Equipo de la Unidad de Vigilancia de la Salud del Virgen del Rocío junto al líder del proyecto, Ángel Vidal Beltrán Gracia.
La
detección precoz del riesgo cardiovascular gana aliados con el último descubrimiento de un
MIR de Medicina del Trabajo del Hospital. El proyecto de investigación llevado a cabo por Ángel Vidal Beltrán Gracia, residente de segundo año, señala la
lipoproteína(a) [Lp(a)] como un marcador "potencialmente útil" para mejorar el diagnóstico temprano, al ser un
factor de alerta independiente, cuya concentración, además, se mantiene relativamente estable a lo largo de la vida dado su origen genético.
En concreto, este factor hereditario refleja una
variabilidad intraindividual a lo largo de la vida, inferior al 10-15 por ciento en ausencia de condiciones que la alteren (como hipotiroidismo, síndrome nefrótico o embarazo), según reconoce el líder del estudio a Redacción Médica. Por tanto, a ojos del residente, existiría un "sólido argumento para considerar que su
determinación única en la vigilancia de la salud inicial es suficiente para predecir el riesgo a largo plazo en la población activa" y además de forma "coste-efectiva", explica, dando con ello respuesta a "una de las preguntas más interesantes desde el punto de vista clínico y también una de las que motiva el proyecto".
No obstante, aclara, el
seguimiento longitudinal de nuestra cohorte laboral permitirá aportar datos reales sobre esta estabilidad en el tiempo, "lo que reforzaría -o matizaría- esta recomendación en el contexto específico de la Medicina del trabajo".
Franja de riesgo moderado
Una vez comprobada la procedencia genética de esta sustancia, Beltrán Gracia decidió incorporarla en el
modelo SCORE-2 para determinar el
riesgo cardiovascular de cada individuo, teniendo en cuenta la evidencia previa en la que se señala, con dicha adición, una mejora "del índice C estadístico y la reclasificación neta (NRI) en modelos de riesgo cardiovascular, especialmente en la
franja de riesgo moderado, que es precisamente la más difícil de estratificar con los factores clásicos". Su diseño, en concreto, contempla analizar específicamente esta reclasificación en población laboral activa, "un grupo habitualmente infrarrepresentado en los grandes estudios epidemiológicos".
Por ello, el objetivo primario de este estudio, aún en fase incipiente, es cuantificar exactamente los
niveles de esta lipoproteína entre los trabajadores de nuestro país. Lo cierto es que la literatura científica- "con estudios como el de Nordestgaard et al. y los datos del Copenhagen General Population Study", ya señala niveles de Lp(a) ≥50 mg/dL, es decir, "un
umbral considerado de riesgo aumentado", en aproximadamente un 20 por ciento de la población general. En poblaciones con perfil lipídico aparentemente normal, explica el MIR, esta proporción podría ser incluso más relevante clínicamente, "precisamente porque estos individuos no habrían sido identificados mediante los algoritmos tradicionales".
La detección precoz en este segmento de pacientes, con niveles elevados de este tipo de colesterol hereditario que transporta grasas por la sangre, resulta "especialmente relevante", según defiende Beltrán Gracia, no solo por su seguridad sino también ante la posibilidad de comenzar la terapia de forma temprana con
líneas de tratamiento prometedoras como los
inhibidores de ARN mensajero (inclisiran, pelacarsen). Sobre todo, teniendo en cuenta que en la actualidad, aclara el R2, las opciones farmacológicas aprobadas para el
tratamiento específico de la Lp(a) elevada, son "limitadas".
Protocolos de actuación
De momento, la evidencia científica disponible ya permite clasificar como "especialmente sensibles" a este tipo de enfermedad cardiovascular a aquellos trabajadores que, o bien tengan
niveles Lp(a) de ≥50 mg/dL (criterio ESC 2019/2022), o ≥125 nmol/L según unidades molares, "especialmente si se asocia a otros factores de riesgo subclínicos como
antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular prematura con Lp(a) elevada como posible mediador genético". También en aquellos casos de "reclasificación a categoría de riesgo superior al integrar la Lp(a) en el cálculo SCORE-2", siendo este, "uno de los criterios operativos que validarán los datos del estudio" una vez concluya.
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"Un MIR que investiga aprende a hacerse mejores preguntas, y eso le hace mejor médico"
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Será entonces, con los resultados ya en la mano, cuando la Unidad de Vigilancia de la Salud del centro andaluz comience la segunda parte del proyecto y se diseñen
protocolos de actuación específicos. No obstante, la hoja de ruta que el MIR perfila ya en su mente contempla la "comunicación individualizada y comprensible del hallazgo al trabajador, derivación a su médico de Atención Primaria o cardiólogo con informe estructurado,
intensificación del control de los factores de riesgo modificables coexistentes (HTA, tabaquismo, sedentarismo), y vigilancia periódica reforzada en el seguimiento laboral".
Investigación en el MIR
Aunque todavía quede camino por recorrer, el impulso de esta iniciativa le ha valido a Beltrán Gracia el
reconocimiento a mejor trabajo de investigación en el III Congreso Internacional de Medicina y Enfermería del Trabajo (Cimet) y el XIV Congreso Español de Medicina y Enfermería del Trabajo (Cemet 2026). Para este R2, poner en marcha esta iniciativa durante la residencia "supone una oportunidad extraordinaria para entender que la Medicina del trabajo no se limita a la vigilancia de la salud protocolizada, sino que tiene una
capacidad real de generar conocimiento nuevo y de impacto clínico".
Según defiende, el hecho de "trabajar en una pregunta clínica concreta, como es
identificar el riesgo cardiovascular oculto en población activa, y tratar de responderla con rigor metodológico ha sido tan formativo como cualquier rotación asistencial". Es más, teniendo en cuenta la aportación obtenida con este trabajo, está convencido de que debería
potenciarse aún más el ámbito investigador dentro del MIR, "no con el objetivo de convertir a todos los residentes en investigadores de carrera, sino para desarrollar el pensamiento crítico, la capacidad de leer la evidencia con criterio y la inquietud por mejorar la práctica clínica. Un MIR que investiga aprende a hacerse mejores preguntas, y eso le hace mejor médico".
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