Verónica Casado, presidenta de AMFE.
Familia reclama un peso de hasta 60 créditos en el grado de Medicina
El 65% de las competencias adquiridas en el grado coinciden con las de la especialidad
La Academia de Medicina Familiar y Comunitaria de España (AMFE-Semfyc) ha dado un paso más en su propuesta para reforzar el peso de la Atención Primaria en las facultades de Medicina. Más allá de reivindicaciones ya conocidas, como una asignatura específica de la especialidad o el refuerzo de las prácticas en centros de salud, el nuevo documento pone el foco en el modelo competencial del grado y plantea que la especialidad tenga un peso de hasta 60 créditos (ECTS) y que esa asignatura propia tenga un peso de 12 ECTS.
"El análisis competencial es revelador: el 65 por ciento de lo que un médico debe saber hacer al graduarse coincide con el programa oficial de la especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria", explica a Redacción Médica Verónica Casado, presidenta de AMFE y una de las impulsoras de la propuesta. Por lo tanto, defiende que "la formación de grado debe alinearse con las necesidades sociales y con la figura del médico generalista, no con una especialización prematura".
Hasta 60 créditos con participación de la Medicina de Familia
Y es que uno de los aspectos más novedosos del documento es la propuesta de que la Medicina de Familia participe en la docencia de hasta 60 ECTS del grado. Casado aclara que esa cifra no supone crear nuevas materias o ampliar la carga lectiva, sino aprovechar la elevada coincidencia entre las competencias del grado y las de la especialidad para impulsar fórmulas de docencia compartida.
"Se pueden implementar algunas recomendaciones sin necesidad de modificar los planes de estudio, mediante propuestas colaborativas de co-docencia", explica. Así, un especialista en Medicina de Familia podría participar en asignaturas como Cardiología para abordar aspectos relacionados con la prevención, el diagnóstico inicial en Atención Primaria, el seguimiento domiciliario o la conciliación terapéutica.
La propuesta contempla igualmente la participación de médicos de Familia en materias como Pediatría, Ginecología, Psiquiatría, Farmacología, Medicina Preventiva o Gestión Sanitaria. "La presencia transversal y continuada actúa como el verdadero motor del cambio cultural", sostiene Casado.
Una asignatura obligatoria de 12 créditos
Otra de las medidas concretas de la propuesta es la implantación de una asignatura obligatoria específica de Familia con un horizonte de 12 créditos en todas las facultades de Medicina. Para Casado, esa carga docente permitiría situar la especialidad en un nivel similar al de otras disciplinas clínicas consideradas nucleares.
"Los 12 ECTS se consideran la carga mínima y adecuada para equiparar a la Medicina de Familia, o al menos acercarse, al resto de grandes disciplinas médicas como Cirugía", explica. La propuesta pretende dejar atrás el modelo actual, en el que muchas facultades ofrecen asignaturas de tres o cuatro créditos o incluso contenidos optativos. "Permite romper con el modelo de asignaturas testimoniales y con el reduccionismo del modelo exclusivamente biomédico", sostiene.
El contenido de la materia iría más allá del estudio de enfermedades concretas e incluiría razonamiento clínico, entrevista médica, comunicación avanzada, ética, prevención, atención a pacientes crónicos, promoción de la salud, trabajo con familias y comunidades y gestión de la incertidumbre clínica. El objetivo, resume Casado, es "formar médicos capaces de ofrecer una atención humana y técnica, equilibrando la excelencia clínica con la responsabilidad social y el conocimiento profundo del entorno del paciente".
Prácticas desde primero hasta sexto
La propuesta no se limita a crear una asignatura específica. La AMFE plantea también un modelo de prácticas clínicas tuteladas longitudinales que acompañe al estudiante durante toda la carrera. La recomendación contempla un mínimo de 20 ECTS distribuidos entre primero y sexto curso y culminados con un rotatorio final de al menos ocho créditos en un centro de salud, donde el estudiante atienda consultas, urgencias y atención domiciliaria bajo supervisión.
