El invierno somete a los complejos hospitalarios a una presión extrema y previsible.

El invierno somete a los complejos hospitalarios a una presión extrema y previsible.

Sociedades científicas

España necesita una estrategia estatal global para mejorar la prevención, el diagnóstico precoz y el abordaje de las enfermedades respiratorias

Las patologías respiratorias provocan el 13% de los decesos en España, pero carecen de una estrategia estatal unificada.

Neumólogos y cirujanos torácicos urgen al Ministerio a implantar un plan nacional que garantice la equidad, priorice la detección precoz y evite el colapso hospitalario invernal.

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Las patologías pulmonares acapararon el 12,9% de los fallecimientos en España durante el primer semestre de 2024, pero el Sistema Nacional de Salud (SNS) carece de una hoja de ruta unificada para combatirlas. Especialistas médicos, quirúrgicos y de Enfermería exigen la implantación urgente de la Estrategia Nacional de Enfermedades Respiratorias (ENER). Los expertos reclaman abandonar el actual enfoque reactivo para priorizar la prevención, el diagnóstico temprano y erradicar la desigualdad territorial que penaliza a los pacientes.

El sistema sanitario español arrastra una anomalía organizativa. La sanidad pública dispone de estrategias nacionales consolidadas para coordinar el abordaje del cáncer, la salud mental o las patologías cardiovasculares. Sin embargo, la salud respiratoria carece de un marco directivo común, pese a constituir una de las tres principales causas de muerte en el país. David de la Rosa, presidente de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), argumenta que esta situación resulta médicamente insostenible. Araceli Abad, directora de Relaciones Institucionales de SEPAR, aclara que la implantación definitiva de la ENER constituye una urgencia inaplazable debido a la elevada prevalencia de estas dolencias, su infradiagnóstico sistemático y el ingente consumo de recursos asistenciales que requieren a diario.

La epidemiología refleja la magnitud del déficit. El macroestudio poblacional EPISCAN II documentó una prevalencia de la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) del 11,8% en los ciudadanos mayores de 40 años. Los registros clínicos revelan un dato más preocupante: casi un 75% de los afectados desconoce que padece la enfermedad. Esta inmensa bolsa de pacientes ocultos sobrevive sin seguimiento facultativo hasta que la patología debuta bruscamente con una exacerbación grave que obliga al ingreso hospitalario.

El invierno somete a los complejos hospitalarios a una presión extrema y previsible. Las infecciones agudas y las descompensaciones de patologías crónicas saturan las áreas de urgencias anualmente. La temporada epidemiológica 2024-2025 registró picos de 803 casos de infección respiratoria aguda por cada 100.000 habitantes. En ese mismo periodo, el Instituto de Salud Carlos III atribuyó más de 33.000 ingresos a la gripe, cerca de 23.000 al Virus Sincitial Respiratorio (VRS) y unas 8.000 hospitalizaciones a la Covid-19. Sergio Campos, especialista en neumología y gestión, detalla que un control exhaustivo de los síntomas crónicos desde el ambulatorio evitaría gran parte de estas visitas a los hospitales. El experto recuerda que disminuir la actividad asistencial de urgencia favorece una mayor supervivencia a largo plazo y mejora la calidad de vida del enfermo.

Frenar el gasto

El actual modelo reactivo drena los presupuestos del SNS. El sistema gasta sus recursos en tratar las complicaciones severas en lugar de invertir en evitar su aparición. De la Rosa precisa que las exacerbaciones concentran la mayor parte del coste financiero de la EPOC. Una investigación española sobre pacientes con EPOC exacerbadora sometidos a triple terapia calculó un coste sanitario directo de 5.700 euros anuales por individuo. Más de 3.100 euros de esa factura correspondieron exclusivamente al manejo de las crisis graves. Esta cifra demuestra empíricamente que el consumo de recursos se dispara cuando la enfermedad alcanza fases avanzadas y descompensadas.

David Díaz Pérez, representante de la visión enfermera en la estrategia, lamenta que "la sanidad organice su respuesta alrededor de la exacerbación aguda y no sobre la trayectoria vital continua del paciente". El sistema sanitario reacciona de forma eficaz ante el episodio de urgencia, pero fracasa en la anticipación preventiva. Díaz argumenta que el envejecimiento poblacional y la multimorbilidad obligan a desterrar este modelo. Muchas descompensaciones ocurren por una evidente falta de alfabetización en salud. El paciente ingresa porque no comprende el mecanismo de su patología, utiliza incorrectamente los dispositivos inhaladores, abandona el tratamiento prescrito o ignora los signos tempranos de alarma.

