los principios son universales: sospechar, observar, garantizar seguridad, evaluar riesgo y coordinar recursos. Y, como recuerda la R4, cada pregunta formulada puede cambiar la vida de una persona atrapada en un ciclo de violencia.
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