18 nov 2018 | Actualizado: 14:30
La Revista

Concha Ferrer: "Conocí a los Reyes Magos en el hospital"

La presidenta de los médicos zaragozanos reconoce poner "voz firme" cuando hay conflicto

La presidenta del Colegio de Médicos de Zaragoza, Concha Ferrer, posa en la sede de Sanitaria 2000.
sáb 28 mayo 2016. 20.00H
Juanma Fernández
Miguel Fdez. de Vega
Concepción Ferrer Novella es desde 2013 presidenta del Colegio de Médicos de Zaragoza, una labor que considera que ha puesto un broche de oro a toda una vida dedicada a la Medicina y, concretamente, a la Oftalmología Pediátrica. Habitante que camina la capital maña como terapia, su resistencia al cierzo da testimonio de un carácter que bascula con habilidad entre la crudeza y la alegría. Una facultativa que acompaña con acento aragonés el final de esas palabras que aseveran que ha logrado todo lo que se ha propuesto, igual que ha sabido asumir que se tienen tantas cosas pendientes como vidas hemos elegido vivir. 

¿De qué tipo de familia viene?

Éramos tres hermanos, de los que yo soy la mayor. Mi padre era funcionario y estuvo en el Hospital Miguel Servet toda la vida, en puestos de gestión. Pero vamos, una familia normalita, de clase media. Matriarcal, eso sí, porque las riendas de la casa las llevaba mi madre. Mi padre decía: “Yo soy beneficiario del antiguo Régimen, es decir, mi señora está en casa”.

La presidenta de los médicos zaragozanos, el día de su primera comunión.

Hábleme de la figura de su padre en aquel mundo hospitalario donde él cuadraba los números.

Murió a los 67 años y le echo en falta porque en los últimos años estuvo en la dirección administrativa del hospital y conocía bien ese mundo; nos dábamos grandes paseos hablando mientas mi madre, la pobre, nos escuchaba (ríe). A día de hoy, me enorgullece que muchos médicos jubilados me hablen de él con un recuerdo entrañable. El día de mi toma de posesión como presidenta del colegio hubiera sido el hombre más feliz del mundo. Se preocupaba tanto que en Nochebuena no venía a casa hasta las 10 de la noche porque revisaba planta por planta que se hubiera dado bien la cena.

¿Notó alguna vez anhelos de su madre por llevar la vida que luego pudieron llevar sus hijas?

No, ella era feliz con la vida que le tocó. Ha sabido disfrutar de los éxitos de sus hijos y todavía hoy lo sigue haciendo. Tiene 87 años, la cabeza perfectamente y se acuerda de todo. Eran mujeres felices, que han sabido ser bastión para que su familia saliera adelante.

¿Qué momento de su infancia le hizo querer ser médico?

El recuerdo de mi abuelo materno. Durante años, yo firmaba como Ferrer Novella, con mi segundo apellido, en homenaje a él. Su mayor ilusión era tener un hijo médico, pero su único varón murió muy jovencito. También me influyó el trabajo de mi padre porque el hospital celebraba muchas cosas para los familiares de los empleados; por ejemplo, de niña veía a los Reyes Magos en el hospital.

Más allá de los estudios, ¿cómo era su vida en aquella Zaragoza de infancia?

Recuerdo que había mucho cine y también me gustaba mucho la lectura y las manualidades. Ya más mayor, en la carrera, colaboré con organizaciones próximas a la Iglesia para ayudar a los demás.

¿Es usted creyente?

Sí.

¿Y cómo se casa la fe con una ciencia que cada vez descubre más cosas por sí misma?

Casan muy bien porque la ciencia tiene perfecciones pero también imperfecciones. Siempre existe algo a lo que no llegas y piensas que hay algo más. A mí eso me ha servido de mucho.

¿En qué aspectos de la Medicina encuentra usted la fe?

