Llegué al
mundo sindical por casualidad. Tras mi dimisión, después de cinco meses de reciclaje, quiero compartir lo que ha significado volver al
ejercicio de la Medicina.
El llamado
periodo de reciclaje es ese tiempo que las Administraciones públicas ofrecen para poner a punto los
conocimientos clínicos tras años dedicados a la gestión. No es un trámite ni un descanso: es una necesidad. La Medicina avanza a una velocidad vertiginosa y nadie regresa indemne después de mucho tiempo fuera de la asistencia directa. Reincorporarse a la clínica sin ese margen sería, sencillamente, irresponsable.
No fue fácil empezar. Recuerdo bien el día que, al llegar al Servicio de
Cardiología del Hospital Puerta de Hierro, en noviembre, tuve que interpretar el “primer ECG”. Me pareció una tarea difícil. Una sensación inquietante, casi incómoda: la de empezar de nuevo. Todo ello bajo la controversia de que el jefe de sección era mi compañero de la Facultad de Medicina de la
Universidad Autónoma de Madrid. Un mismo origen con desarrollos profesionales tan dispares.
¿Hay algo más difícil para un médico que aceptar lo que no sabe? ¿Hay algo más controvertido que volver a empezar?
Ese fue el verdadero punto de inflexión.
Aceptar las limitaciones, sentarse a estudiar, refrescar la memoria y reaprender. Viví una etapa de aprendizaje acelerado en la que actualicé guías, protocolos,
algoritmos terapéuticos, buscadores clínicos… incluso el vocabulario. Porque la HTA ahora es HT, el SAHS es AOS y la escala que manda es la STOP-BANG. La Medicina no solo cambia: se transforma, se redefine, y obliga a quien vuelve a mirarse al espejo profesional con humildad.
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"La verdadera alta tecnología del sistema sanitario son los médicos"
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En este regreso me he encontrado con
médicos exhaustos, sometidos a turnos extenuantes de 24 horas, sin pausas reales, a veces ni siquiera para ir al baño, y con un
profundo malestar acumulado. Pero todos, sin excepción, compartían algo esencial: la
entrega absoluta a la profesión y al paciente. Ese denominador común sigue siendo el motor del sistema, aun cuando el desgaste amenaza con quebrarlo.
Cada día, por los
hospitales universitarios, los centros de especialidades y los centros de salud pasan cientos de profesionales en formación: rotantes, residentes, estudiantes, médicos de otras comunidades autónomas. Y si algo impresiona es la generosidad. Consultas abiertas,
conocimiento compartido, guías intercambiadas y mucho tiempo de dedicación. He estado en las consultas de decenas y decenas de compañeros de los servicios de
Atención Primaria, Cardiología, Hospital de Día de Insuficiencia Cardíaca, Psiquiatría, ORL, Neurología, Reumatología, Dermatología, Endocrinología, Neumología… y en todos ellos encontré lo mismo:
vocación y compañerismo.
La verdadera alta tecnología del sistema sanitario son los médicos. La Medicina progresa porque ellos se actualizan sin descanso. Gracias a eso, la calidad del sistema se sostiene. Por eso resulta tan preocupante que la
huelga médica no avance, porque lo que hoy se debate no es teórico: se padece cada día. Esta no es solo una huelga de médicos; es una
crisis estructural del sistema sanitario.
Al final, el médico lleva la excelencia allí donde va. Podrá seguir trabajando donde elija, pero el sistema que pierde al facultativo se empobrece.
Durante estos años he aprendido, he ayudado y he cuidado de mis compañeros médicos. Y en mi vuelta a la asistencia, lo que he recibido ha sido gratitud, generosidad y una gran
lección de profesionalidad por parte de quienes merecen toda la admiración, mis compañeros.
Por eso, gracias. Y gracias, sobre todo, por vuestro esfuerzo diario.
Orgullo de profesión
Gracias Marta, Hilda, Silvia, Eduardo, Manuel, Manu, Mercedes, Maria, Carlos, Luis, Cristina, Raquel, Santi, Esther, Javier, Julio, Antonio, Juan, Andrea, Jesús, Sergio, Cristina resi… y un largo etc..
Foto con el Dr. Eduardo Martinez-Arrarás, médico especialista en Medicina Familiar y Comunitaria.
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(Gracias a todos los médicos, residentes, rotantes, jefes de sección, jefes de servicio y Dirección del Hospital Puerta de Hierro, del Centro de Especialidades Cerro del Aire y del CS de Somosaguas).