Sonia de Pascual-Teresa, investigadora del CSIC.

Sonia de Pascual-Teresa, investigadora del CSIC. / Imagen de ICTAN –CSIC

Medicina

Los fármacos también arrastran sesgo de género: "La biodisponibilidad se ve afectada por las hormonas"

Sonia de Pascual-Teresa, investigadora del CSIC, señala que muchas recomendaciones actuales se apoyan en estudios realizados hace décadas, cuando la participación femenina era menor, dificultando a la vez el diagnóstico de enfermedades cardiovasculares, neurológicas y psiquiátricas

Publicada

El caso del informe de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aesan), que utilizó para algunas recomendaciones datos cuya evidencia de origen procedía de estudios realizados en hombres, pone de manifiesto un problema mucho más amplio: la falta histórica de datos específicos sobre las mujeres en la investigación sanitaria. Así, Sonia de Pascual-Teresa, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), advierte en Redacción Médica que esta carencia puede afectar a ámbitos tan diversos como la Nutrición, la biodisponibilidad de los medicamentos o el diagnóstico de enfermedades.

Además, recuerda que muchas de las recomendaciones y tratamientos que se dan por sentados proceden de investigaciones realizadas hace décadas, cuando la participación de las mujeres era mucho menor, sobre todo en las recomendaciones nutricionales. "Como se daba por sentado que eran unas recomendaciones las que tenía que haber, porque ya se habían hecho estudios en hombres, pues no se ha seguido investigando en ese sentido", explica. Lo que supone que "no se tiene en cuenta el 50 por ciento de la población".

A su juicio, ahora la polémica ha permitido comprobar que la falta de datos en mujeres "es mayor de lo que se pensaba". Por eso, considera necesario generar evidencia específica tanto para mujeres como para hombres y tener en cuenta también las diferentes etapas de la vida. "La edad va a tener una influencia en nuestras necesidades y no hay estudios que lo sustenten", apunta.

De la Nutrición a los medicamentos

El problema, según la investigadora, no termina en los nutrientes. La misma lógica puede afectar a medicamentos que llevan décadas en el mercado y cuya biodisponibilidad -la cantidad y velocidad con la que un fármaco llega a la circulación y queda disponible para actuar- pudo estudiarse originalmente sin una representación adecuada de mujeres.

"La biodisponibilidad se puede ver afectada por los niveles hormonales en muchos casos", asegura, ya que la influencia de las hormonas a lo largo del ciclo menstrual y los cambios hormonales que se producen durante la vida de una mujer pueden modificar la respuesta del organismo a determinados fármacos y nutrientes.

Esto no significa necesariamente que los medicamentos actualmente utilizados sean inseguros, matiza, sino que puede existir margen para optimizar las dosis de ciertos tratamientos "para saber cómo afecta a las distintas etapas de la vida y a los distintos sexos".

Enfermedades que pueden manifestarse de forma diferente

Las consecuencias pueden llegar también al diagnóstico. Existen patologías cuyos indicadores o manifestaciones no son iguales en hombres y mujeres. Menciona especialmente los ámbitos neurológico, psiquiátrico y cardiovascular, donde las diferencias en la presentación de determinadas patologías pueden contribuir a que una enfermedad no se identifique de la misma manera en ambos sexos.

El autismo es otro ejemplo que pone sobre la mesa. De Pascual-Teresa recuerda que durante años se ha constatado que las mujeres y las niñas podían quedar infradiagnosticadas porque la forma en que se manifiesta la condición no siempre coincide con el patrón que había servido para establecer los criterios diagnósticos.

¿Por qué es más fácil estudiar a los hombres?

Una de las razones históricas que influyen en los criterios de investigación tiene que ver precisamente con la variabilidad biológica, mucho "menor" en hombres. Eso significa que, para obtener un resultado estadísticamente significativo, un estudio puede necesitar un tamaño de muestra menor. En cambio, los niveles hormonales de las mujeres cambian continuamente, lo que puede aumentar la variabilidad de determinadas medidas.

En términos estadísticos, el tamaño de la muestra depende, entre otros factores, de la variabilidad del parámetro que se quiere medir. Si esta es mayor, se necesitan más participantes para obtener resultados suficientemente precisos.

De Pascual-Teresa subraya, sin embargo, que este argumento pertenece sobre todo al pasado. "Hoy en día no se plantea un estudio solo en hombres", afirma. En Europa y América, sostiene, las exigencias actuales hacen inviable diseñar un estudio clínico exclusivamente masculino. Así, el problema se encuentra especialmente en los conocimientos que se construyeron antes de que estas exigencias estuvieran generalizadas

No basta con incluir mujeres: también hay que analizar los datos

La representación no es el único problema. Incluso cuando un estudio incluye a miles de participantes de ambos sexos, los investigadores pueden no analizar posteriormente si existen diferencias entre hombres y mujeres. "Para poder hacerlo separadamente, lo primero que hay que tener es la población", explica. Es decir, debe haber suficientes participantes de cada sexo para que la comparación tenga capacidad estadística.

Pero también hace falta planear esa comparación. La investigadora cuenta que en ocasiones, al preguntar a otros científicos si habían analizado las diferencias entre hombres y mujeres en estudios con miles de participantes, la respuesta ha sido "no me lo ha planteado".

Por eso, cree que debería prestarse más atención a este aspecto a la hora de revisar los resultados de una investigación. No se trata únicamente de conseguir una representación equilibrada, sino de comprobar si el sexo modifica los resultados.

Pese a esto, la investigadora considera que el panorama actual es diferente al de décadas anteriores. En España y Europa, asegura, tanto los organismos que financian investigación como las revistas científicas de alto impacto exigen cada vez más que los estudios tengan en cuenta ambos sexos.

Para la investigadora, uno de los primeros pasos para corregir el problema es hacerlo visible. "No es que la gente tenga nada en contra ni se haga de manera. Es que a veces no nos damos cuenta de lo que estamos haciendo mal", sostiene. La solución pasa, entonces, por generar la evidencia que falta y por financiarla. "No hay estudios en mujeres en muchos casos y hay que hacerlos. Para eso hay que financiar la investigación", concluye.