Irina y Albert, enfermera y TCE, llevan tres meses en el país nórdico.

Irina y Albert, enfermera y TCE, llevan tres meses en el país nórdico.

Enfermería

La enfermera y el TCAE que cambiaron Barcelona por Islandia: "Las condiciones laborales compensan"

Irina y Albert dejaron España para poder ahorrar y, tres meses después de instalarse en Reikiavik, destacan las menores ratios de pacientes y el mayor control de la jornada, aunque reconocen que homologar sus títulos no ha sido una tarea sencilla

Publicada

Irina y Albert, enfermera y Técnico de Cuidados de Enfermería (TCE), dejaron Barcelona rumbo a uno de los países más singulares del mundo. ¿Su objetivo? Buscar unas condiciones de vida y trabajo que les permitieran ahorrar y plantearse un futuro que en España veían cada vez más complicado. "Entre los dos no nos daba para pagar un alquiler, poder vivir y, además, ahorrar para comprarnos un piso", señala la enfermera a Redacción Médica. Explican que la falta de profesionales sanitarios y la posibilidad de encontrar mejores condiciones terminaron de empujarles a dar el gran salto, aunque llegar a ejercer en Islandia no ha sido nada sencillo. "La homologación del título ha sido horrible. Hay muy poca información", denuncia el TCE.

Tres meses después de instalarse en Reikiavik, ambos han empezado a comprobar las diferencias entre trabajar en el sistema sanitario islandés y hacerlo en España. Irina destaca especialmente unos ratios de pacientes más bajos, el control de las horas extra y facilidades como poder estudiar islandés dentro de su jornada laboral. "Mi jefa me lleva muy a raya para que no me exceda de hora", ejemplifica la enfermera, que cuenta con un contrato de un año en el hospital más grande la capital. Albert, que comenzará a trabajar como TCE en octubre tras completar "un proceso complicado" de homologación, afronta ahora una nueva etapa después de haber trabajado temporalmente como monitor escolar. "Al final no hay nada como la profesión que siempre has ejercido", defiende.

La enfermera y el TCAE dieron el salto a Islandia en busca de "un cambio de aires"

La decisión de dejar España no llegó de un día para otro. Irina tenía un contrato fijo en un hospital y con unas condiciones buenas que, bajo otras circunstancias, podría haberle permitido construir un futuro profesional. "La estabilidad laboral no era suficiente. La vivienda aquí en Barcelona, como en todo el país, está por las nubes", se lamenta la enfermera, que encontró en Islandia una alternativa para poder ahorrar sin tener que renunciar a su profesión. Y que, según destaca, se ejerce de manera similar que en España.

También se planteaba para ellos como una forma de vivir una experiencia diferente. "Queríamos un cambio de aires, conocer otro sitios y ver cómo funcionaba allí la sanidad", explican. Junto con un amigo de ambos, los dos sanitarios repasaron los pros y contras de venir a un país, en sus palabras, "tan desconocido". Irina, enfermera con ocho años de experiencia en Pediatría, veía la situación laboral del país nórdico como uno de los principales atractivos. Según cuenta Albert, ella fue quien acabó tomando la decisión de marcharse y él decidió acompañarla en esta aventura.

Según cuenta, a la adaptación a un nuevo país se suma la barrera del idioma, especialmente en el entorno sanitario, donde Irina tiene que desenvolverse constantemente en una lengua que no es la suya. "Mi cerebro ahora mismo no para de traducir, porque al final el inglés tampoco es mi idioma materno", explica la sanitaria, que reconoce que esta dificultad añade una carga extra a su jornada. Pese a ello, la pareja reconoce haber tenido cierta suerte, ya que las exigencias con el islandés no han sido tan elevadas como lo van a ser a partir de ahora. "Antes de venir, para poder trabajar en el hospital hasta el 2025, requerían solo el compromiso de aprender islandés. Ahora se han puesto mucho más serios", detalla.

