Ana de Lorenzo, Servicio de Farmacia del Hospital Gregorio Marañón.

Ana de Lorenzo, Servicio de Farmacia del Hospital Gregorio Marañón. Hospital General Universitario Gregorio Marañón.

Farmacia

La Farmacia Hospitalaria entra en casa: 30 minutos para blindar la seguridad del paciente crónico

El proyecto pionero de la Comunidad de Madrid cuenta con 72 pacientes con hospitalización a domicilio

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Treinta minutos por visita. Dos o tres visitas a la semana. Así es como se organiza la Farmacia Hospitalaria del Hospital Gregorio Marañón como parte de un proyecto piloto que agrupa a 72 pacientes con hospitalización a domicilio y que, desde ahora, reciben atención farmacéutica en casa. Una iniciativa pionera anunciada por la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid el pasado mes de septiembre, que permite que los pacientes obtengan sus medicamentos y productos sanitarios dispensados desde los servicios hospitalarios.

Ana de Lorenzo, farmacéutica adjunta del Gregorio Marañón, es precisamente una de las dos profesionales que participan de este nuevo modelo dentro del hospital y que ha ayudado a su coordinación. "Los pacientes que seleccionamos son crónicos complejos que, además, reciben medicamentos de alto riesgo como pueden ser anticoagulantes, insulina, opioides", explica a Redacción Médica.

Visitas en el día a día

Las visitas no se dan de manera aleatoria, se determinan tras un consenso que incluye al equipo médico y enfermero por ser estos profesionales los que conocen mejor la situación clínica de cada paciente. "La jornada realmente comienza antes de salir del hospital porque revisamos la historia clínica, el tratamiento completo y posibles intervenciones que, a priori, pensamos que pueden ser necesarias", detalla.

Una vez que disponen de toda la información, contactan con el paciente para organizar la visita y presentarse. "Cuando llegamos, dedicamos más o menos unos 30 minutos por paciente. Esto puede variar porque hay algunos que tienen más necesidades que otros, pero es el promedio", indica. Esos minutos les sirven para conocer el manejo de la medicación, la administración y cualquier dificultad que puedan tener, como duplicidades o posibles errores en el almacenaje de los fármacos. "Nos ofrecemos también a llevarnos medicamentos caducados o innecesarios", añade la farmacéutica hospitalaria.

A esto se suma la formación a los pacientes para que "puedan ser autónomos una vez que ya no estemos", es decir, darles las pautas para que continúen con el tratamiento de la manera más adecuada y precisa. "Una parte muy importante es escuchar al paciente y a sus cuidadores, resolviendo sus dudas y ofreciendo las recomendaciones adaptadas a sus necesidades", subraya a este periódico.

Respuesta de los pacientes al programa

Precisamente, esa cercanía que otorga ser atendidos en el entorno domiciliario ha permitido que, según cuenta Ana, los pacientes se sientan más cómodos y enseñen directamente su organización con la medicación. "Esto facilita una conversación más personal y nos permite conocer los aspectos que no siempre aparecen durante una consulta hospitalaria", destaca.

Pero el proceso continúa. Recogida la información en los domicilios se comparte con el equipo médico y enfermero la propuesta de intervención farmacéutica que se considera oportuna. "No solamente se trata de ir a revisar medicamentos, sino a conocer al paciente en su entorno y ayudarle a manejar su tratamiento de una forma más segura y autónoma", insiste la profesional, un seguimiento que luego puede complementarse con llamadas telefónicas sucesivas para asegurarse que los pacientes ponen en práctica las indicaciones recibidas.

"Cuando un paciente ingresa a un hospital, rápidamente pone cara a su médico, a su enfermera. Que de repente encuentre otra figura como es el farmacéutico, que le aporte esa ayuda que puede necesitar, ha sido muy bien recibido", detalla, considerando que este nuevo modelo les permite "establecer esa relación más cercana y de confianza con el paciente" y que les reconozcan como "un profesional más de referencia al que pueden acudir durante su asistencia".

Para Ana, esta iniciativa no solo supone una gran responsabilidad, sino también una experiencia "especialmente motivadora" que les ayuda a "descubrir una nueva faceta" como farmacéuticos, aportando cuidados a los pacientes. "Es verdad que estamos acostumbrados a valorar los tratamientos desde el hospital, pero al acudir al domicilio vemos una realidad diferente, entendemos mejor cuáles son esas dificultades que tienen en su día a día y comprobamos cómo nuestra intervención puede ayudar de una forma más cercana y más personalizada", enfatiza sobre el proyecto que, por el momento, se desarrolla únicamente en el Gregorio Marañón.