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Los antiácidos, implicados en el desarrollo de las enfermedades hepáticas

Un estudio señala que los medicamentos contra la acidez estomacal pueden alterar determinadas bacterias intestinales

Pastillas de antiácido disolviéndose en agua.
Los antiácidos, implicados en el desarrollo de las enfermedades hepáticas
Redacción
Jueves, 12 de octubre de 2017, a las 15:00
Un estudio de la Universidad de California en San Diego (Estados Unidos) ha revelado que los medicamentos para combatir la acidez estomacal pueden alterar determinadas bacterias intestinales y promover lesiones en el hígado que avancen hacia una enfermedad hepática crónica.

Así se desprende de los resultados de un estudio, cuyos resultados publica la revista Nature Communications, que evaluó en ratones y humanos el impacto que tienen los inhibidores de la bomba de protones, un tipo de fármacos ampliamente consumidos por hasta el 10 por ciento de la población, y de los que el más conocido es el principio activo omeprazol.

"Nuestros estómagos producen ácido gástrico por lo que, si se interrumpe su secreción, puede cambiar la composición de la microbiota intestinal e influir en el riesgo de enfermedad hepática", ha señalado el profesor de Gastroenterología Bernd Schnabl, autor de la investigación.

En concreto, han visto que la supresión del ácido gástrico promueve el crecimiento de la bacteria 'Enterococcus' en el intestino y su desplazamiento al hígado, donde favorece la inflamación y el empeoramiento de la enfermedad hepática crónica.

La cirrosis hepática es una importante causa de muerte en todo el mundo, mientras que el número de personas con enfermedad hepática crónica está aumentando rápidamente en los países occidentales, en parte por la creciente prevalencia de la obesidad.

No obstante, se estima que aproximadamente la mitad de las muertes por cirrosis están vinculadas con el consumo de alcohol. Para determinar las consecuencias de la supresión de ácido gástrico en la progresión de la enfermedad hepática crónica, el equipo de Schnabl examinó modelos de ratones que imitaban una enfermedad hepática alcohólica, una enfermedad del hígado graso o una esteatohepatitis (inflamación alrededor de la grasa).

En cada uno de los tres modelos bloquearon la producción de ácido gástrico por ingeniería genética o mediante omeprazol, y secuenciaron genes específicos de microbios obtenidos a partir de las heces de los animales, a fin de determinar su microbiota intestinal en cada caso.