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Opinión > Diario de un MIR reincidente

La MIRicina

Daniel Orts, licenciado en Medicina y candidato reincidente al examen MIR
Domingo, 10 de diciembre de 2017, a las 12:30
Hace unos días, terminé uno de los muchos simulacros que todo opositor MIR realiza durante su preparación para ser Médico Especialista. Fueron 4 horas y media de examen. 235 preguntas test, como siempre. Me dolía un poco la espalda, y la fatiga de la semana me cubría como una manta fina. Me desperecé ostentosamente en mi silla, respiré hondo y recogí mis cosas para marcharme a casa. Era sábado.

Es costumbre hacer los simulacros el sábado, después de una semana de estudio ininterrumpido. Diría que es la guinda del pastel de la semana, si mis semanas de estudio fueran dulces o apetecibles. Pero más bien, estudiar cinco días y acabar con un simulacro es como la puntilla con la que el torero atraviesa la piel del toro ensangrentado para rematarlo.

Cuando estaba recogiendo mis bolígrafos en el estuche, metiendo el examen en la mochila, me di cuenta de que me faltaba lo más importante. La plantilla de respuestas.

Sin ella no puedo corregir el examen, y lo que es más importante: el día del examen MIR, en esa plantilla de respuestas estarán los resultados últimos con los que se me evaluará como médico. Y de pronto me golpeó en el pecho una desazón. Una idea deprimente. Que eso era la Medicina. Que todo lo que el Ministerio va a saber de mi para decidir si soy médico o no es un título y una hoja de respuestas. La sucesión de cuadraditos tachados con una X es en último término lo único que importa.

Un A4 lleno de casillas para rellenar, columnas a tresbolillo de naranja y blanco, y el escudo de España en la parte superior. Eso es toda la Medicina por la que se me juzga. No hay cabida para los idiomas, el humanismo, la destreza en investigación clínica. Miré esa hoja llena de tachones y pensé...

─ ¿De veras esto es Medicina? ¿Es este el mejor sistema para evaluar a toda una generación de Médicos?

No me malinterpreten, el examen MIR es una buena forma de estandarizar la evaluación. Pero técnicamente hablando, un mono entrenado para tachar casillas al azar podría obtener mejor resultado que yo estudiando durante dos años. Y no es una exageración, es totalmente posible. Terminé de recoger mis enseres y me fui a casa a reflexionar. Al fin y al cabo, el domingo siempre ha sido el día de reflexión por antonomasia. Y comprendí al día siguiente de dónde venía mi pesadumbre.

Caí en la cuenta que la Medicina no tiene nada que ver con la Evaluación Médica de forma estandarizada. La primera es un arte, un maravilloso arte por el que ilustres médicos de la historia han sentido verdadera pasión y vocación. Imhotep, Vesalio, Galeno, Fleming, Koch, Jenner, Balmis, Charcot…. Todos defendieron los principios a los que el juramento hipocrático da forma.

Y sin embargo, la evaluación es un trámite. Un papel lleno de cruces para que una máquina lo lea.
¿Cómo nos podemos quejar de la deshumanización de la Medicina Contemporánea si juzgamos y evaluamos a nuestros médicos de una forma totalmente deshumanizada?

Y es que gran parte del tiempo y el esfuerzo mental de un opositor MIR no consiste en tratar pacientes o instruirse en la evidencia científica, sino que está enteramente dedicado a hacer preguntas tipo MIR. Enunciados grandilocuentes con cuatro opciones a elegir que pretender evaluar al médico que hay dentro de ti.

¿Para qué molestarse en realizar una entrevista personal, medir tus capacidades verbales, tu empatía, tus dotes humanísticas con los pacientes, si puedes reconvertir a esculapio en una pregunta tipo test que hay que marcar en una plantilla?

Si todos sabemos que luego los pacientes en Urgencias vienen ya con todos los datos y sólo hay que escribir en el informe clínico "la C" y rodearla con un círculo. Así se curan todos.

Es lógico que, puesto que la evaluación se resume en un examen test, la manera más eficiente de preparar el MIR se fundamente en contestar el mayor número posible de estas preguntas, repasarlas, corregirlas, leerlas bien, entender cómo funcionan y exprimir hasta la última gota de conocimiento para marcar la opción correcta.

Durante meses, como incansables boxeadores golpeando el saco de arena, nos dedicamos a entrenar por y para contestar preguntas test. Cada una de las 235 preguntas es un punto decisivo. Un opositor encara el examen como un Heracles al que le han encomendado 235 trabajos, en lugar de doce.

Trabajos que nos permitirán seguir nuestro camino formativo y ser Residentes. El opositor respira, mantiene la cabeza fría. Recuerda las palabras que predican todos los tutores de academia "contesta aunque no te sepas la respuesta".

Y te embarcas en una travesía de casos clínicos traicioneros y enunciados redactados con trampa, imágenes muchas veces de mala calidad y cientos de datos que jamás te servirán en la práctica clínica diaria. Todo para obtener la sagrada plantilla de cruces sobre casillas que te dará un número. Un número que te permitirá (o no) ser residente de tu especialidad soñada.

Eso es Medicina, dicen.

¿Eso es Medicina?