En muchos. Toda la relación al unirla al humanismo, del que no se puede separar. No hace falta estar con pacientes terminales, sino que el día a día plantea la relación humana mucho más próxima porque siempre te estás planteando qué puedes dar y qué desearías que te dieran si te sucediera a ti.

¿Por qué se decidió no solo por Oftalmología, sino además pediátrica?

El perfil, el trato con los niños, fue lo que me llevó. Pasé al hospital infantil porque me gustaban y me pareció que era una manera de trabajar con personas con las que el trato era muy agradable.

Sin embargo, usted no se ha casado ni ha tenido hijos. ¿Ha ocupado su profesión esa parte?

Ha sido un poco todo: la profesión ha ocupado una gran parte, no se ha dado la situación personal… Pero sí he tenido suerte de que, desde el punto de vista familiar, hemos sido siempre un núcleo. Tengo seis sobrinos y con todos he viajado, sé que algunos incluso cuando hay un conflicto acuden a mí y la que pone la voz firme soy yo. Probablemente ellos han suplido esa parcela, y eso también me ha permitido dedicarme a mi trabajo.

mujer que conquista sin cuotas
Primera presidenta de la historia del Colegio de Médicos de Zaragoza, afirma que las cuotas por paridad no son de su agrado: “No me gustaría que me dieran nada por cuota”. Ella prefiere ir poco a poco en esta conquista, sin renegar “de un perfil machista que pervive en la profesión”. En cualquier caso, esta oftalmóloga asume que la igualdad total será complicada de alcanzar: “La mujer tiene una época en que es fértil y eso conlleva unas connotaciones distintas, lo que significa una ruptura en una trayectoria”. Si bien añade que les ayuda el ser “muy tesoneras”, aunque con la crudeza de su última afirmación: “La fisiología es la fisiología”.

Convive y trata con dirigentes. ¿Dónde ha visto el poder, en la empresa o en la política?

Desgraciadamente está en la política, y digo esto porque no tendrían que tener tanto para mediar en cosas tan importantes. Lo económico al menos mira a largo plazo pero ellos, como mucho, ven las cosas a cuatro años vista.

Ferer, en una imagen de juventud.

en corto
Libro de cabecera
La Biblia.

Canción Preferida
El 'Himno a la alegría', de Beethoven.

Película favorita
Dr. Zhivago.

Una ciudad para vivir
Roma.

Una ciudad para viajar
Buenos Aires.

Un objeto imprescindible
Una buena novela,

Un personaje de su vida
Mipadre.

Un protagonista histórico
La Madre Teresa de Calcuta.

Un equipo de fútbol
La Selección Española.

Un lema vital
Ilusión y constancia.

¿Qué le hace feliz?
Viajar y las pequeñas cosas de la vida.
¿Ser la primera presidenta le ha condicionado?

Poco a poco se va consiguiendo un espacio que tenemos que mantener y ganar. Aunque el mundo todavía es muy masculino, la mujer está dando una serie de connotaciones que probablemente demuestren que enriquece más el contexto.

¿Qué siente cuando la Unión Europea emite informes en los que parece contraria al sistema de colegiación?

Creo que no los traducimos bien. En Europa las profesiones sanitarias están muy tuteladas y la fuerza de los colegios es muy grande porque son los que vigilan a la profesión. Ahora que nos vamos a incorporar a una normativa europea hemos hecho un gran esfuerzo y se ha puesto la validación periódica de la colegiación, y se va a poner la certificación, porque es una obligación que además demandan los Estados.


Ha vivido siempre en Zaragoza. ¿Cómo disfruta de la ciudad?

Tiene un tamaño muy accesible y todavía es un poco pueblerina, lo que para mí no es malo. Eso de que salgas a la calle y puedas hablar con mucha gente es agradable. Tiene carencias, como la falta de teatros, pero es muy cómoda. Además me gusta darme buenas caminatas, que es lo que más me desintoxica.
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