Según Casado, este modelo responde a la evidencia científica que demuestra el impacto positivo del contacto temprano con la Atención Primaria. "Las prácticas clínicas son esenciales para aprender a ser médicos", afirma.
A diferencia de las rotaciones concentradas únicamente al final del grado, la formación longitudinal permite seguir la evolución de pacientes crónicos durante años, comprender la historia natural de las enfermedades y desarrollar progresivamente competencias clínicas, comunicativas y éticas.
También favorece la denominada "socialización profesional", es decir, la incorporación paulatina de los valores propios de la profesión médica y de la relación continuada con el paciente.
Asignatura y transversalidad, no una elección
La especialista rechaza que exista una dicotomía entre disponer de una asignatura propia y reforzar la presencia transversal de la Medicina de Familia en el resto del currículo. "Ambas cosas son altamente recomendables", afirma.
Mientras la asignatura desarrolla los aspectos específicos de la disciplina, la presencia continuada en otras materias permite incorporar el enfoque biopsicosocial y el método clínico centrado en la persona a toda la formación médica. "Una asignatura de 12 ECTS junto con la presencia continuada consolida las competencias de forma acumulativa y garantiza que ese enfoque impregne toda la práctica médica del estudiante", resume.
El reto del profesorado y del consenso
La implantación de esta reforma, sin embargo, no está exenta de dificultades. Casado identifica tres grandes retos: disponer de profesorado permanente acreditado, reorganizar los planes de estudio y alcanzar acuerdos con el resto de áreas de conocimiento.
En su opinión, el principal obstáculo continúa siendo el consenso académico. "Integrar 60 ECTS transversales y una asignatura específica de 12 ECTS implica que otras especialidades tradicionales cedan espacios docentes, compartan programas o modifiquen dinámicas largamente asentadas", reconoce.
Sin embargo, es cierto que destaca la evolución experimentada por la Medicina de Familia en la universidad durante la última década. Si en 2015 solo existían cuatro profesores titulares de la especialidad en España, actualmente hay más de cuarenta docentes permanentes vinculados a las facultades de Medicina, entre ellos siete catedráticos, una catedrática, veinte profesores titulares y doce profesores permanentes laborales.
Aun así, considera imprescindible que todas las facultades cuenten al menos con un profesor permanente especialista en Medicina de Familia, apoyado por una red sólida de profesores asociados clínicos.
La ECOE, una herramienta clave, pero no la única
La propuesta pone el acento en la evaluación por competencias, aunque sin establecer un modelo único de evaluación. En este contexto, Casado reivindica el papel de la Examen Clínico Objetivo Estructurado (ECOE) una metodología ampliamente implantada en las facultades españolas: "Es un magnífico método para evaluar todas las asignaturas y disciplinas, no solo las prácticas tuteladas del último curso".
Recuerda además que fue la propia Conferencia Nacional de Decanos de Facultades de Medicina la que acordó implantar esta prueba en todas las universidades españolas como mecanismo para acreditar las competencias clínicas del egresado.
Sin embargo, subraya que la ECOE forma parte de un conjunto mucho más amplio de herramientas evaluativas. "La Medicina de Familia ha incorporado numerosas innovaciones docentes y evaluativas", explica, citando simulaciones clínicas, observación directa de procedimientos (DOPS), Mini-CEX, portafolios, evaluaciones 360 grados, Script Concordance Test, gamificación, aula inversa e Inteligencia Artificial.
Para Casado, el objetivo no es limitar la evaluación a un único instrumento, sino acreditar competencias que un examen tipo test difícilmente puede valorar, como la comunicación con el paciente, el razonamiento clínico, la exploración física, la ética profesional o las habilidades para la promoción de la salud.
Con esta propuesta, la AMFE-Semfyc aspira a impulsar un cambio profundo en la formación médica universitaria y situar la Atención Primaria en el lugar que, a juicio de los autores del documento, le corresponde dentro del grado. "Formar médicos de base competentes en la complejidad del ser humano es el camino para construir una base sólida sobre la cual edificar cualquier especialidad posterior", concluye Casado.