Paula, aeromédica, en una de sus misiones

Paula, aeromédica, en una de sus misiones

Medicina

La médica que escapó del burnout ejerciendo en el aire: "Fue mi salvación"

Tras sufrir un episodio de agotamiento profesional en uno de sus primeros trabajos en España, Paula encontró una segunda oportunidad para reconciliarse con la Medicina y consigo misma

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Cuba, Bulgaria, Escocia... No todo el mundo tiene la oportunidad de viajar, y mucho menos de hacerlo gracias a su trabajo. Pero Paula forma parte de ese reducido grupo de personas que ha conseguido convertir su profesión en un pasaporte para descubrir el mundo. Es aeromédica, pero también trabaja en un hospital público en Barcelona. "Fue un poco mi salvación. Me hizo darme cuenta de que la Medicina sí me gusta. Lo que no me gustaba eran las condiciones en las que estaba trabajando", reconoce a Redacción Médica.

La argentina se refiere a uno de los primeros empleos que consiguió nada más llegar a España. Jornadas interminables, guardias, fines de semana y una rutina en la que apenas había espacio para la vida fuera del hospital acabaron pasándole factura. "Era hacer el mismo camino para ir a trabajar y ya me entraba la ansiedad", recuerda. Aquel episodio, que ella califica como "de agotamiento profesional" la llevó a renunciar y replantearse, por segunda vez, su futuro.

La vocación de Paula por la Medicina nació en Argentina

Su historia en el mundo de la Medicina empezó al otro lado del Atlántico, en Argentina. La gente siempre se sorprendía de que hubiera elegido esta profesión, ya que nadie de su familia se la había inculcado. "Nació un poco de la necesidad de cuidar al otro, que siempre es lo que más me caracterizó como persona", señala.

Años más tarde, estudió Medicina y realizó la residencia en el Hospital Privado de Córdoba, uno de los centros de referencia del país. Allí se formó durante cuatro años antes de ejercer un año más como médica. "Me formé en un hospital con muchísima complejidad de pacientes", recuerda, una etapa que le permitió adquirir la experiencia con la que, tiempo después, daría el salto a España.

Atraída por los relatos de sus abuelos, ambos nacidos en España, Paula siempre había soñado con cruzar el charco. Sin haber pisado nunca el país, preparó la homologación de su título, su 'valija' de 23 kilos y aterrizó en Barcelona con un objetivo claro: "Yo vine a España para formarme un poco más".

"Nació un poco de la necesidad de cuidar al otro, que siempre es lo que más me caracterizó como persona"

Paula pasó de cumplir su sueño a llegar a un burnout

Sin embargo, ese nuevo comienzo y el sueño de ser médica comenzó a disiparse entre jornadas maratonianas de trabajo. "Perdí el motivo por el que había venido, solo trabajaba y trabajaba", relata. Nada más llegar, en el 2023, entró en un hospital privado. Su rutina era prácticamente invariable. Encadenaba guardias de doce horas, a las que se sumaban hasta hora y media de trayecto para volver a casa. "Me bañaba, comía, me iba a dormir y, a las seis horas, me tenían que despertar para volver a ir", detalla. Le tocaba también trabajar durante muchos festivos y fines de semana.

Paula sentía que estaba entrando en un bucle, donde la falta de descanso y de vida personal terminó por aislarla. "Había dejado de tener ese sostén y esa posibilidad de desconectar con mis amigos y con mi familia. Ahí fue cuando tuve ese gran bajón", explica. Según cuenta, la situación no era un caso aislado. "Es un centro que tiene mucho recambio de médicos justamente por eso", afirma la médica, que asegura que acabó por "naturalizarlo".

Casi dos años intento aguantar el ritmo. Incluso rechazó coger una baja porque estaba convencida de que podía soportarlo. "Todo el mundo me decía que me pidiera unos días, pero yo solo pensaba que sí que podía hacer mi trabajo", recuerda. Pero el desgaste físico y mental acabó pasándole factura y, tras un largo fin de semana de guardias y trabajo, la médica terminó colapsando. "Recuerdo llegar a mi casa llorando y colapsada", lamenta. Aquella noche entendió que no podía seguir así, sentía que la estaba cambiando incluso a sí misma.

