Alejandro Valcuende (SEGG) y Francisco José Sáez (SEMG).

Alejandro Valcuende (SEGG) y Francisco José Sáez (SEMG).

Medicina

Revisión periódica y mayor coordinación asistencial para controlar una polimedicación precoz

Expertos en Geriatría y Atención Primaria analizan la acumulación de tratamientos farmacológicos cada vez mayor en pacientes de mediana edad

Publicada

La polimedicación ha dejado de ser un fenómeno exclusivo de las personas mayores. Cada vez son más los pacientes de mediana edad que conviven con varios tratamientos farmacológicos de forma simultánea, una realidad estrechamente ligada al aumento de las enfermedades crónicas y a la mayor supervivencia de patologías que hace apenas unas décadas tenían peor pronóstico. Sin embargo, los expertos advierten de que el verdadero reto no pasa por reducir el número de medicamentos, sino por garantizar que cada uno de ellos siga siendo necesario y revisar periódicamente su utilidad para evitar riesgos asociados a tratamientos prolongados.

"Cada vez observamos con mayor frecuencia pacientes de mediana edad que reciben múltiples tratamientos de forma crónica. Este fenómeno está estrechamente relacionado con el aumento de la multimorbilidad", explica Alejandro Valcuende, coordinador del Grupo de Trabajo de Polifarmacia de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) en una entrevista con Redacción Médica.

El especialista señala que la coexistencia de varias enfermedades crónicas aparece "cada vez antes" debido a factores como el envejecimiento de la población, la mayor supervivencia de pacientes cardiovasculares y oncológicos, el incremento de la obesidad y la diabetes o el aumento de los trastornos de salud mental. A ello se suma, añade, el inicio precoz de tratamientos para controlar factores de riesgo como la hipertensión, la dislipemia o la diabetes. "Esto supone un importante beneficio clínico, pero también implica que muchos pacientes acumulen tratamientos durante varias décadas", subraya.

No toda polimedicación es un problema

Los expertos coinciden en que el debate no debe centrarse en el número de medicamentos, sino en la adecuación de los mismos. Valcuende distingue entre una "polimedicación apropiada", sustentada en la evidencia científica para controlar varias patologías, y una "polimedicación inapropiada", cuando existen duplicidades, tratamientos sin indicación vigente o fármacos cuyo balance beneficio-riesgo ha cambiado con el tiempo. "El reto no es reducir el número de medicamentos, sino garantizar que cada uno de ellos siga siendo necesario", resume.

En la misma línea, Francisco José Sáez, responsable del Grupo de Cronicidad de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), considera que uno de los principales desafíos se encuentra en el seguimiento de estos pacientes desde Atención Primaria, especialmente cuando parte del tratamiento ha sido pautado en el ámbito hospitalario. En algunas comunidades autónomas existe la posibilidad de modificar esos tratamientos de manera directa, pero en otras no. Eso genera problemas y dificultades tanto para los profesionales como para los propios pacientes", explica en declaraciones a este medio.

“El reto es garantizar que cada medicamento siga siendo necesario”

Mantener múltiples tratamientos durante años incrementa la complejidad asistencial y también los riesgos clínicos. Según Valcuende, "el riesgo asociado al tratamiento no aumenta de forma lineal, sino conforme aumenta la complejidad terapéutica". Los pacientes polimedicados presentan una mayor probabilidad de sufrir "interacciones farmacológicas, efectos adversos, errores de medicación y problemas de adherencia", especialmente cuando los tratamientos no se revisan periódicamente.

Además, advierte de que algunos medicamentos pueden dejar de aportar un beneficio claro con el paso del tiempo mientras continúan exponiendo al paciente a posibles complicaciones. El coordinador de la SEGG recuerda, además, que la Organización Mundial de la Salud ha situado la seguridad en la polimedicación entre las prioridades de su iniciativa Medication Without Harm. En este sentido, destaca que diferentes investigaciones han asociado una elevada carga farmacológica con "peor recuperación funcional, más reingresos y una mayor mortalidad a largo plazo" en pacientes geriátricos, lo que evidencia la importancia de revisar los tratamientos de forma continuada.

Por ello, defiende que la deprescripción debe integrarse como una herramienta habitual en la práctica clínica. "No consiste en retirar medicamentos por sistema, sino en revisar periódicamente si cada tratamiento continúa aportando un beneficio real para ese paciente", afirma.

Atención Primaria reclama mayor coordinación

Desde la Atención Primaria, Sáez pone el foco en las dificultades organizativas que complican el seguimiento farmacológico. Uno de los problemas más frecuentes, explica, aparece cuando un paciente necesita modificar o renovar tratamientos prescritos inicialmente en el hospital. "En algunas comunidades autónomas no existe esa posibilidad y el paciente acaba teniendo que volver a Atención Primaria para realizar trámites administrativos que podrían resolverse de otra manera", lamenta. Esta situación cobra especial relevancia durante los periodos vacacionales, cuando muchos pacientes necesitan adelantar la dispensación de su medicación para viajar.

Ambos especialistas coinciden en que la prevención de la polimedicación inapropiada requiere una mayor coordinación entre todos los niveles asistenciales. Para Valcuende, la Atención Primaria debe liderar la revisión periódica de la medicación gracias a su conocimiento longitudinal del paciente, mientras que la farmacia clínica aporta un valor añadido mediante la detección de interacciones, duplicidades y medicamentos potencialmente inapropiados.

Por último, destacan también el papel de la farmacia en primera fase, tanto en los que tiene que ver con la educación sanitaria como con el seguimiento de la adherencia terapéutica. Sáez comparte esa necesidad de reforzar la colaboración entre médicos y farmacéuticos comunitarios. "Lo lógico sería que desde la farmacia se pudiera hablar directamente con el médico de familia para dar continuidad al tratamiento y resolver incidencias sin que todo recaiga sobre el paciente", sostiene. En su opinión, esa comunicación sigue siendo insuficiente en buena parte del territorio, pese a que permitiría agilizar la atención y garantizar un uso más seguro de los medicamentos.