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Opinión

Atención integrada: lecciones europeas para transformar la atención en España

Oriol Fuentes es CEO y Fundador de Qida

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Todos/as conocemos a alguien que ha tenido que convertirse, de la noche a la mañana, en el coordinador de la atención de un padre o una madre. Lo más probable es que esta persona haya recibido distintas valoraciones y planes de intervención de diferentes profesionales, lo que la ha obligado a asumir esa labor de coordinación entre especialistas debido a un problema ajeno a su situación particular: la fragmentación del sistema.

La realidad es que, actualmente, un mismo caso de alta complejidad puede pasar por más de quince profesionales distintos en un año, sin que se comparta un plan de atención social y sanitario común. Y esta situación va a ir a más si no la remediamos. A enero de 2025, las personas mayores de 64 años ya representaban el 20,7% de la población española y el 50% del gasto sanitario total lo genera apenas el 3-5% de la población. Con la pirámide de población que nos espera en los próximos años, el problema sólo va a crecer: las proyecciones apuntan a un envejecimiento todavía más acentuado y eso exige una capacidad de respuesta que hoy no tenemos. No podemos permitirnos esperar a que la presión sea insostenible para empezar a transformar un sistema que, a día de hoy, ya no está funcionando.

Ejemplos europeos


Ya existen ejemplos en Europa que demuestran que este cambio es posible. El caso más claro es el del Reino Unido, que ha apostado por romper con esa fragmentación histórica entre salud y social y transformar el sistema hacia un modelo coordinado capaz de dar respuesta a esta misma realidad. Lo hizo por fases: primero, en 2016, con 44 Planes de Sostenibilidad y Transformación en áreas de entre 0,7 y 2 millones de personas; después, entre 2020 y 2022, con la creación de 42 Sistemas de Atención Integrada (ICS) con personalidad jurídica propia; y finalmente, consolidándolo por ley con el NHS Long Term Plan, una estrategia a diez años centrada en tecnología conectada y hospitalización a domicilio. El impulso, además, no se ha detenido: el nuevo primer ministro británico, Andy Burnham, ha situado la reforma de la atención a la dependencia en el centro de su mandato, con el compromiso de crear un servicio nacional de cuidados equivalente al NHS que culmine la integración entre lo sanitario y lo social. El Reino Unido lleva décadas trabajando en ello y, pese a las dificultades, sigue avanzando y marcando el camino. Precisamente por eso su experiencia nos interpela: si quien va por delante considera urgente seguir profundizando, España no puede permitirse llegar tarde. De esa experiencia se pueden extraer cinco aprendizajes aplicables para el sistema español.

Primero, la integración ocurre cuando existe un diseño institucional capaz de hacerla posible. No basta con buena voluntad entre organizaciones, sino que hace falta una estructura, como los ICS británicos, que asegure que salud y social planifican y presupuestan juntos desde el primer día.

Segundo, la tecnología resulta imprescindible (aunque no suficiente). Compartir información, construir planes únicos de atención y generar continuidad asistencial permite avanzarse a descompensaciones, organizar la vuelta al domicilio post ingreso, etc.

Tercero, la atención integrada solo funciona cuando existe un liderazgo compartido entre salud y social, con responsabilidad conjunta sobre los resultados. Si cada organización sigue evaluada solo por su propia área del sistema, nadie va a priorizar la coordinación por encima de sus propios objetivos.

Cuarto, la atención integrada necesita un sistema de dependencia sólido y bien financiado que la sostenga. En este sentido, España acaba de dar un paso histórico: en 2026 se ha aprobado la mayor reforma del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD) desde su creación en 2006.

Y quinto, probablemente lo más importante: la integración tiene que materializarse allí donde vive la persona. El domicilio es el verdadero espacio de oportunidad y España no parte de cero para conseguirlo. La Comunitat Valenciana ha puesto en marcha su Estrategia Valenciana de Coordinación e Integración Sociosanitaria, impulsada de forma conjunta por Sanidad y Servicios Sociales desde la Oficina de Coordinación e Integración Sociosanitaria (OCISS). Otro ejemplo es Cataluña, que ya despliega la Agència d'Atenció Integrada Social i Sanitària (AGAISS) y el proyecto ADMIT (Atención Domiciliaria Integrada). Este último se basa en la atención centrada en la persona en casa, con profesionales de los ámbitos de salud y social trabajando juntos/as y coordinados/as y con más de 10 proveedores, bajo el concepto de tener “ojos en casa” para una atención proactiva y preventiva.

Los resultados observados en distintas experiencias internacionales y nacionales muestran que cuando los cuidados se coordinan alrededor de la persona y no de las organizaciones, se mejora simultáneamente la calidad de vida y la eficiencia del sistema.

El modelo ya existe y funciona y lo que falta en España no es evidencia, es velocidad de ejecución para dar respuesta a la necesidad que vivimos cada día.