"Volví a Argentina para las fiestas, desconecté un poco y, cuando regresé a España, empecé a buscar trabajo", señala. Renunciar a un contrato indefinido, para ella inimaginable, se acabó convirtiendo en la mejor decisión de su carrera.

"Todo el mundo me decía que me pidiera unos días, pero yo solo pensaba que sí que podía hacer mi trabajo"

Perder la vocación por Medicina

En ese momento apareció una oportunidad que, si bien Paula nunca se había planteado, le abrió todo un mundo de posibilidades dentro de la Medicina. Una antigua compañera, que conocía bien su forma de trabajar en Urgencias, le propuso incorporarse a un proyecto de Aeromedicina. Para ello tuvo que especializarse con dos másteres y, desde hace dos años, compagina esta labor con otro trabajo en un hospital público de Barcelona. "Fue un poco mi salvación. Me hizo darme cuenta de que la Medicina sí me gusta. Lo que no me gustaba eran las condiciones en las que estaba trabajando", reconoce.

Su día a día consiste en trasladar pacientes entre hospitales, ciudades e incluso países en helicópteros, aviones ambulancia o vuelos comerciales medicalizados. "Los aviones ambulancia son para pacientes muy críticos, como si tuvieses una UCI en el aire", explica. Sin embargo, más allá del conocimiento médico, asegura que este trabajo exige "una alta capacidad de adaptación", ya que "la mayoría de las veces las cosas logísticas que estaban organizadas no salen". En estos dos años ha hecho misiones en Cuba, Bulgaria, Escocia o Estados Unidos.

Imagen de Paula durante un vuelo comercial.

Imagen de Paula durante un vuelo comercial.

Lo que más disfruta, sin embargo, no son los viajes, sino el contacto con los pacientes. Muchos llegan asustados, lejos de casa y sin hablar el idioma del país en el que están ingresados. "Eres un poco ese nexo con la tranquilidad. Poder explicarles lo que está pasando, acompañarlos y, sobre todo, llevarlos de vuelta a su casa es mi parte favorita", comenta sonriendo. Recuerda misiones como la de un hombre cubano que sufrió un ictus. "Fue al centro de salud y no tenían para medirle la tensión ni la glucosa", continúa. Cuando recibió el alta, los médicos le indicaron que debía tomar dos medicamentos, pero le advirtieron de que tendría que buscarlos por su cuenta. "Tuvo que entrar a un mercado negro de Facebook para conseguir la medicación", detalla.

"Los aviones ambulancia son para pacientes muy críticos, como si tuvieses una UCI en el aire"

Recuperar la vida más allá del hospital

El cambio de rumbo también ha transformado su vida personal. Paula decidió reducir su jornada en el hospital para seguir vinculada a las Urgencias, pero sin volver a caer en el ritmo que la llevó al burnout. "Antes no podía hacer actividad física, no podía ver a mis amigas. Vivía por y para el trabajo", recuerda. Ahora, en cambio, ha recuperado el tiempo para sí misma y ha vuelto a encontrar el equilibrio entre una profesión "que llena" y su vida personal.

Paula también ha retomado uno de los motivos que la llevaron a emigrar a España: seguir formándose. Actualmente cursa un máster en Medicina Hiperbárica con la intención de incorporarse en el futuro a la unidad de esta especialidad de su hospital y seguir ampliando su trayectoria profesional.

Con la tranquilidad de sentir que la decisión fue la correcta, la médica ha recuperado la ilusión en el futuro. Compagina las Urgencias con la Aeromedicina, mantiene abiertos nuevos retos profesionales y, sobre todo, tiene claro que no quiere volver a renunciar a su vida fuera del hospital. "Vamos a priorizar lo que yo quiero", se repite una y otra vez ahora, convencida de que cuidar de los demás también implica aprender a cuidarse a sí misma.