César Pascual Fernández, Director de Proyectos de la Fundación SEDISA
Lun 03 junio de 2019. 09.00H
Con viento del norte
La evolución de las formas de gestionar ha pasado por múltiples vicisitudes que en los últimos años parecen haberse convertido en una auténtica vorágine. En los pasados años nos hemos visto obligados a pasar de hablar de gestionar administrativamente a gestionar buscando la rentabilidad social y más recientemente por ejemplo a gestionar por competencias.

Paradójicamente los resultados nunca han sido tenidos en cuenta en la gestión sanitaria (ni por desgracia lo son aún) y los intentos vanos de gestión por competencias en la mayor parte de los casos se han visto abocados al fracaso de su implantación. Sin embargo, últimamente parece que se impone habla mucho de gestionar por valores, más aún en la actual situación de postcrisis donde no acabamos de despegar. Personalmente es un tema que me despierta especial interés.

Ahora bien ¿es una moda más? Entre mis actividades tengo la oportunidad de participar como docente en la formación de directivos sanitarios tanto en la parte más técnica de organizaciones como en la dedicada a habilidades directivas y aquí surge casi siempre el tema de los valores y lo que representan en el funcionamiento de las organizaciones sanitarias. Partimos de la base que la sanidad agrupa a profesionales con alto grado de motivación personal y con unos valores corporativos consolidados a lo largo de siglos de ejercicio.


"Los valores en el ámbito sanitario constituyen un elemento de influencia decisiva en el trabajo diario, probablemente más que en otros"


En muchas ocasiones el debate acerca de los valores en las organizaciones sanitarias termina por desnaturalizarse bien sea porque se dan por asumidos e intocables determinados valores inherentes a las profesiones sanitarias (cuestión discutible también), bien sea porque al contrario no se consideran hoy en día como elementos fundamentales del ejercicio profesional sino más bien cuestiones del pasado. Otro aspecto muy importante es que casi sistemáticamente se ignora que en las instituciones sanitarias existen (y cada vez más) otras profesiones no sanitarias que tienen otros valores.

En no pocas ocasiones a lo largo de los debates con los alumnos es fácil encontrar posiciones en la línea de considerar eso de los valores como que es sólo humo, que lo que importa es la ciencia y la evidencia, que lo demás son pérdidas de tiempo. Para los más atrevidos incluso argumentos del estilo lo que importa son los resultados, lo demás no es relevante. Cmo si pareciera que abordar el tema de los valores de la organización careciese de la relevancia y la importancia que tienen.

En sanidad, más importante aún


Lo cierto es que existe una más que evidente la relación entre valores y resultados. Otra cuestión es que no interese o no sea oportuno correlacionarlos. Esto ocurre en cualquier organización, pero por su propia naturaleza más que en ninguna en la organización sanitaria. En efecto, es relativamente fácil comprobar como un mismo grupo de profesionales en un mismo hospital u organización sanitaria y en una misma situación, actuando a partir de unos valores o de otros puede conseguir resultados diferentes. Más aún, me atrevería a decir que en función de los valores que prioricen y sea capaces de transmitir los directivos los resultados obtenidos de la actividad de esos profesionales serán distintos.

Los valores en el ámbito sanitario constituyen un elemento de influencia decisiva en el trabajo diario, probablemente más que en otros.

Por un lado, encontramos los valores profesionales personales, aquellos que son inherentes a las profesiones sanitarias y que forman parte del íntimo convencimiento a partir del cual el profesional sanitario construye opiniones, adopta decisiones y establece su relación con el paciente y con el entorno. Esta no es una cuestión baladí dado que, precisamente sobre la base de esos valores personales es como se definen las actitudes ante las situaciones que el profesional se encuentra en su quehacer diario, y son esas actitudes las que determinan sus comportamientos y hábitos, que en última instancia son los que generarán los resultados que obtiene (sean del tipo que sean).

Pero por otra parte no podemos olvidar los valores de la propia organización que contribuyen tanto a consolidar (y reforzar si cabe) los valores personales como a determinar también actitudes, comportamientos y hábitos que son propios y particulares de los profesionales que prestan sus servicios en ese hospital, centro de salud, o cualquier otro tipo de recursos sanitario. Estos valores definen el perfil de la propia organización y, lo que es más importante, impactan sobre los resultados obtenidos y la calidad de los mismos.

A todo ello hay que añadir un aspecto de gran relevancia: la valoración que hacen los profesionales con el paso del tiempo de su experiencia y trabajo en la organización que les ha llevado a lograr determinados resultados.

Dicha valoración es, en definitiva, lo que hará que confirmen el valor o que definan la necesidad de modificarlo o la de incorporar uno nuevo. Esto es muy importante porque los centros sanitarios son organizaciones vivas que evolucionan a la par que sus profesionales, aspecto este que parece olvidarse con frecuencia dando por sentado que se trata de instituciones inamovibles.

