18 de julio de 2018 | Actualizado: Martes a las 18:45

Vencer al cáncer 'pokito a poko' para ser 'libre como el aire'

'La Mari', cantante de Chambao, relata el antes y el después que supuso para su carrera el diagnóstico de un cáncer

'La Mari', junto a la actirz y presentadora Cayetana Guillén Cuervo, encargada de moderar la jornada impulsada por Roche.
Redacción
Cristina Cebrián
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Sábado, 29 de octubre de 2016, a las 20:00
La de María del Mar Rodríguez Carnero (Málaga, 1975) es una  de esas historias que, afortunadamente, se da cada vez con más frecuencia: la superación de un cáncer, en este caso de mama. Un proceso largo y muy duro en el que, una vez alcanzada la curación, se opta muchas veces por pasar página y olvidar para seguir adelante. Sin embargo, no estamos ante uno de esos casos. Porque 'La Mari' lleva al pie de la letra eso de 'es mejor caminar pá ir creciendo' que canta cuando sube al escenario, y reconoce el "aprendizaje" que la enfermedad ha supuesto en su vida. Totalmente curada y comprometida con la causa contra el cáncer, la cantante de Chambao se enfrenta a las preguntas de LA REVISTA de Redacción Médica para ofrecer el testimonio de un viaje, el de su recuperación, en el que los sanitarios tuvieron un peso fundamental al prescribirle mantenerse ligada al arte, el tratamiento que más necesitaba para seguir adelante.

'La Mari' nos recibe minutos antes de comenzar su participación en el coloquio 'La vida y nada más', organizado por Roche y en el que a través de varios testimonios se ponía en relieve la recíproca relación entre la actividad artística y la enfermedad en varias pacientes que han pasado por todo lo que significa un cáncer. En todo momento sonriente, despeja desde el primer instante cualquier duda sobre si echar  la vista atrás y recordar la enfermedad la incomoda de algún modo. "Lo cuento porque me ayuda un montón; hablando las cosas me hago mi propia terapia", asegura. La muestra más fehaciente de ello es un libro de título 'camaroniano', 'Enamorada de la vida, aunque a veces duela', escrito en 2006 y en el que relata su tránsito por la enfermedad.

La cantante señala el diagnóstico como "el peor momento" de todo el proceso.

La mejor manera de entender una historia es empezar por su inicio. Para encontrar el de la relación, dolorosa pero a la vez enriquecedora, entre 'La Mari' y el cáncer de mama, hay que retroceder un año más. Nos plantamos pues en 2005. Ella tiene 30 años y su grupo, Chambao - que mantiene en solitario desde una década -, se encuentra en pleno apogeo. En medio de una vorágine de conciertos y canciones entrando con fuerza en las listas de éxitos, algo lo cambia todo. Concretamente, el momento en que recibe la noticia de que tiene un tumor agresivo, pero operable. La puerta de un nuevo camino se acababa de abrir.

El peor momento

Al echar la vista atrás, la vocalista marca el momento del diagnóstico como el más duro, ese en el que "todo se para". "Pase mucho miedo", reconoce sin ningún tipo de tapujo y poniendo sobre la mesa un pensamiento que se cruza por la cabeza de todo el que recibe semejante varapalo: "Lo primero que pregunté era si me iba a morir". La cuestión recibió un 'no' rotundo como respuesta por parte del equipo médico encargado de su atención, que jugó un papel clave en su tránsito por la enfermedad.

La aparición del cáncer saca a 'La Mari' del mundo de la música poco después de la salida al mercado del disco 'Pokito a poko', al que carecer de gira o promoción no le impidió ser todo un éxito. En lugar de ello, los conciertos y firmas de discos fueron reemplazados por la cirugía y la quimioterapia. En ese momento opta por dedicarse por completo a su salud. Lo hizo, por supuesto, que su vuelta estaba a la vuelta de la esquina, a solo cinco meses, y que contaría con el inesperado impulso de su médico.

La idea de retornar a las tablas ya se había dejado ver, sutilmente, por su cabeza al poco tiempo de empezar el tratamiento. Sin embargo, muchas eran las voces que, bienintencionadas y preocupadas por su salud, ponían en duda que estuviera preparada para salir de gira. Incluso ella misma lo dudaba. Es ahí cuando el papel de Emilio Alba, el oncólogo encargado de su caso, entra en escena para trascender más allá de lo puramente médico. "Me dijo que le parecía perfecto que volviera a la música, que la salud es también hacer cosas que a una le sientan bien", explica con los ojos cargados de agradecimiento hacia la persona que "me quitó la sensación de ser una enferma".

