La ingeniería médica logra la contención asistencial en Ceuta: “Hablar de un colapso es faltar a la verdad”
La ingeniería médica logra la contención asistencial en Ceuta: "Hablar de un colapso es faltar a la verdad"
El director territorial y el director médico del Ingesa zanjan la polémica y niegan categóricamente que el sistema sanitario haya colapsado por la crisis migratoria
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En el Centro de Salud de Otero, en Ceuta, la crisis sanitaria tiene dos puertas. Por una entra la actividad ordinaria; por otra, separada del circuito habitual, acceden los pacientes migrantes. Redacción Médica recorre el dispositivo mientras Juan Carlos Mata, director médico de Atención Primaria del Ingesa en Ceuta, explica cómo una red diseñada para atender a una ciudad de unos 85.000 habitantes ha tenido que absorber en semanas miles de asistencias extraordinarias. El balance de agosto deja una paradoja: 6.600 consultas a población migrante no llevaron en ningún caso al colapso técnico del sistema porque, al mismo tiempo, la actividad dirigida a los usuarios con tarjeta sanitaria cayó en unas 5.600 asistencias respecto a 2025.
La cifra que resume aquel mes es contundente. Entre el 30 de julio y el 31 de agosto se registraron unas 11.000 asistencias a migrantes en el conjunto del sistema sanitario. El 60%, unas 6.600, correspondió a Atención Primaria. Es una carga extraordinaria, pero Mata pide mirar la fotografía completa antes de utilizar una palabra que considera demasiado grande: colapso.
Juan Carlos Mata, director médico de Atención Primaria del Ingesa en Ceuta
La cuenta pendiente
Los datos comparativos entre agosto de 2025 y agosto de 2026 explican la paradoja. La pediatría atendió 280 consultas menos entre personas con tarjeta sanitaria. Enfermería registró 2.647 actividades menos y Medicina de Familia, 2.728 actos menos. En total, la actividad ordinaria cayó en unas 5.600 o 5.700 asistencias.
En paralelo, los centros atendieron esas 6.600 consultas vinculadas a la llegada de migrantes. El resultado neto, según el cálculo de Mata, fue un incremento de unas 800 o 900 asistencias. Repartido entre alrededor de un centenar de profesionales, el dato cambia la lectura de la crisis.
“Hablar de un colapso en la sanidad ceutí es faltar a la verdad”, sostiene. La razón es concreta: ninguna consulta tuvo que interrumpirse.
La estadística, sin embargo, no explica por qué disminuyó la asistencia de la población local. Cuando se le pregunta si los ceutíes dejaron de acudir por la situación excepcional que vivía la ciudad, Mata evita aventurarse: “Yo me baso en los datos”, aclara.
El mismo diagnóstico hace el director territorial de Ingesa en Ceuta, Jesús Lopera, que zanja el debate actual negando categóricamente que la ciudad esté atravesando un colapso sanitario. Si bien el responsable reconoce a este diario que existe una evidente tensión en los servicios asistenciales de primera línea pero recalca que estos continúan trabajando y operando a pleno rendimiento. Prueba de que la situación se mantiene bajo control es que, según ha asegurado, en ningún caso se han tenido que suspender las vacaciones y descansos de los profesionales sanitarios que prestan servicio en la ciudad.
A su vez, Lopera se ha mostrado especialmente crítico con los mensajes de alarma que se están lanzando desde diferentes colectivos médicos e incluso por parte de algunos profesionales a título individual sobre la situación sanitaria que vive la ciudad. Según el director territorial, estas declaraciones proyectan una imagen de colapso que no se asemeja en absoluto a la realidad. En este sentido, ha afeado estas posturas señalando que “quienes difunden dicha situación crítica lo hacen sin conocimiento de causa, ya que directamente no la están viviendo ni afrontando en primera persona en el día a día hospitalario”.
Jesús Lopera, director territorial de Ingesa en Ceuta
Dos centros en uno
La respuesta estuvo en la separación de circuitos. En Otero, el principal dispositivo para población migrante funciona al margen de la actividad ordinaria del centro. Tiene una entrada propia y una plantilla específica formada por médicos, enfermeras, celadores y vigilantes de seguridad. El horario se extiende de las diez de la mañana a las nueve de la noche.
