Antonio Ruiz, titular de un establecimiento en el casco antiguo de Ceuta.
El descontrol migratorio en Ceuta empuja a los farmacéuticos a ejercer una asistencia de trinchera
Los boticarios de la ciudad autónoma exigen acelerar los trámites para reubicar a los inmigrantes que acampan sin control desde hace un mes
Un mes después de la entrada masiva de miles de personas en Ceuta, los farmacéuticos locales sostienen la primera línea de contención sanitaria a pie de calle frente a la parálisis institucional que vive la ciudad. Mientras los trámites administrativos para reubicar a los inmigrantes no terminan de avanzar, los boticarios asumen el tratamiento de urgencias primarias y lidian con una i
nseguridad ciudadana que ya anticipa una inminente fuga de profesionales sanitarios.
El impacto inicial de la crisis transformó las oficinas de farmacia en los únicos enclaves operativos durante las setenta y dos horas críticas de confinamiento preventivo que vivió Ceuta hace un mes. Antonio Ruiz, titular de un establecimiento en el casco antiguo, recuerda la urgencia con la que reorganizó los turnos para proteger a una empleada recién incorporada y cómo se atrincheró de madrugada para despachar exclusivamente a través del pequeño ventanuco de guardia. "Lo vivimos como una película de miedo", relata a Redacción Médica el boticario al rememorar la tensión de bajar la persiana metálica frente a una multitud desorientada que deambulaba sin rumbo por el centro de la ciudad. Precisamente, la emergencia golpeó de lleno en el núcleo familiar de Antonio, quien recuerda cómo su mujer, facultativa de Atención Primaria en el centro de salud del Tarajal, tuvo que subir a una ambulancia de urgencia aquel 31 de julio para asistir a pie de playa la llegada masiva. Desde esa primera noche de sirenas incesantes, ambos profesionales se mantienen en la primera línea sanitaria asumiendo el desgaste de cubrir las necesidades humanitarias más básicas de una población desbordada.
Ruiz subraya el enorme sacrificio de sus compañeros en los ambulatorios para evitar el colapso, recurriendo a voluntarios y doblando turnos de forma constante para sostener el servicio. "Los médicos son de una pasta diferente y tienen la capacidad de sobreponerse a la presión y sacar el punto de vista sanitario independientemente del resto, pero al final han tenido una carga asistencial tremenda. La situación que hemos tenido y que tenemos aquí en Ceuta es más parecida a una guerra desde el punto de vista sanitario que el que puede ser el de un centro de salud normal", detalla el boticario.
Pese al caos exterior, el presidente del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Ceuta, Mario de Miguel, matiza que el sector superó la prueba de estrés apoyado en la sólida red logística de la cooperativa local, un despliegue que garantizó el suministro ininterrumpido de medicamentos incluso en barriadas complejas como el Príncipe.
Mario de Miguel, presidente del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Ceuta.
Medicina de trinchera
La prolongación de este colapso fronterizo empujó a los farmacéuticos a intervenir en escenarios extremos que exceden su labor habitual frente a la inevitable saturación del hospital. Sofía Morte, al frente de una botica en el populoso barrio de la Libertad, detalla que la absoluta falta de higiene en los asentamientos improvisados ha disparado la demanda de tratamientos complejos que su equipo dispensa a diario. Las curas por rozaduras severas causadas por las rocas costeras se alternan hoy con graves infecciones dentales, brotes de sarna y urgencias que rozan el orden público. "Nos han venido también varios con heridas de cuchillo, que se lo hacen entre ellos porque se pelean", lamenta Morte al describir la crudeza de una realidad que asumen por pura vocación asistencial.
Sofía Morte dirige una botica en el populoso barrio de la Libertad.
Esta degradación del entorno impacta profundamente en el ánimo de unos profesionales que observan el estancamiento político sobre el terreno sin respuestas claras. De Miguel, titular de la Farmacia Príncipe Felipe, argumenta que la falta de infraestructuras condena a miles de personas a malvivir en centenares de vivacs fabricados con palés en los aledaños de la frontera, soportando condiciones insalubres que desbordan la encomiable capacidad de las organizaciones no gubernamentales. En medio de esta emergencia humanitaria, el presidente colegial subraya la crudeza emocional vivida durante la primera semana, cuando su mostrador se llenaba de niños perdidos que suplicaban un teléfono móvil para poder escuchar la voz de sus padres al otro lado del vallado fronterizo.
Inseguridad y éxodo
El agotamiento institucional ha fracturado la convivencia ciudadana y altera de raíz las rutinas más básicas de las familias ceutíes. La vulnerabilidad impregna las calles hasta el punto de que Ruiz compara el clima de hostilidad actual con el "Medellín de la época de los narcos", un escenario donde actos tan cotidianos como permitir que los menores acudan solos a sus actividades extraescolares han desaparecido por completo. Esta alteración del orden público golpea con especial dureza a la población de edad avanzada, que ha optado por recluirse en sus domicilios por miedo y delega sistemáticamente la compra de sus tratamientos crónicos en familiares o vecinos. "Durante este mes hemos tenido que llevar nosotros mismos los fármacos a las casas de algunos pacientes que no pueden salir", relata Sofía.
Ante un horizonte carente de soluciones estatales, los farmacéuticos advierten que la actual crisis demográfica amenaza con dinamitar el relevo generacional y la viabilidad del sistema de salud en la región. Morte sentencia que la conflictividad constante ahuyentará el talento médico, enfermero y farmacéutico peninsular, ya que los nuevos profesionales perciben la ciudad autónoma como un destino de alto riesgo laboral e inmobiliario. "Es como decir, voy hacia el fuego, pues no van a venir", aclara la titular sobre el rechazo directo que ya genera la plaza. Lejos de abandonar sus puestos, los sanitarios asumen turnos extraordinarios para evitar la caída de la atención primaria comunitaria. "No ha colapsado el sistema a costa del trabajo de las personas", concluye Ruiz para zanjar el esfuerzo silencioso de unas plantillas llevadas al límite.