Un ejemplo paradigmático en nuestro ámbito sanitario lo constituye Mayo Clínic. Se trata, sin duda, de una de los referentes hospitalarios del mundo, que desde su fundación ha promovido un modelo de primer nivel basado en unos sólidos valores plagados de atributos profesionales.

Y lo ha hecho en un ámbito como el de la asistencia sanitaria tan competitivo como el norteamericano. En efecto su éxito se cimienta en los principios que en 1892 un grupo de médicos, liderados por los hermanos Mayo, establecieron (integridad, excelencia asistencial, atención individualizada, preocupación por el resto de socios, sin ánimo de lucro). Sobre ellos en el tiempo se han ido construyendo y manteniendo una organización de éxito. Y así podríamos analizar y llegar a similares conclusiones en relación a los más importantes centros sanitarios del mundo.

El directivo influye en los valores


Pero hay un aspecto del que no se suele hablar mucho y que me gustaría señalar: sobre los valores es innegable la influencia que tienen los directivos, algo que parece darse por olvidado en muchas ocasiones.


"El directivo sanitario que se deje caer en la tentación de promover el oportunismo generará en los profesionales comportamientos oportunistas y lo único que obtendrá serán resultados oportunistas"


Sin embargo, muchos son los ejemplos de cómo los directivos con sus mensajes y mandatos, pero sobre todo con sus formas de hacer y, especialmente, con su ejemplo, han sido capaces de orientar los resultados de sus hospitales. Al contrario, hemos tenido la experiencia de directivos que por razones diversas (que no es el momento de juzgar) que bien con una mentalidad cortoplacista, bien con una falta de visión promovieron una cultura de crecimiento a base de incentivos de todo tipo que lo único que les llevó fue a lograr tener mercenarios en vez de profesionales motivados.

Una consideración está muy clara: el directivo sanitario que se deje caer en la tentación de promover el oportunismo generará en los profesionales comportamientos oportunistas y, en consecuencia, lo único que obtendrá serán resultados oportunistas (que quizá en una mirada a cortoplazo puedan darle réditos, una tentación especialmente considerando la vida media del directivo sanitario en nuestro país). Pero de ese tipo de actuación directiva no es posible esperar liderar una organización con visión y estrategia, con unos procesos de innovación tecnológica efectivos, con verdadera proyección hacia la excelencia.

Por tanto, hay que tener presente que, aunque todas las organizaciones tienen unos valores corporativos, quienes en gran medida dan forma a dichos valores son los directivos que las lideran. Ciertamente para consolidarse se necesitan directivos que permanezcan el suficiente tiempo (y como he mencionado eso no es muy habitual en el ámbito sanitario) pero está demostrado que las organizaciones terminan siendo y actuando en coherencia con los valores que muestran sus directivos y se expresan en sus resultados.

A esto no se escapa ningún tipo de organización sanitaria ni pública ni privada, aunque es extensible a todo tipo de organizaciones. Permitiéndome una licencia a modo didáctico podemos afirmar que ni siquiera las organizaciones criminales se escapan a este fenómeno. En la propia mafia todos los integrantes de su organización tienen muy claro lo que entienden por los “valores” centrales que la definen: el beneficio económico como lo más importante, la familia como espacio a defender a toda costa, la lealtad incondicional como base de su relación, el hecho de considerar que todos tenemos un precio...

Estos “valores” son inculcados y mantenidos con mano dura y con la consideración de sagrados por el capo o padrino. Sin entrar a juzgar la moral de estos valores, son evidentes los comportamientos que se derivan de ellos y los resultados que generan.

Otra cuestión que no es menor: vinculados a los valores los centros sanitarios no sólo pueden establecer estándares éticos, sino que deben hacerlo y deben obligar a cumplirlos. Los directivos saben que la consolidación de una práctica asistencial basada en los valores del centro es algo que no se produce espontáneamente. Se desarrolla cuando las actitudes de la dirección son acertadas, y tienen la habilidad suficiente para dar expresión a dichas actitudes. Tan sólo en esas circunstancias, los profesionales harán su trabajo lo mejor que les sea posible.

La conclusión no puede ser otra que resaltar la importancia de los valores en la gestión. Si consideramos que los valores son directrices para la conducta de los profesionales que dan sentido y finalidad al quehacer diario en la organización sanitaria que sea, hemos de asumir que cada vez que se explican o justifican los resultados obtenidos, se implica una valoración de los mismos.

Ahora bien, los valores no se imponen, se ofrecen dentro de un clima de libertad dado que constituyen una opción personal, es decir, los valores se eligen y los profesionales al optar por determinado hospital o determinada organización sanitaria eligen los valores por los que esta se rige.

Porque en definitiva estos valores fundamentales del centro sanitario no son más que una expresión firmemente arraigada de muchas actitudes y, por consiguiente, no cambian de modo sustancial en el trascurrir de periodos de éxitos o fracasos, normales en cualquier actividad.

Nota: Los comentarios que aquí se recogen son del autor y no reflejan la opinión de SEDISA ni de cualquier otra organización en que trabaje o haya representado