Redacción Médica
18 de septiembre de 2018 | Actualizado: Martes a las 18:00

Infrafinanciación y escasez de recursos, barreras en la atención oncológica global

Los nuevos inmuno-oncológicos siguen desarrollándose con óptimos resultados

Sábado, 24 de octubre de 2015, a las 14:00
Eduardo Ortega Socorro. Madrid
El Congreso Europeo de Cáncer de 2015, celebrado en Viena, ha mantenido el guión previsto en lo correspondiente al medicamento: los nuevos inmuno-oncológicos siguen desarrollándose en nuevas indicaciones con óptimos resultados y satisfactoria seguridad. Sin embargo, en esta edición la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO) ha querido poner el acento en algunos problemas infraestructurales de la atención oncológica a escala global, como es el escaso acceso a la radioterapia y a una cirugía segura en cáncer.

El Congreso Europeo de Cáncer, durante su celebración.


De hecho, la infrafinanciación crónica en recursos radioterápicos es la causa de la alta mortalidad provocada por cánceres como los de mama o próstata, que se encuentran entre los más numerosos del mundo. Según la investigación que revela esta situación, que cuenta entre sus autores con Rifat Atun, de la Harvard School of Public Health de Estados Unidos, poner fin a este déficit terapéutico costaría unos 84.000 millones de euros hasta 2035, una cantidad que permitiría salvar 27 millones de vidas al año, lo cual generaría a su vez beneficios económicos de más de 321.000 millones de euros.

Sin embargo, el contexto a afrontar es especialmente complicado en algunas zonas, como África, en donde en más de 40 países la radioterapia ni siquiera existe. Con todo, este impulso no debe llevarse a cabo solo en países deprimidos económicamente, dado que en naciones del primer mundo como Canadá, Australia y Reino Unido la infraestructura dedicada a la radioterapia (personal, equipo e instalaciones, principalmente) es inadecuada y poco eficiente.

Parecida situación se afronta en el caso de la cirugía. Solo una cuarta parte de los pacientes tiene acceso a operaciones quirúrgicas básicas de cáncer. Las pérdidas económicas surgidas por este déficit de cirujanos oncológicos y de instalaciones para el abordaje de estas operaciones superarán en 2030 los 10 billones de euros.

Por otro lado, un informe publicado por Sociedad Europea de Oncología Pediátrica (Siope) ha vuelto a dar la voz de alarma sobre un problema que no por ser conocido es menos grave. Al menos 6.000 niños y jóvenes mueren en el viejo continente por cáncer al año, y dos tercios de los que sobreviven a la enfermedad sufren efectos secundarios de los tratamientos que tienen que tomar.

El clave de esta situación, avisa Siope, son los problemas de acceso a las innovaciones que existen en algunos países del viejo continente, circunstancia que ensombrecen los avances logrados en el plano terapéutico gracias al mayor conocimiento de la biología del tumor, lo cual está permitiendo una medicina más personalizada y menos agresiva en estas edades.

Avances en medicina individualizada

De hecho, las perspectivas siguen siendo esperanzadoras en el campo de la medicina individualizada, en el que se siguen presentando nuevos descubrimientos. En un estudio presentado durante el congreso, investigadores del Wellcome Trust Sanger Institute de Cambridge (Inglaterra) han explicado que hay una serie de diferencias genéticas entre los tumores de mama que son recurrentes y los que no, haciendo posible distinguir unos de otros. El hallazgo ha sido posible tras analizar los datos de información genética secuenciada de 1.000 pacientes y se revela como clave para guiar al clínico en el futuro próximo en la estrategia terapéutica ante este tipo de cáncer.

También se han dado a conocer avances en el campo de la metástasis cerebral, una complicación que surge en ocho de cada diez pacientes de cáncer. Una investigación liderada por Priscilla Brastianos, directora del Programa de Metástasis Cerebral del Hospital General de Massachussets (Estados Unidos), indica que mediante la técnica del screening genético se pueden revelar nuevas dianas tanto para este tipo de metástasis como para los tumores primarios de los que surgen, generando nuevas posibilidades de tratamiento.  

Esta reunión ha sido la 40ª organizada por ESMO.

Diferentes europas

Por otro lado, el encuentro ha servido también para desplegar los últimos datos de supervivencia en cáncer a cinco años en Europa, aglutinados en el estudio Eurocare, según los cuáles los índices más altos se registran en el norte y en la parte central del continente, mientras que el este concentra los peores resultados. Con todo, en términos generales, la supervivencia ha mejorado.

Las mayores diferencias se están dando, según Milena Sant (una de las responsables de la investigación, del Instituto Nacional del Tumor de Milán, en Italia), en el ámbito de los cánceres de la sangre. Se trata de un área en el que se han conseguido grandes avances terapéuticos en los últimos años, pero que no están llegando a todos los pacientes europeos por igual, particularmente en enfermedades como la leucemia mileoide. La supervivencia relativa de cinco años (medida que el Eurocare toma como referencia) solo es posible en el 33,4 por ciento de los casos en Europa del este y de entre el 51 y el 58 por ciento en el resto de los países. El estado donde esta proporción es más baja es Letonia (22,1 por ciento).

Papel estelar para la inmuno-oncología

En el plano puramente terapéutico, la protagonista ha vuelto a ser la inmuno-oncología. Entre los ensayos clínicos presentados, han destacado los nuevos resultados de nivolumab, que mejora la supervivencia lograda con everolimus en pacientes que sufren carcinoma de células renales (un tipo común de cáncer de riñón), permitiendo una reducción del riesgo de muerte del 27 por ciento.

También hay buenas nuevas en el ámbito del embarazo y la enfermedad oncológica. Las investigaciones han dejado claro que las mujeres a las que ya embarazadas se les diagnostica cáncer pueden comenzar su tratamiento de forma inmediata sin que ello afecte al feto. Así lo revela un estudio basado en 129 niños de entre uno y tres años, expuestos a tratamientos del cáncer en la fase prenatal y que están mostrando un normal desarrollo de sus procesos mentales y cardiovasculares.