Para corregir esta ineficiencia organizativa, Campos propone implementar los Planes de Acción Integral (PAI) con una cobertura continuada de 12 horas diarias, salvando el tramo nocturno, para monitorizar de cerca al paciente crónico. El neumólogo advierte que la administración pública apenas otorga publicidad a estos planes, limitando severamente su utilidad real entre los usuarios. Asimismo, aboga por extender masivamente la teleasistencia domiciliaria desde los centros de salud y los hospitales. Este modelo telemático, inspirado en la sanidad inglesa, permite a los facultativos adelantarse a la agudización respiratoria mediante la lectura remota de parámetros clínicos antes de que el enfermo requiera una cama de hospital.

Diagnóstico temprano

La medicina preventiva resulta determinante para evitar que el paciente alcance fases donde el tratamiento es puramente paliativo. El presidente de SEPAR subraya que la sociedad asume como rutinaria la medición sistemática del colesterol, la presión arterial o la glucemia, pero tolera convivir con tos crónica, expectoración y asfixia durante años sin evaluar la función pulmonar. Abad secunda esta visión y exige universalizar la prueba de la espirometría en todos los centros de Atención Primaria para asegurar el diagnóstico precoz y la búsqueda activa en pacientes con síntomas o factores de riesgo de asma y EPOC, acompañando esta medida de planes robustos de educación sanitaria.

El abordaje del cáncer de pulmón evidencia la crudeza clínica del diagnóstico tardío. Juan Carlos Trujillo, cirujano torácico implicado en el proyecto CASSANDRA, sentencia que la especialidad no puede sentarse a esperar a que el tumor manifieste síntomas clínicos evidentes. Las estimaciones de la Sociedad Española de Oncología Médica calculan 34.506 nuevos casos de esta neoplasia en España para 2025. La supervivencia a cinco años supera el 90% si los especialistas detectan el carcinoma en el estadio IA. Esa misma cifra se desploma por debajo del 10% cuando el hallazgo ocurre en el estadio IV.

Trujillo defiende la instauración inmediata de programas estructurados de cribado poblacional. El proyecto CASSANDRA promueve el uso de la tomografía axial computarizada (TAC) de baja radiación para evaluar a los ciudadanos identificados como de alto riesgo. El cirujano matiza que el cribado exige una organización asistencial milimétrica, no una simple prueba radiológica aislada. El programa debe incluir protocolos radiológicos de alta calidad, estadificación precisa, decisión terapéutica inmediata y planes de deshabituación tabáquica. Abad apoya esta intervención estructural y subraya que el cribado resulta una medida coste-efectiva, cuenta con respaldo científico internacional y garantiza la equidad de acceso para toda la población.

Derribar muros

La complejidad del enfermo crónico choca frontalmente con un organigrama hospitalario excesivamente fragmentado. Las enfermedades pulmonares no respetan las líneas divisorias entre las especialidades médicas ni los niveles asistenciales. El paciente requiere el apoyo de atención primaria, neumología, rehabilitación, alergología, farmacia, psicología y servicios sociales en distintas fases de su evolución clínica. Díaz advierte que coordinar no significa derivar mecánicamente al paciente de un despacho a otro, sino compartir responsabilidades reales para evitar que el enfermo se pierda en el laberinto burocrático.

Campos identifica la incomunicación institucional como una barrera crítica. El gestor lamenta la ausencia de un canal telefónico ágil y directo entre los médicos de familia y los especialistas del hospital. Esta desconexión retrasa sistemáticamente la actuación preventiva sobre los pacientes. El neumólogo exige destinar personal médico y de Enfermería cualificado en exclusiva a estas labores de continuidad asistencial, dotándoles de medios técnicos modernos para desplazamientos y equipos de monitorización portátil.

La cirugía torácica también exige su integración precoz en el proceso diagnóstico. Trujillo precisa que la decisión de operar, aplicar radioterapia o administrar tratamiento sistémico debe acordarse de forma conjunta en un comité multidisciplinar desde el primer minuto. La tecnología redefine actualmente el quirófano mediante la cirugía robótica, las reconstrucciones tridimensionales y la inteligencia artificial. El cirujano sentencia que el verdadero éxito asistencial no radica en poseer la máquina más cara del mercado, sino en conseguir que esa innovación mejore las expectativas de supervivencia real y acelere la recuperación funcional del paciente intervenido.

El pilar enfermero

La figura de la enfermera asume un rol vertebrador e insustituible en la nueva estrategia nacional. Díaz detalla que la ENER debe reconocer explícitamente y fortalecer el papel de las enfermeras respiratorias, las enfermeras de práctica avanzada y las gestoras de casos. Estos profesionales identifican precozmente a las personas frágiles, coordinan las transiciones críticas tras el alta hospitalaria, verifican la adherencia terapéutica en el domicilio y movilizan los apoyos sociales pertinentes.