La escena permite entender mejor el esfuerzo de adaptación. El 31 de julio, solo en Otero, se atendieron 342 personas migrantes. Ese mismo periodo obligó al 061 a desplegar recursos adicionales y alcanzó unas 500 actuaciones entre los distintos dispositivos de urgencias y emergencias.
Tarajal también soportó picos de 60, 70 y hasta 80 asistencias en algunos días por su proximidad a la frontera y a zonas de concentración de población migrante.
Mata reconoce que la barrera idiomática apareció desde el principio pero desde Ingesa ya trabajan en la incorporación de traductores para los centros sanitarios. Mientras tanto, los dispositivos de seguridad han ayudado en la comunicación con los pacientes.
Centro de Salud Otero.
Ayudar a los profesionales
Para sostener el dispositivo, Atención Primaria incorporó siete facultativos, alrededor de siete profesionales de Enfermería, celadores y personal administrativo. Entre Atención Primaria y especializada se habían realizado 210 nombramientos hasta el 26 de agosto, con 123 personas contratadas por la crisis y 80 contratos todavía vigentes al 25 de agosto. Ahora llega otra dificultad: mantener esos refuerzos. Muchos ofrecimientos son para un mes. Por ello, el director médico de Primaria del Ingesa reclama contratos de larga duración porque nadie sabe cuánto se prolongará la situación.
La presión tampoco se queda en las agendas y ha alcanzado a los MIR, cuya actividad formativa se ha visto alterada, y ha obligado a concentrar sus guardias en el hospital para reforzar las urgencias.
También ha sobrepasado a quienes están al frente de esta respuesta. Por eso, avanza Mata, Ingesa ha puesto en marcha talleres psicoeducativos para sanitarios y no sanitarios de centros de salud y hospital, además de sesiones dirigidas a usuarios con cuadros de ansiedad y alteraciones del estado de ánimo.
Mata no habla desde fuera de ese desgaste emocional. Cuando se le pregunta por su situación personal, responde sin rodeos: “Yo mal, yo mal”. Se jubila en diciembre y reconoce que lleva tiempo sin descansar bien. Las llamadas desde Madrid, las peticiones de la Ciudad Autónoma y los problemas de los centros de salud se acumulan. “Aquí no tenemos en quién delegar”, lamenta.
Y cuando llegue el invierno, ¿qué?
La próxima presión será diferente. Al volumen asistencial del verano se suma ahora el riesgo respiratorio de los meses fríos. Mata reclama más profesionales y explica que Ingesa ya ha comenzado a vacunar a población migrante con apoyo de personal desplazado desde Madrid. En el CETI se vacunaron 298 personas en una primera jornada y otras 248 en la siguiente.
El problema más inmediato sigue fuera de los centros sanitarios. Mata cifra en unos 3.500 los adultos migrantes que continúan en la calle, al margen de los menores atendidos por la Ciudad Autónoma. Para el director médico, conseguir alojamiento permitiría también identificarlos sanitariamente y facilitar la vacunación.
Por su parte, Lopera considera que la aceptación de la vacuna entre este colectivo está siendo mayoritaria, demostrando una excelente respuesta ante la iniciativa. De cara a los próximos pasos, ha subrayado que el objetivo marcado por la administración es llegar a una tasa de aceptación del 90 por ciento en esta población. “Estoy convencido de que se logrará”.
Ceuta ha conseguido absorber el golpe asistencial del verano sin que los datos permitan hablar de un colapso técnico. Pero el propio balance de Mata deja otra lectura: una cosa es sostener las consultas y otra sostener indefinidamente a quienes las hacen posibles. Ahora la ciudad entra en una segunda fase. La cuestión ya no es solo cuántas personas pueden llegar a los centros de salud, sino si habrá profesionales suficientes y pacientes suficientemente protegidos cuando llegue el frío.
Situación actual en la playa del Trampolín.