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Félix Bravo: "Lo mejor que me ha pasado en la vida es ser gerente"

Una lesión hizo que el actual gerente del Hospital Príncipe de Asturias eligiera la Medicina en vez del fútbol

Javier Barbado
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Sábado, 27 de agosto de 2016, a las 20:00
Curtido en las batallas de la vida y centrada su actividad personal y profesional en Madrid, el gerente del madrileño Hospital Príncipe de Asturias y presidente de la Agrupación Territorial de la Sociedad Española de Directivos de la Salud (Sedisa) se confiesa amante del fútbol hasta el punto de que, en el momento crucial de su vida adolescente, se planteó con seriedad dedicarse a ello desde las filas del Real Madrid. Por azar, más que por buscarlo, terminó como responsable médico, primero, y gerente, más tarde, de centros hospitalarios de la comunidad autónoma, entre otros del Hospital del Sureste, que le marcó porque se topó con él sin nada hecho y contribuyó a crearlo “como hace un padre con su criatura”.
 
¿Dónde se educó de niño?
 
En el Colegio Santa Rita, de curas. Fui un estudiante normal, de sacar notables. Con diez años comencé el Bachiller, en concreto en 1968.
 
¿Qué le apasionaba por entonces?
 
Jugaba mucho al fútbol.
 
¿Hasta qué punto?
 
Me ficharon los alevines del Real Madrid. Entre los 13 y los 17 años, estuve allí tanto en los infantiles como en los juveniles compaginándolo con los estudios.
 
¿A qué jugadores de renombre de la época veía?
 
Rafael García Cortés y Ricardo Gallego.
 
¿Y por qué lo dejó?
 
Sufrí una tríada, una lesión importante, justo cuando empezaba a estudiar Medicina. Y mi padre, como buen militar, cogió y me dijo: “O una cosa o la otra”. Al  principio, no lo comprendía. Pero no tenía una afición tan importante al fútbol como para dejar Medicina.
 

Bravo, en una imagen familiar.

¿Le costó mucho entrar en la carrera?
 
Estudié en el CEU hasta tercer año. Después, la seguí cursando en el Hospital Militar de la Universidad Complutense. En tercero, acudí al Hospital Joaquín María López; después, al Hospital de El Generalísimo. Y ya cuarto, quinto y sexto cursos los hice en el Gómez Ulla [Hospital Central de la Defensa].
 
¿Le influyeron sus padres en la decisión? Hábleme de ellos.
 
 Claro. Mi padre era asistente técnico sanitario (ATS) militar, aunque luego llegó a Comandante. Murió a los 72 años en 1991.
 
¿Y su madre?
 
Ella murió cuando tan solo tenía 15 años. Por supuesto aquello me marcó y fue un shock sentimental. En realidad, todo lo que tengo se lo debo a mis padres.
 
En seguida vino la Universidad. ¿Apuntaba maneras como gestor?
 
Era una etapa de huelgas, incluso en el CEU, donde me eligieron delegado de Medicina en tercer curso. Incluso recuerdo tener que afrontar alguna pintada con mi nombre en la que me llamaban ‘pijito’. Esas cosas pasaban.
 
¿Militó en algún sindicato?
 
No. Los había, claro, y se metían en follones de forma continuada. Pero yo no tenía ninguna relación con eso. En realidad, apenas sabía que existían.
 
¿En qué se especializó después?
 
En Epidemiología y Salud Pública. Hasta 2000 hice un máster de Administración sanitaria, y, al año siguiente, fui subdirector de Atención Primaria de Ciudad Real. Allí estuve dos años; vino la adaptación de las transferencias, por entonces me cesaron y volví a la parcela asistencial.
 
 Ahí es donde me di cuenta de que podía ser interesante, en definitiva, la gestión de la salud. Pienso que el médico no solo se debe preocupar por la salud de sus enfermos, sino también implicar en la política que puede cambiar sus condiciones.
 
En noviembre de 2007, me llaman para saber si quiero ser director médico del Hospital del Sureste. Entonces era un nuevo modelo, se abría el hospital... Era una experiencia totalmente inolvidable para mí: lo mejor que me ha podido pasar en la vida.
 
 ¿Por qué pensaron en usted?

 
 Bueno, yo tenía ya hechos los másteres, disponía de experiencia directiva en Atención Primaria. De todos modos, uno no sabe quién le ha elegido. Te llama el gerente del hospital y te pregunta si quieres optar al cargo. Y yo le dije que sí y me metí en esa aventura.
 
Después, me acuerdo de que, en 2009, estaba Güemes como gerente. Dimitió el gerente del hospital y la viceconsejera me llamó para reemplazarle. Estuve de gerente hasta 2011; en ese año, en octubre, me llevaron a la Fuenfría, y allí estuve en febrero de 2014 hasta que me mandaron al Príncipe de Asturias como gerente, donde estoy ahora.
vocación por representar a los directivos de la salud
 Una de las vocaciones más sobresalientes y que más han tardado en florecer en este médico epidemiólogo con experiencia directiva de muchos años consiste en representar al colectivo de gerentes de la salud y luchar por sus intereses.
 
 Se trata de una aspiración que le sobrevino en 2014 de forma en apariencia espontánea pero que en realidad fue fruto de su capacidad de visión de futuro. Captó el potencial que posee la Comunidad Autónoma de Madrid en este campo y se lo comunicó al presidente de la Sociedad Española de Directivos de la Salud (Sedisa), Joaquín Estévez, quien le apoyó en la idea.
 
