Se ha descubierto tras analizar a los equipos directivos de las principales facultades

La Universidad de California en Irvine, una de las autoras del estudio
La Universidad de California en Irvine, una de las autoras del estudio.


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Hay especialidades que abren puertas y otras que, al menos en la universidad, parecen colocar a sus médicos más cerca del poder. Si la pregunta es qué perfil domina los equipos que deciden el rumbo de las grandes facultades de Medicina, un estudio lo deja claro: la Medicina Interna es la procedencia más frecuente entre quienes ocupan puestos de liderazgo en las escuelas estadounidenses con mayor financiación del Instituto Nacional de Salud (NIH). No es una intuición ni una impresión: es el resultado de analizar, uno por uno, los nombres y trayectorias de los máximos equipos directivos de estas instituciones, comparándolos con la distribución real de especialidades en el conjunto de médicos del país.

El trabajo se centra en un órgano muy concreto: el llamado dean’s cabinet, el círculo de dirección que acompaña al decano o decana y que suele incluir responsabilidades clave en investigación, educación, estudiantes, profesorado, admisiones o diversidad. En total, los autores identifican 320 cargos en las 40 facultades de Medicina con mayor financiación NIH y, entre ellos, 287 profesionales con titulación médica (MD o DO), que son los que permiten analizar el peso de cada especialidad en el liderazgo académico.

El dato que resume todo el estudio es contundente: el 46 por ciento de esos líderes médicos procede de Medicina Interna. Es decir, casi uno de cada dos puestos directivos con formación médica en estas facultades pertenece a internistas. Ninguna otra especialidad se acerca. La segunda en la lista, Pediatría, se queda en el 13,2 por ciento, y Obstetricia y Ginecología ocupa un 5,6 por ciento. A partir de ahí, la presencia se reparte entre psiquiatría y radiología (4,5 por ciento cada una), urgencias (3,8 por ciento) y medicina de familia (3,5 por ciento), entre otras. Los autores subrayan, además, que Medicina Interna no solo lidera el conjunto, sino que es la especialidad más frecuente en todas las categorías de cargo analizadas dentro del dean’s cabinet.

Esa fotografía, por sí sola, ya describe una realidad. Pero el estudio va un paso más allá y plantea la comparación que da sentido al titular: ¿ese dominio de Medicina Interna en la cúpula universitaria es proporcional al peso que tiene esta especialidad en el conjunto de médicos? La respuesta es no. Los autores confrontan la composición de esos equipos directivos con los datos nacionales de la AAMC de 2023 y concluyen que Medicina Interna está sobrerrepresentada de forma muy significativa. No es simplemente la más numerosa: su presencia en el liderazgo académico es mayor de lo que correspondería por distribución poblacional. La sobrerrepresentación también se observa en Pediatría y neurocirugía, mientras que otras especialidades aparecen infrarrepresentadas, como medicina de familia, urgencias, anestesiología, traumatología y oftalmología.

La misma tendencia se mantiene cuando la comparación se realiza con el perfil del médico hospitalario a tiempo completo. En ese contraste, anestesiología, urgencias y medicina de familia vuelven a ocupar menos espacio en los equipos directivos de lo que cabría esperar. Y, junto a Medicina Interna y Pediatría, aparecen sobrerrepresentadas especialidades como dermatología, otorrinolaringología, cirugía plástica, obstetricia y ginecología y neurocirugía. El estudio dibuja, así, un mapa del poder académico en el que unas especialidades aparecen de manera recurrente y otras, pese a su relevancia asistencial, apenas tienen asiento en la mesa donde se toman decisiones estratégicas sobre la formación médica.

La cuestión es por qué ocurre. El trabajo no pretende explicar causas, porque su diseño es transversal y se basa en información pública disponible en las páginas institucionales. Aun así, los autores plantean hipótesis que ayudan a interpretar el patrón. Sugieren que Medicina Interna y Pediatría, por su papel central en el entorno hospitalario académico y por su enfoque transversal, podrían facilitar un acceso temprano a responsabilidades institucionales y, con ello, a la escalera de la gestión. La propia naturaleza de Interna, acostumbrada a integrar complejidad clínica y coordinación asistencial, encajaría bien con las exigencias de dirigir estructuras académicas donde confluyen investigación, docencia y clínica.

Además, el estudio añade un matiz relevante: el liderazgo de Medicina Interna en estas facultades no es solo de generalistas. Entre los internistas que ocupan estos puestos, el 58,6 por ciento son subespecialistas y el 41,4 por ciento son internistas generalistas. Entre las subespecialidades más frecuentes figuran cardiología, enfermedades infecciosas y neumología y cuidados intensivos. Es decir, el “perfil internista” que llega a la dirección académica, en muchos casos, está también vinculado a campos de alta especialización clínica.

Más allá del dato, la lectura que proponen los autores es institucional. Una dirección académica dominada por unas pocas especialidades no es inocua: puede influir en el modo en que se diseña el currículo, en los modelos de mentoría, en las prioridades educativas y en la orientación profesional de los estudiantes, así como en la asignación de recursos. La diversidad de voces clínicas importa también para la gobernanza universitaria. Por eso, el estudio plantea la necesidad de impulsar programas de desarrollo de liderazgo que ayuden a especialidades infrarrepresentadas a acceder con más facilidad a posiciones directivas y, de ese modo, equilibrar la experiencia clínica que guía la toma de decisiones en las facultades.

La especialidad médica de los que mandan


Con todo, el trabajo marca límites claros que conviene respetar. No afirma que elegir Medicina Interna garantice ser líder, ni puede establecer una relación causal entre la especialidad escogida y el acceso a un puesto directivo. Lo que sí demuestra es un patrón consistente: en las 40 facultades de Medicina con mayor financiación NIH, el liderazgo académico está dominado por médicos formados en Medicina Interna y esa presencia es significativamente superior a la que tendría si la cúpula replicara la composición real de especialidades del país. También advierte de que se trata de un análisis basado en datos públicos que podrían estar incompletos o desactualizados y que se limita a un grupo muy concreto de instituciones, las más investigadoras y financiadas, por lo que no necesariamente refleja lo que ocurre en todas las escuelas de Medicina.

En cualquier caso, el mensaje de fondo es difícil de ignorar. Si alguien quisiera anticipar qué especialidad aparece con más frecuencia en los despachos donde se decide la estrategia académica de las grandes facultades, el estudio ofrece una respuesta inequívoca: Medicina Interna es, con diferencia, el origen formativo más habitual de quienes mandan. Y eso, en el mundo universitario, equivale a ocupar el lugar desde el que se define cómo se forman los médicos del futuro.
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