25 de noviembre de 2017 | Actualizado: Viernes a las 21:50
Viernes, 08 de septiembre de 2017, a las 11:30
La Agencia Europea del Medicamento (EMA) es, junto con la Autoridad Bancaria Europea, una de las dos agencias de la Unión Europea (UE) ubicadas en Londres que tendrán que trasladarse al continente antes del 29 de marzo de 2019 debido al Brexit, sin interrumpir ni un momento su actividad. La EMA es, sin lugar a dudas, una pieza codiciada pues veintiún Estados miembro de la UE han presentado candidaturas para albergarla.

La EMA es el organismo que protege y promueve la salud humana y animal en la Unión Europea y el Espacio Económico Europeo, mediante la evaluación y el seguimiento de los medicamentos: garantizando la valoración científica, la supervisión y el seguimiento de la seguridad de los mismos; facilitando el desarrollo de nuevas terapias y su acceso; examinando las solicitudes de comercialización; haciendo el seguimiento de la seguridad de los medicamentos a lo largo de todo su ciclo de vida y proporcionando información a los profesionales sanitarios y a los pacientes.

Tras el sorprendente, y para muchos inesperado, sí al Brexit surgieron inmediatamente diversas iniciativas a favor de la instalación de la EMA en España. Una de las primeras ciudades que se postuló fue Málaga. Todos los estamentos de la ciudad se pronunciaron a favor de la idea, a la cual mostré mi apoyo público e inmediatamente, algo que sorprendió a las mentes torpes ancladas en la  rivalidad Málaga-Sevilla. Los motivos de ese respaldo personal eran numerosos, pero había dos fundamentales: el primero, que Andalucía mantiene un gravísimo problema de paro con cifras de desempleados universitarios y de emigración superiores a la media española y europea. Debido, entre otras, a la ausencia crónica de inversiones del sector industrial en general y farmacéutico en particular, centradas principal y tradicionalmente en Madrid y Barcelona. Por lo que la venida de la EMA podría suponer la llegada de otras inversiones similares y la creación de numerosos puestos de trabajo directos e indirectos, tan necesarios, en nuestra región. El segundo motivo era menos cerebral: ¿por qué no en Andalucía? Y dentro de Andalucía ¿por qué no en Málaga, que así lo ha solicitado?

El presupuesto anual de la EMA supera los 300 millones de euros y recibe alrededor de 36.000 visitas anuales, incluyendo científicos, pacientes, profesionales sanitarios o expertos nacionales. Una buena parte de los más de 900 funcionarios, además del personal de los servicios anexos a la agencia europea, se trasladaría de Londres a Málaga; se instalarían otras empresas relacionadas con el medicamento -del mismo modo que sucedió en Londres cuando se inauguró la EMA-; se contrataría personal especializado,… Lo que, según informaciones contrastadas, implicaría una demanda de 30.000 noches de hotel, con picos diarios de hasta 350 pernoctaciones.

La EMA impulsaría la innovación y la investigación en el campo farmacéutico en Andalucía, tan exiguas en estos momentos, lo que traería consigo el inicio y desarrollo de patentes y de ensayos clínicos en hospitales y universidades de nuestra región con la participación de pacientes andaluces, la celebración de encuentros de investigadores, profesionales sanitarios e inversores, y numerosas actividades vinculadas al mundo sanitario. En resumen, importantes beneficios laborales y económicos que pudieran iniciar el despegue andaluz, tan dependiente de las convocatorias públicas de empleo y de la temporalidad vinculada a la agricultura, al turismo y a los servicios.

Málaga no es una ciudad cualquiera, secundaria o aislada; es la capital de la Costa del Sol y una de las más importantes del sur de Europa. Su aeropuerto internacional ocupa el cuarto lugar en cuanto a volumen de tráfico entre los aeropuertos de España, y el vigésimo puesto de la Unión Europea, llegando a superar en 2016 los 16,5 millones de pasajeros (de los cuales más de 14,3 millones en vuelos internacionales) y las 123.000 operaciones de despegue y aterrizaje. Dispone, además, de línea de alta velocidad ferroviaria, que fue utilizada por 2,5 millones de pasajeros en ese mismo año, y está conectada a la red de autovías española.

La EMA pudiera haber sido la tan esperada oportunidad para el definitivo despegue del Sur, tan castigado siempre de inversiones, sobre todo desde el desmantelamiento de su industria textil.

No obstante, además de Málaga, otras ciudades españolas han solicitado ser sede de la EMA: la ya mencionada Barcelona, Alcalá de Henares, Alicante, Granada, y Santa Cruz de Tenerife. Lo que ha llevado al gobierno español, y muy especialmente a la titular del Ministerio de Sanidad posiblemente por su origen catalán, a decantarse por defender la candidatura barcelonesa, que cuenta con bazas a su favor como haber quedado en segunda posición cuando Londres fue elegida sede de la EMA en 1992, con el prestigio de la Agencia Española de Medicamentos y la presencia de una importante industria farmacéutica. Así como con que, según los datos del Gobierno español, el 92% de los funcionarios de este organismo preferirían la ciudad condal. Además, cuenta con el apoyo sincero e incondicional del Gobierno de España.

¿Pero cuenta Barcelona con posibilidades reales en estos momentos frente al resto de candidaturas europeas? Estimo, y espero equivocarme, porque como español me dolería, que a pesar del expreso apoyo de la ministra, que lucha denodadamente por ello, España no va a resultar ganadora en la carrera por la EMA y no va a venir. La amenaza de 'Catexit español', similar al consumado Brexit europeo -aunque más visceral que éste pues ha enrarecido y perturbado en demasía nuestras relaciones seculares, y aumentado la pertinaz desconfianza europea a todo lo español- va a inclinar la balanza a favor de otras candidaturas. Desgraciadamente, en septiembre de 2017 no se dan las circunstancias para que se repita una imagen similar a la de D. Juan Antonio Samaranch anunciando el famoso “a la ville de Barcelona” en las Olimpiadas de 1992. La estabilidad es la clave de todas las inversiones duraderas, y en la designación de la sede va a pesar muy negativamente la rebelión político-secesionista del gobierno catalán, observado con inquietud por quien debe decidir, o sea, por la UE.

Los otros criterios para examinar a las ciudades candidatas son la disponibilidad de oficinas para que la EMA pueda trabajar inmediatamente sin interrumpir ni un momento su actividad; la accesibilidad del lugar, es decir, la calidad y frecuencia de las conexiones aéreas; la existencia de centros escolares multilingües para los hijos del personal; un acceso apropiado al mercado laboral, a la seguridad social y a la sanidad para hijos y cónyuges; y la garantía de continuidad de la actividad, es decir, la capacidad de atraer a personal y sectores asociados. Estos criterios los cumple sobradamente Barcelona. Y también Málaga. Qué pena no haber contado con apoyos suficientes para apostar por Andalucía como sede de la EMA, donde tan necesaria es. Otro tren que pasa de largo.