 Ello dio pie a la Agrupación Territorial de Madrid, la única de esta naturaleza junto con la que existe en la Comunidad Valenciana. En apenas un año de vida, ha organizado un Congreso Internacional y varios foros y seminarios a los que siempre acude la plana mayor de los directivos sanitarios tanto del sector público como de privado.

 
Dice que se percató, ya en la práctica del oficio, de la importancia de la implicación gestora de los médicos. ¿Y por qué eligió antes de ejercer el oficio ser epidemiólogo?
 
Elegí Salud Pública, en efecto, tras la carrera. Era muy amigo, del Doctor Manuel Domínguez Carmona, preventivista y catedrático. Siempre he tenido especial predilección por los grandes problemas de salud pública, ésos que se ven en las películas catastrofistas.
 
Pero, como he dicho, me gustaba más la asistencia. De todos modos, cursé e hice el Doctorado en Salud Pública y Epidemiología y estuve cuatro años de mi vida en la Cátedra.
 

Bravo (segundo de la fila inferior por la izquierda) llegó a jugar en las categorías inferiores del Real Madrid.

El epidemiólogo, sin embargo, apenas ve enfermos, ¿no es así?
 
Se ven menos pacientes, sí, no es una especialidad asistencial. Pero eso no quiere decir que no se trate con ellos.
 
¿Qué importancia tiene en su vida la familia?
 
Es lo más importante. Ya hemos hablado del choque sentimental que supuso para mí la muerte de mi madre a una edad en la que yo era muy joven, un niño. En 1992, me casé y he tenido dos hijas que ahora tienen 23 y 14 años.
 
¿Qué han estudiado o quieren ser?
 
La mayor empieza sexto de Medicina este año y ha pasado el quinto curso con todas las asignaturas limpias. Está en el 12 de Octubre haciendo las prácticas correspondientes. La pequeña dice con cierta convicción que ella quiere ser cirujana maxilofacial: a ver si es verdad.
 
¿Les ha condicionado para seguir sus pasos?
 
No, de ninguna manera. Siempre he pensado que los hijos tienen que hacer aquello que les guste, tal como me sucedió a mí con mi padre.
 
¿Con qué más familia directa se relaciona?
 
Tengo un hermano que me saca diez años. Hizo una ingeniería y, la verdad, en su momento él tenía mucha más relación con mi padre que yo mismo; era más joven que yo y nunca le dio por la Medicina. Se mareaba con la sangre.
 
¿Qué hace en su tiempo libre?
 
Me sigue apasionando el mundo del fútbol, pero, claro, ahora, en lugar de jugar a él, me limito a verlo por la televisión.
 
¿Y eso?
 
Bueno, otro de mis deportes favoritos es el pádel y estuve practicándolo durante cuatro años hasta que me rompí el único menisco que me quedaba sano. Así que tuve que abandonar las prácticas deportivas.
 
Ahora, eso sí, ando una hora a ritmo rápido todos los días porque, a pesar de la intensidad de la vida del directivo, también es muy sedentaria. Nos pasamos hasta 24 horas del día pendientes de teléfono móvil.
 
Por otra parte, me gusta mucho jugar el mus,
 
EN CORTO
Libro de cabecera
'La catedral del Mar', de Ildefonso Falcones.
 
Película preferida
'El Planeta de los Simios'.
 
Canción favorita
'Yesterday', de los Beatles.
 
Una ciudad para vivir
Madrid
 
Una ciudad para viajar
París
 
Objeto imprescindible
Móvil
 
Un personaje de su vida
Mi madre
 
Un protagonista histórico
Jesucristo
 
Un equipo de fútbol
Real Madrid
 
Un lema vital
Vive y deja vivir
 
¿Qué le hace feliz?
Mi familia
¿Lo practica en federaciones o asociaciones por el estilo?
 
No, pero, bueno, he ganado un par de trofeos: una vez el de Florida Park, y, otra, el tercer premio en el Colegio de Médicos de Madrid.
 
¿Tiene pensado jubilarse?
 
Todavía me quedan bastante años para eso.
 
Como gerente, ¿también les obligan a dejarlo a una edad concreta?
 
Depende. Hay estrategias políticas que lo permiten y otras que no. Pero insisto: yo no me voy a jubilar. Ahora me encuentro muy bien y, eso sí, no sé cómo estaré cuando cumpla los 65 años.
 
¿A qué se dedicará si, llegado el momento, deja el trabajo?
 
Pues eso es algo que tengo que pensar todavía.
 
¿Está a gusto ahora en lo que hace?
 
Profesionalmente, me encuentro muy bien el Príncipe de Asturias, sí. Me han acogido muy bien desde mi llegada allá. Siguen unas normas preestablecidas y a la mayoría de sus profesionales les apasiona su trabajo.
 
Pero son puestos muy intinerantes...
 
Nunca he tenido ningún apego a los cargos. Y lo diré una vez más: a mí me encanta la actividad asistencial. Una cosa que hacía a finales de año cuando la ejercía, y también como gerente, es si realmente he conseguido ayudar a alguien en su vida. Y ése ha sido mi modus vivendi.
 
Políticamente, ¿cómo se define?

 
Soy un liberal convencido. Todos tenemos periodos en la vida en los que uno piensa que se va a comer el mundo, aunque luego, calculo que a partir de los 40 años, te haces más conservador.