El médico internista José Curbelo disecciona aquellas expresiones que generan confusiones entre los profesionales

El 'manual' lingüístico que todo futuro MIR debe leer al llegar al hospital
Profesional Sanitario (Imagen de Envato).


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Los nervios por la espera del calendario de asignación de plazas MIR, la cual se espera para finales de este mes de abril, se han apoderado de los futuros residentes, pero el médico internista José Curbelo ha decidido amenizar esta etapa de incertidumbre con una guía lingüística de supervivencia para antes de desembarcar en el hospital. A través de un vídeo publicado en su perfil de X, el especialista ha advertido sobre esos errores frecuentes que los jóvenes doctores han cometido al redactar sus primeras historias clínicas, de manera que ha diseccionado con anécdotas prácticas aquellas expresiones cotidianas que han generado importantes malentendidos entre los profesionales sanitarios de los centros médicos.

El especialista recuerda que la "severidad" hace referencia al carácter de una persona, por lo que matiza que las enfermedades siempre se deben clasificar según su gravedad en leve, moderada o grave. En esta misma línea discursiva, advierte sobre el peligro de las abreviaturas clínicas porque generan confusiones con implicaciones directas en el diagnóstico hospitalario. Como ejemplo, detalla que escribir "CAE" se interpreta tanto como conducto auditivo externo como colchón antiescaras, mientras que las letras "TB" significan tuberculosis para un internista y trastorno bipolar para un psiquiatra.

Anatomía y fonética


La comunicación verbal en los pasillos del centro sanitario también desencadena situaciones comprometidas que Curbelo ejemplifica mediante la fonética. Mencionar una afectación "bulbar" entre neurólogos remite a estructuras muy elevadas del tronco encefálico, mientras que el mismo sonido, entendido como "vulvar" por los ginecólogos, apunta a una "región al sur del ombligo".

Asimismo, lamenta que el uso de ciertas redundancias anatómicas se haya convertido en una "batalla perdida", como ocurre al escribir "séptimo par craneal izquierdo" o al anotar "pupilas isocóricas", dado que el concepto de isocoria ya implica obligatoriamente a las pupilas. Además, el facultativo sentencia de forma irónica que quien escribe la abreviatura de electrocardiograma con la letra K provoca que "muera un corderito". Sobre la exploración física, aclara que la palabra "crepitantes" funciona como adjetivo, por lo que lo correcto es documentar sonidos crepitantes o crepitaciones.

Constantes y décadas


El internista corrige también un error frecuente relacionado con el cálculo del tiempo al redactar historiales: subraya que la segunda década de la vida abarca desde los 10 hasta los 19 años y no la veintena, como habitualmente se cree. Finalmente, argumenta que el término "constantes vitales" para referirse a la tensión o la temperatura le pone especialmente nervioso por tratarse de valores que varían casi cada segundo. Por este motivo, propone denominarlos de forma más precisa como "variables vitales" o "parámetros vitales".

A modo de despedida para las "jóvenes promesas de la medicina moderna", el doctor lanza una pregunta abierta invitando a la reflexión clínica: "¿Cuál es esa pequeña manía inconfesable que tienes y que te pone nervioso cada vez que lees una historia clínica?".
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