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Un MIR en quirófano reduce la tasa de mortalidad

Detectan los problemas antes e intervienen de manera más rápida que los especialistas

dom 22 noviembre 2015. 11.55H
Marta Fernández.
Incluir a un residente en una operación quirúrgica es sinónimo de éxito. Al menos así lo concluye un estudio realizado en Estados Unidos que afirma que en los quirófanos donde al menos hay un residente operando con el equipo habitual la tasa de mortalidad es sensiblemente menor.

“Los resultados del estudio aseguran que cuando un médico residente participa en la operación, la tasa de mortalidad desciende, aunque hay un sensible incremento (no significativo) de complicaciones durante la operación”, ha señalado Faek R. Jamali, del Centro Médico  de la Universidad Americana de Beirut.

Cirujano en quirófano.

En los 30 días posteriores a la cirugía, los pacientes que habían sido operados por un cirujano y un residente tenían un 7 por ciento menos de probabilidades de morir que aquellos operados sólo por el especialista, según el estudio.  En cambio, las complicaciones cardiacas y respiratorias fueron sensiblemente más comunes en el grupo operado con ambos médicos.

Mehul V. Raval, de la Escuela Universitaria Emory de Medicina de Atlanta, quien también ha estudiado esta tendencia, ha determinado que los residentes detectan los problemas antes e intervienen de manera más rápida que los especialistas. Este efecto se ha denominado el “fenómeno rescate”  y puede explicar, según Raval, el hecho de que las cirugías son más exitosas cuando un residente está en ellas.

“Creo que este estudio y algunos otros han demostrado que incluir a residentes en las operaciones es seguro”, ha afirmado Raval. “Incluso hay pacientes que se sienten muy satisfechos sabiendo que han contribuido a la educación y entrenamiento de la próxima generación de cirujanos”, ha añadido.

En esa misma línea se ha expresado Jamali, añadiendo que este efecto se puede producir porque “los residentes son más inquisitivos e incluso retan a los propios especialistas a la hora de tomar decisiones preoperatorias “. “La presencia del residente, al contrario que la de una enfermera o un asistente técnico, puede servir  para asegurar la calidad y seguridad”, ha afirmado Jamali.

Un millón de operaciones bajo el microscopio

Para elaborar el estudio, los investigadores han utilizado la base de datos del Colegio Americano de Cirujanos con datos de los años 2008 a 2013, incluyendo pacientes adultos que no se sometieron a cirugías cardíacas graves.  En total, se estudiaron más de un millón de operaciones.

El análisis ha sido dividido en cuatro categorías: cirujano trabajando solo, residente presente cuando opera el cirujano, residente presente y activo durante la cirugía y residente actuando como cirujano principal con el especialista disponible por si surgiera alguna complicación. Las investigaciones también han incluido los datos de posibles efectos adversos de un mes después de la operación como pueden ser ataque al corazón, neumonía, coma, infección y muerte.

Unas 750.000 cirugías incluyeron a residentes en algún modo, según la base de datos del Colegio Americano de Cirujanos, y, casi todas, tuvieron al residente ayudando al especialista.

“Los hospitales con más volumen de pacientes se sirven de residentes para hacer muchas tareas y los residentes son los que mayoritariamente se ponen al frente de los cuidados”, ha señalado Mehul V. Raval, reafirmando que la inclusión de estos médicos es muy efectiva. 

“Los residentes que están en programas actuales de prácticas están teniendo menos autonomía que en años anteriores, lo que les ha llevado a buscar un entrenamiento adicional en las universidades antes que practicar solos”, ha señalado Raval. “En algunas especialidades, como cirugía pediátrica, los residentes se pasan una década haciendo prácticas antes de entrar como especialistas”, ha recalcado.

Los datos son claros y avalan las tesis de los doctores: los residentes funcionan bien en las operaciones quirúrgicas, sólo es necesario que crucen más a menudo las puertas del quirófano.