El enfermero recuerda que ninguna exacerbación ni alta hospitalaria debería cerrarse sin revisar minuciosamente la técnica de inhalación del paciente. La extensa labor enfermera incluye la educación terapéutica, el seguimiento estrecho de la oxigenoterapia y la ventilación mecánica domiciliaria, el soporte activo para abandonar el tabaquismo y el contacto continuo con el ambulatorio. Díaz subraya que la asunción plena de estas competencias requiere un mayor tiempo de consulta, formación oficial acreditada, herramientas de interoperabilidad informática y una dotación de plantillas suficiente. Abad añade que el personal de Enfermería de los centros de salud resulta vital para revisar las necesidades de vacunación y ejecutar pruebas funcionales de calidad.

La estrategia también debe actualizar urgentemente las normativas asistenciales que han quedado obsoletas. Abad advierte que el documento rector de las Terapias Respiratorias Domiciliarias (TRD) lleva más de veinte años sin renovarse formalmente a instancias del Ministerio de Sanidad. La directora institucional propone diseñar planes de contingencia para consolidar verdaderos "refugios energéticos" en los centros sanitarios, con el fin de proteger a los pacientes electrodependientes frente a eventuales apagones o cortes de suministro. Además, todos los especialistas coinciden en la necesidad imperiosa de aplicar políticas restrictivas sobre el consumo de tabaco y el uso de nuevos dispositivos de vapeo, así como controlar la contaminación atmosférica en las grandes ciudades.

La lotería territorial

El código postal determina habitualmente el destino clínico del paciente respiratorio. La descentralización del sistema sanitario español genera diferencias injustificables en la calidad de la atención prestada. El estudio epidemiológico EPISCAN II demostró con datos que la prevalencia de la EPOC varía hasta 2,4 veces dependiendo de la región analizada. Trujillo condena sin reservas esta desigualdad territorial. El cirujano torácico sentencia que el lugar de residencia de un ciudadano jamás debe condicionar sus posibilidades de acceder a un programa de cribado oncológico, a una técnica quirúrgica mínimamente invasiva o a un fármaco de precisión.

Díaz coincide plenamente en este diagnóstico operativo. El representante de la disciplina enfermera observa una enorme variabilidad autonómica en la disponibilidad de consultas específicas, gestores de casos y programas de seguimiento domiciliario. Para blindar la equidad asistencial, Díaz exige al Ministerio de Sanidad y a los consejeros autonómicos pactar una cartera mínima de servicios común y un panel de indicadores estandarizados. Las regiones mantendrían su margen legal de autoorganización, pero sin rebajar bajo ningún concepto los estándares clínicos pactados a nivel estatal.

La burocracia amenaza el despliegue efectivo del proyecto. Abad asume por experiencia que las trabas administrativas retrasan habitualmente las iniciativas médicas de gran calado. Campos suma a la larga lista de obstáculos la dificultad política para deslindar las competencias exactas entre las distintas administraciones y la indefinición sobre quién debe asumir la formación continuada del personal. El gestor insiste en la necesidad de aclarar las vías de financiación económica para estas nuevas actividades asistenciales. De la Rosa advierte que la ENER debe concebirse como una política de Estado inamovible que trascienda los ciclos electorales y los vaivenes gubernamentales. Una estrategia de papel sin presupuestos vinculados a objetivos, responsables identificados y mecanismos rigurosos de medición terminará convertida en una oportunidad perdida para el país.

Un cambio cultural

La implantación definitiva de la ENER persigue reconfigurar por completo la relación del ciudadano con sus pulmones. El ahorro económico del sistema derivará de una mejor gestión clínica, nunca de recortar servicios necesarios. Díaz precisa que la sostenibilidad financiera de la sanidad no exige prestar menos cuidados a la población, sino proporcionarlos antes, con mayor calidad y en el entorno adecuado. Invertir recursos en rehabilitación, potenciar la Atención Primaria y financiar el control telemático domiciliario evitará episodios agudos de altísimo coste y despejará significativamente las plantas de hospitalización.

Los expertos coinciden unánimemente en que la estrategia debe medir su éxito mediante parámetros reales y transparentes. Las administraciones deberán demostrar con cifras reducciones tangibles en las tasas de infradiagnóstico, descensos sostenidos en los reingresos a treinta días, recuperación de la funcionalidad del enfermo y mejoras sustanciales en la experiencia comunicada por el propio paciente y sus cuidadores. Si el sistema logra integrar la prevención de factores de riesgo y la anticipación terapéutica como pilares estructurales innegociables, los recursos tecnológicos más complejos quedarán reservados exclusivamente para quienes enfrenten situaciones clínicas críticas. "La ENER debe conseguir que dentro de diez años dejemos de considerar normal llegar tarde a la enfermedad respiratoria", concluye De la Rosa.