"La estabilidad laboral no era suficiente. La vivienda aquí en Barcelona, como en todo el país, está por las nubes"

Menos pacientes y más control sobre la jornada laboral

La enfermera y el TCAE llevan ya tres meses en Islandia, donde ya han podido observar ciertas diferencias en cuanto las condiciones laborales de los sanitarios. Irina pone como ejemplo la carga asistencial. En este sentido, explica cómo las ratios de pacientes son más bajas que los que estaba acostumbrada a manejar en España. Algo que, según explica, "permite desarrollar el trabajo con mayor tranquilidad y prestar más atención a cada persona". Hablan también de un mayor control sobre las horas trabajadas.

"Mi jefa me lleva como muy a raya el que no me exceda de hora", explica Irina. La enfermera señala que las horas de más se compensan con tiempo libre o económicamente. Para ella, la posibilidad de terminar la jornada cuando llega su hora y no acumular de más supone "una diferencia fundamental" para poder conciliar. La propia organización del trabajo también facilita que Irina pueda seguir avanzando en el aprendizaje del islandés. "

A esta menor carga asistencial se suma, según su experiencia, un ritmo de trabajo más pausado. "Aquí todo se hace con mucha calma", explica la enfermera, que percibe una forma de trabajar menos marcada por las prisas frente a España. Y si hablamos de diferencias salariales, ambos aseguran que no son tan grandes. "Un enfermero cobra prácticamente lo mismo que una persona que trabaja en hostelería", ejemplifica Irina, quien sitúa los ingresos en torno a los 2.700-2.800 euros. No obstante, reconoce que los profesionales sanitarios pueden alcanzar esa cantidad trabajando menos horas.

Sin embargo, su opinión no es tan positiva cuando se trata de la experiencia como pacientes. "Para trabajar aquí muy bien, pero como paciente, no tanto", apunta la enfermera especializada en Pediatría. La pareja asegura que en España existe una mayor facilidad para acceder a pruebas, tratamientos o derivaciones, aunque el sistema esté más tensionado.

"La homologación del título ha sido horrible": los retos para poder ejercer

Pero si hay algo que les ha parecido especialmente difícil ha sido conseguir que sus titulaciones fueran reconocidas en Islandia. "La homologación ha sido horrible. Hay muy poca información", denuncia Albert. La pareja explica que tuvo que ponerse en contacto con distintos organismos para intentar aclarar los pasos que debían seguir. "Llamamos al Colegio de Enfermería de Barcelona, a la universidad… y nadie sabía muy bien decirnos cómo hacerlo", recuerda Irina. Ante la falta de respuestas, llegaron incluso a contactar con un político islandés que había vivido en España, quien les ayudó a que sus consultas fueran atendidas.

En el caso de Albert, el proceso fue todavía más complejo al tratarse de una titulación de Formación Profesional. El TCE tuvo que presentar el plan de estudios completo y la descripción de las asignaturas para que un experto pudiera valorar si su formación era equivalente. "Parece que me estén pidiendo la Biblia Sagrada", bromea. Mientras completaba los trámites, tuvo que buscar una alternativa laboral y comenzó a trabajar como monitor escolar. Ahora, en octubre, comenzará en una residencia privada como TCE. "Estoy muy emocionado y con ganas", reconoce.

La falta de información que encontraron durante todo el proceso les llevó también a abrir una cuenta en redes sociales para compartir su experiencia. "Nosotros hemos pensado que, ya que estamos aquí y estamos viviendo todo esto, vamos a intentar ayudar a la gente que venga detrás", afirman. A través de este espacio cuentan su día a día en Islandia y detallan los trámites que han tenido que afrontar. Aseguran que es una forma de devolver la ayuda que ellos mismos tuvieron que buscar "de muchos lados". Ahora esperan que su experiencia sirva para que otros profesionales puedan conocer de antemano tanto las oportunidades como las dificultades de ejercer en Islandia y, sobre todo, "no tengan que empezar desde cero".