19 nov 2018 | Actualizado: 18:35

El hígado y el riñón, principales órganos rechazados en los trasplantes

Los especialistas lo atribuyen a la falta de adhesión terapéutica al tratamiento inmunosupresor

Según se ha manifestado en la III edición del Clinical Transplantation Day.
El hígado y el riñón, principales órganos rechazados en los trasplantes
mar 19 diciembre 2017. 15.20H
Redacción
Entre el cuatro y el cinco por ciento de los injertos de hígado y riñón se pierden pasado el primer y segundo año del trasplante. Los especialistas atribuyen a la falta de adhesión terapéutica al tratamiento inmunosupresor ser una de las principales causas de rechazo.

Este reto ha sido el foco de atención de la III edición del Clinical Transplantation Day, un evento patrocinado por el Grupo Chiesi al que han asistido más de 200 expertos internacionales en el área de trasplante de órganos.

“Aunque el eterno sueño es la tolerancia, es decir que no fuese necesaria la inmunosupresión para evitar el rechazo de los órganos trasplantados, el objetivo actual debe ser conseguir que en el largo plazo los pacientes requieran dosis inferiores o más simples para seguir manteniendo el injerto sin riesgo al rechazo”, ha explicado Josep M. Grinyó, miembro del comité científico del Clinical Transplantation Day.

Grinyó también ha señalado que “hay muchos medicamentos actualmente en investigación para mejorar la inmunosupresión pero es difícil superar los resultados actualmente alcanzados”.

Individualizar el tratamiento inmunosupresor, un objetivo prioritario 

Por su parte, Oriol Bestard, jefe de la Unidad de Trasplante renal del Hospital Universitario de Bellvitge ha criticado que “la inmunosupresión que reciben los pacientes trasplantados renales consta de una combinación de varios fármacos que deben ser tomados a diario y para siempre y que actualmente se indican de la misma forma a todos los pacientes trasplantados, sin individualizar la necesidad de cada pacientes a recibir mayor o menor cantidad y combinaciones de tratamientos”.

Los especialistas han destacado que los esfuerzos deben ser dirigidos al desarrollo de marcadores no invasivos que permitan individualizar las estrategias terapéuticas para cada paciente que va a recibir un trasplante.

Los principales efectos adversos de la inmunosupresión son una mayor caída de las defensas, riesgo de contraer enfermedades infecciosas, cardiovasculares y de padecer cáncer.


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