Juan González Moreno, internista en el Hospital Universitario Son Llàtzer; Lula María Nieto Benito, dermatóloga en el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla; y Carmen Rodríguez Sainz, inmunóloga en el Hospital General Universitario Gregorio Marañón.
De la piel al gen: claves para descifrar la autoinflamación en Medicina Interna
La XIX Reunión GEAS-SEMI expone que la diversidad de manifestaciones inflamatorias obliga a integrar la experiencia de esta especialidad, de Dermatología y de Inmunología en el diagnóstico
Las enfermedades autoinflamatorias obligan a ampliar la mirada clínica más allá de los cuadros clásicos. Y es que el avance del conocimiento ha ampliado considerablemente el espectro de patologías y manifestaciones que pueden situar al clínico ante una posible alteración de la inmunidad. Justamente esta ha sido una de las principales ideas compartidas en el marco de la XIX Reunión del Grupo de Enfermedades Autoinmunes Sistémicas de la Sociedad Española de Medicina Interna (GEAS-SEMI), en la que se ha puesto precisamente el foco en esas situaciones en las que la sospecha no surge necesariamente, por ejemplo, de la fiebre, sino de la combinación de manifestaciones clínicas, antecedentes familiares, lesiones cutáneas o hallazgos genéticos.
Así, durante la mesa 'Cuándo pensar en autoinflamación', tres especialistas de esta especialidad, de Dermatología e Inmunología han abordado diferentes aproximaciones al diagnóstico de estas enfermedades.
Más allá de la fiebre recurrente: cuándo ampliar la sospecha
Juan González Moreno, facultativo del Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario Son Llàtzer (Palma de Mallorca), ha planteado casos clínicos para demostrar lo necesario que es reconocer que la autoinflamación puede presentarse de formas muy diversas.
Uno de los casos que ha expuesto mostraba cómo una manifestación aparentemente localizada -una oreja inflamada- podía convertirse en una pista diagnóstica relevante en un paciente con antecedentes de inflamación mantenida. En otro, la presencia de aftas, síntomas gastrointestinales y una marcada agregación familiar llevó a ampliar el estudio hacia enfermedades autoinflamatorias que pueden simular otras patologías más habituales.
González Moreno insistió así en que la sospecha no debe quedar restringida a los síndromes clásicos. La edad de inicio, la historia familiar, determinados patrones inflamatorios, la recurrencia de infecciones o las manifestaciones gastrointestinales y cutáneas pueden constituir señales para reconsiderar el diagnóstico. El mensaje transversal fue la necesidad de mantener abierta la posibilidad de nuevos síndromes a medida que se amplía el conocimiento de estas enfermedades.
La piel como ventana al diagnóstico
Desde Dermatología, Lula María Nieto Benito, facultativa del Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla de Madrid, ha abordado la cuestión desde el camino inverso: partir de la piel para identificar enfermedades sistémicas. Las lesiones cutáneas, ha explicado, pueden ser la primera pista de un proceso autoinflamatorio y el problema es que presentan una enorme diversidad.
Uno de los grandes grupos que ha revisado ha sido el de las lesiones urticariformes. Parecen una urticaria, pero persiste más de 24 horas, no produce el prurito habitual, no responde a antihistamínicos o deja alteraciones residuales. Esto, por lo tanto, debe hacer replantear el diagnóstico. En este contexto pueden aparecer patrones de dermatitis urticarial neutrofílica asociados a diferentes síndromes autoinflamatorios.
También ha repasado las dermatosis pustulosas, la hidradenitis supurativa, los síndromes asociados a acné e hidradenitis, las dermatosis neutrofílicas, las aftas y úlceras mucosas y determinadas manifestaciones vasculopáticas. En todos estos escenarios, el contexto sistémico resulta fundamental: una psoriasis pustulosa acompañada de fiebre e inflamación sistémica, un acné particularmente inflamatorio asociado a otras manifestaciones o una hidradenitis con características atípicas pueden justificar una valoración más amplia.
Así, para Nieto Benito, el dermatólogo puede aportar una pieza decisiva cuando las lesiones cutáneas no encajan completamente en diagnósticos habituales. La biopsia y la correlación clínico-patológica permiten reconocer patrones inflamatorios, especialmente los relacionados con infiltrados neutrofílicos, que pueden actuar como una señal de procesos sistémicos.
Del fenotipo al genotipo: interpretar, no solo detectar
Mientras, Carmen Rodríguez Sainz, facultativa del laboratorio de Inmunogenética del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid, ha centrado su intervención en la interpretación genética. El desarrollo de las técnicas de secuenciación masiva ha transformado este campo: de las primeras enfermedades autoinflamatorias monogénicas descritas a finales de los años noventa se ha pasado a un catálogo mucho más amplio de enfermedades y genes implicados.
Sin embargo, identificar una variante genética no equivale necesariamente a establecer un diagnóstico. La especialista subrayó que la interpretación debe partir del fenotipo del paciente y de la sospecha clínica. La frecuencia de la variante, los estudios funcionales, los datos de segregación familiar, las predicciones computacionales y el patrón de herencia son algunos de los elementos que permiten determinar si una variante puede considerarse patogénica.
Además, la facultativa ha dado especial relevancia a las variantes con significado incierto, ya que su interpretación requiere prudencia. Así, asegura que un resultado genético aislado puede generar confusión e incluso repercutir en las decisiones clínicas y familiares si no se integra con las manifestaciones del paciente y con el conocimiento disponible sobre el gen y la enfermedad.
La relación entre genotipo y fenotipo tampoco es necesariamente lineal. Rodríguez Sainz indica que la penetrancia y la expresividad pueden variar, de modo que personas con alteraciones genéticas similares pueden presentar manifestaciones diferentes o incluso no desarrollar enfermedad clínica. Por esta razón, la genética debe entenderse como una herramienta integrada dentro del proceso diagnóstico y no como un sustituto de la valoración clínica.
Una misma pregunta desde tres perspectivas
Las tres intervenciones han derivado en una misma idea: pensar en autoinflamación requiere reconocer patrones que no siempre aparecen bajo la forma clásica. Medicina Interna aporta la visión global del paciente y también la identificación de situaciones clínicas inusuales, así como Dermatología puede detectar en la piel señales tempranas de enfermedad sistémica e Inmunología permite interpretar los hallazgos genéticos dentro de ese contexto clínico.
El avance de la genética y el descubrimiento de nuevos mecanismos inflamatorios están ampliando progresivamente el espectro de estas enfermedades. Ante este escenario, la colaboración entre especialidades resulta esencial para pasar de una manifestación aparentemente aislada a una interpretación global del paciente.
En definitiva, la mesa planteó la autoinflamación como un diagnóstico que comienza con la sospecha clínica: reconocer una inflamación que no encaja, identificar las pistas que aporta la piel, valorar los antecedentes familiares y utilizar la genética de forma integrada. Más que buscar únicamente una mutación o una fiebre periódica, el reto consiste en conectar todas esas piezas para construir un diagnóstico coherente.