La conferencia de Ana María Cuervo durante la cuarta sesión de Conversaciones C en el Congreso
Añadir vida a los años: un reto institucional y la revolución científica frente al envejecimiento
Mantener los niveles de autofagia puede resultar clave para limitar los problemas de salud en la última etapa de la vida
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Ana María Cuervo, codirectora del Centro de Gerociencia del Albert Einstein College of Medicine de Nueva York, ha indagado esta tarde en el Congreso sobre la labor principal de su campo. “El objetivo no es vivir más años, sino añadir vida a esos años”. El acto comenzó con la introducción de Isaura Leal, secretaria segunda de la Cámara Baja. Ella ha subrayado que el envejecimiento es un reto sanitario, social y económico del envejecimiento y las enfermedades neurodegenerativas nos obliga a responder "como colectivo". Leal insistió en que garantizar una vida digna y "vivir más y vivir mejor" no es solo un objetivo individual, sino una responsabilidad ineludible de las administraciones públicas.
En la misma línea, Cuervo ha advertido sobre la verdadera preocupación de la longevidad actual: la pérdida progresiva de salud al final de la vida. Para la experta, el objetivo ideal —y demostrable en personas centenarias— no es solo sumar años al calendario, sino "añadir vida a esos años" y permanecer sanos hasta el último momento.
Cuervo ha explicado que el envejecimiento es un proceso multifactorial en el que intervienen la genética, el entorno y la biología. Aunque la genética familiar marca una predisposición que de momento no se puede modificar, la Escuela de Nueva York centra sus esfuerzos en la parte biológica y modificable: los mecanismos celulares y moleculares.
La autofagia: el sistema de limpieza celular
Entre los nueve pilares biológicos del envejecimiento —que van desde la inestabilidad genómica hasta el fallo mitocondrial y la senescencia—, la doctora ha destacado el papel crucial de la autofagia. Se trata del proceso natural de limpieza y reciclaje mediante el cual las células descomponen y reutilizan sus propios componentes dañados.
"Igual que las calles se llenan de basura cuando los basureros hacen huelga, la autofagia se deteriora con la edad", ha ilustrado Cuervo, señalando que este descenso se observa claramente en enfermedades como el Alzheimer y el Parkinson, así como en la falta de sueño.
Los experimentos en animales han demostrado que mantener artificialmente niveles óptimos de capacidad de autofagia limita el envejecimiento y revierte signos de enfermedades como el Alzheimer. Este enfoque abre la puerta a tratamientos más sencillos y globales: "En vez de tomar 12 medicinas, a lo mejor tenemos que tomar solo una", ha apuntado.
Hábitos para ralentizar el reloj biológico
A la espera de que los avances farmacológicos lleguen a la práctica clínica, la ciencia avala que el estilo de vida actúa directamente sobre estos mecanismos moleculares. Cuervo recomendó cinco claves fundamentales para estimular el organismo. La primera es espaciar más las comidas, para favorecer el proceso de autofagia. La segunda, mantener un nivel moderado de actividad física que ayudaría a conseguir el tercer objetivo, dormir una cantidad adecuada de horas dependiendo de la edad del individuo. Las dos últimas están muy ligadas. Por un lado, evitar el aislamiento social, por su efecto en la actividad física y las hormonas liberadas. Por el otro, tener una actitud positiva y controlar las situaciones de estrés.