Ese impulso a retomar la vida normal y no dejar que el cáncer la condicione más de lo extrictamente necesario llevado a cabo por el doctor Alba está completamente avalado por Ana Lluch, jefa del Servicio de Hematología y Oncología del Hospital Clínico de Valencia, presente en la jornada y para quien la normalización "es fundamental, forma parte del tratamiento". "Integrarse nos hace más fuertes, y durante el tratamiento no estáis enfermas, no hay enfermedad", asegura sintetizando su sentir en la frase "cuantas menos bajas, mejor".
UN BEBÉ 'BENDECIDO' POR UN BESO PARA EL RECUERDO
La actriz y periodista Cayetana Guillén Cuervo fue la encargada de moderar el primer “taller de arte e innovación” ‘La vida y nada más’ y destacó la “generosidad y sensibilidad” de las artistas participantes, ayudando a dar visibilidad a esta enfermedad para ayudar a las que vienen detrás. “Son unas mujeres reconocidas, que tienen una visibilidad, y cuyas palabras tienen una consecuencia y que deciden compartirlas con los demás”, destacó la popular intérprete.

La moderadora escuchó con especial atención la charla. Sonrió especialmente en el punto en el que refería su vuelta a los escenarios. La actriz explicó por qué. Se trata de una anécdota que, a su juicio, explica muy bien el carácter de cantante y como se enfrentó a su enfermedad: Guillén Cuervo estuvo en uno de los primeros conciertos de Chambao tras la vuelta a los escenarios. Lo hizo “embarazada como de siete u ocho meses”. Estaba en primera fila y ella se bajó del escenario a darle un beso en la barriga.
“Fue un momento impresionante, siempre le digo a mi hijo que está bendecido por La Mari”, explicó. “Imagino lo difícil que es transitar por algunos momentos de esta enfermedad y es impresionante como, a pesar de ello, en aquel momento, siguió siendo capaz de hacer cosas tan poderosas y tan bonitas”.


El intercambio entre arte y Medicina

Decir que 'La Mari' superó un cáncer gracias a retomar su carrera artística sería, además de erróneo, una falta de responsabilidad y una intolerable falta de respeto a la Medicina y a los sanitarios que contribuyeron con su trabajo a que así fuera. Pero es de justicia darle al arte su parcela de mérito en la curación por conseguir algo tan difícil como establecer con la enfermedad un vínculo enriquecedor además de una vía de escape. Su dolencia afectó a su arte. Pero esa relación también funcionó en la otra dirección: su arte le sirvió para enfrentarse a su enfermedad. “Para mí, la música es lo que me ayuda a desconectar para reconectar”.

Un psicólogo le propuso imaginar la quimioterapia como "una luz sanadora
dentro de mi cuerpo"

En un viaje tan duro, la cantante de Chambao no estuvo sola. Contó con la ayuda de su familia, amigos y seres cercanos, que protagonizaron su propia 'terapia' basada en el cariño. De todos ellos destaca a un , familiar, psicólogo, que supo conjugar lo que deseaba y lo que necesitaba en una sola cosa sirviéndose únicamente de la imaginación. Hablamos de lo que 'La Mari' llama "convertir la Medicina en arte". "Me pidió que imaginase que la quimioterapia era una luz sanadora dentro de mi cuerpo", rememora.

A juzgar por lo que se ve once años después, esa 'luz sanadora' hizo su trabajo a la perfección, porque con su sola presencia 'La Mari' derrocha salud y vitalidad. Así, defiende a ultranza acabar con los tabús en torno al cáncer y apuesta por el valor de esa normalización del paciente sin el miedo de quien se está tirando un farol: "No ocurre nada por decir 'tengo cáncer'. No se está más enfermo por decirlo, ni se muere uno antes por nombrar la enfermedad".

Cada año, el cáncer de mama llega para cambiar la vida a más de 25.000 mujeres en España. Pero cambiar no tiene que ser necesariamente malo. Ejemplos como el de 'La Mari' dan buena muestra de ello. Como también sirven para mostrar el valor que el arte puede llegar a tener como herramienta de superación y la importancia de contar con médicos que no solo ayuden al paciente, sino también a la persona.