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17 julio 2020. 11.40H
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La salud, como cualquier otra actividad comercial o industrial, también tiene sus intereses económicos. El mercado y la libre competencia cogen fuerza en un sector eminentemente público.

Las industrias, intereses y lobbies, no paran de crecer. Como tampoco los agentes que intervienen en este sector. Nuevos productos y servicios florecen como la primavera, llena de color y fragancias naturales. Lamentablemente ni todo es tan bonito ni huele tan bien.

Las enfermeras, tan competentes ahora en el seguimiento epidemiológico de contactos Covid, (también llamadas rastreadoras para no llamarlas por su profesión), siempre lo han sido en las unidades de cuidados intensivos, o de trasplante de órganos, o en cualesquiera de las unidades de alta especialización. Sin embargo, son consideradas menores de edad en actividades de nuevos productos y servicios de salud. ¿Esto cómo puede ser? Suena a eso de que las enfermeras no pueden ir solas, que no piensan y hay que pensar por ellas, que están para que otro les diga que tienen que hacer. Suena a concepto antisufragista del siglo XIX. Pero si es por el hecho de ser mayoritariamente mujeres, tenemos también un serio problema de igualdad.

Realmente cuál es el motivo de no dejar pensar y hacer por sí mismas a las enfermeras. ¿Cómo puede ser? ¿Qué está ocurriendo? Tenemos un ejemplo próximo: pululan centros de peercing y tatuajes, con rótulos y acreditaciones, más por su arte que por su solvencia sanitaria. Incluso con auto solvencia sanitaria, seguramente este es el nudo gordiano. El sistema regulador administrativo es claramente absoluto cuando pasa por encima de alguna de las profesiones sanitarias. Regulando qué profesiones sanitarias tienen campo abierto para abrir consulta y cuáles no.  ¿Qué se pretende con ello? Clara y llanamente aparcar un colectivo, supeditarlo a otro. ¿Y cómo se llama eso?, se me ocurren muchas palabras: avasallar, controlar, domar, dominar, oprimir o someter.


"Seguro que alguna mente lúcida de la gestión política-sanitaria ya habrá pensado en medicalizar los cuidados. Volveremos entonces a la casilla de salida. Se olvidan definitivamente que los cuidados son competencia y responsabilidad de las enfermeras"


El libre mercado alimenta muchas cosas, pero no debe cercenar a las enfermeras. También el sistema público se está contaminando de esta tendencia. De aquellos practicantes históricos, en pueblos y ciudades, expertos en cirugía menor, afrontando urgencias bajo cualquier situación y circunstancia en la que el apoyo entre médicos y nuestros predecesores, ha devenido en la minoría de edad de sus descendientes; es antinatural. Lo natural sería que el avance del cuerpo de conocimiento, la experiencia y el progreso académico de sus titulaciones universitarias tendría que haber desembocado en una absoluta mayoría de edad profesional.

Deberíamos reflexionar, por la injusticia de este desarrollo, recua de un patriarcado profesional médico y omnímodo. Que pretende convertir en auxiliar a cualquier profesión sanitaria y a cualquier problema de salud de las personas en “problema médico” y no de quien lo padece. La salud es algo serio y con seriedad debe analizarse y regularse. Quien ejerce como profesional sanitario ha de ser competente, es obvio. Pero que una profesión “dé competencia a otra” es un despropósito al concurrir títulos sanitarios habilitantes sin techo competencial, mientras otros limitados al extremo con la misma carga académica dentro del ámbito sanitario. Al mismo tiempo, fuera convive bajo el paraguas del libre mercado y campando por sus fueros, el intrusismo más salvaje e incompetente. Todo esto no se debe consentir.

Por último, pensemos en las residencias y en nuestros mayores. Olvidadas y olvidados, ¿por criterios de rentabilidad? Lo que ha pasado es punible por supuesto, además de una vergüenza para toda la sociedad. Lo que se les ha negado han sido los cuidados, sí, eso que todo el mundo cree que sabe lo que es, sobre todo los que hablan de cuidados médicos, otro más de los muchos despropósitos. Han fallado los recursos para prestar cuidados de calidad a los mas vulnerables y por eso hablamos de muertos, muchos muertos. ¿O seguimos queriendo pensar que sólo les mató el virus?.

Seguro que alguna mente lúcida de la gestión política-sanitaria ya habrá pensado en medicalizar los cuidados. Volveremos entonces a la casilla de salida. Se olvidan definitivamente que los cuidados son competencia y responsabilidad de las enfermeras y que deben ser dirigidos y gestionados por ellas. Pero hay que dejarlas trabajar y evolucionar.

La salud es un sector muy amplio, difícil de ponerle puertas como pasa con el campo. Irá creciendo pero que no lo haga como hasta ahora desde la incompetencia y menos aún cercenando a las enfermeras. No lo consintamos.