El neurólogo Robert Belvís, del Hospital Sant Pau

El neurólogo Robert Belvís, del Hospital Sant Pau

Innovacion

Sant Pau testa una tecnología para hacer más precisa la cirugía contra la 'enfermedad del suicidio'

En el Día Internacional de la neuralgia del trigémino, patología en que tarda hasta 4 años en diagnosticarse, hospitales como el barcelonés destacan avances en su abordaje

Y además: Sant Pau aspira a liderar la investigación en cáncer de pulmón del SNS

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El Hospital de Sant Pau de Barcelona lleva tiempo trabajando en una tecnología pionera que puede mejorar la precisión de la cirugía de la neuralgia del trigémino, patología también conocida como la 'enfermedad del suicidio'. El proyecto, denominado ‘Trigéminos’, utiliza imágenes de resonancia magnética para reconstruir en tres dimensiones la anatomía de cada paciente y visualizar mediante realidad virtual la relación entre el nervio trigémino y los vasos sanguíneos que lo comprimen. El estudio, desarrollado junto al equipo de ingeniería biomédica del centro catalán, tiene previsto incluir a diez pacientes. Hasta el momento, seis han sido intervenidos dentro del protocolo y el equipo espera completar los cuatro casos restantes. Aunque todavía no se pueden extraer conclusiones definitivas, sí se entrevé que los primeros resultados están mostrando una elevada coincidencia entre la zona de compresión identificada antes de la operación y la localización posterior del teflón utilizado.

El objetivo del proyecto, coordinado por Robert Belvis, neurólogo de este centro barcelonés, es mejorar la precisión de la descompresión microvascular, “una de las intervenciones utilizadas cuando la neuralgia está provocada por una arteria que comprime el nervio. Durante la operación, el cirujano separa ambos elementos mediante una pequeña pieza de teflón, clave en esta intervención". En el Día Internacional de la Neuralgia del Trigémino, Sant Pau sigue erigiéndose en uno de los centros más innovadores para abordar esta enfermedad.

Una operación en un espacio muy reducido

La tecnología permite, según el especialista afirma en Redacción Médica, reconstruir a partir de la resonancia el tronco cerebral, el nervio trigémino y las arterias que lo rodean: “Mediante unas gafas de realidad virtual, el equipo puede observar la anatomía del paciente en tres dimensiones y localizar el punto exacto donde se produce la compresión”.

Además, la reconstrucción permite identificar la huella que la arteria ha dejado sobre el nervio como consecuencia de la presión mantenida, y esta información “llega a servir para planificar con mayor precisión dónde debe colocarse el teflón”. El facultativo asegura que esta tecnología “también se utiliza después de la operación. Una nueva reconstrucción permite comprobar dónde ha quedado colocado el material y determinar si coincide con la zona que debía tratarse”.

Esta información puede ser especialmente relevante cuando el paciente continúa teniendo dolor después de la intervención. “Si después de una cirugía un paciente no va bien, no va bien porque el teflón no se ha puesto bien o está bien puesto. Esto cambia las cosas”, señala Belvis.

El dolor puede confundirse con un problema dental

La neuralgia del trigémino provoca episodios de dolor facial muy intenso, habitualmente descritos como descargas eléctricas de corta duración. Belvis recuerda que el nervio trigémino “transmite la sensibilidad de buena parte de la cara, por lo que el dolor puede afectar a la mandíbula, los dientes, la nariz o la zona alrededor de los ojos”. Precisamente por esta localización, el especialista asegura que el diagnóstico puede complicarse. Algunos pacientes acuden inicialmente al odontólogo, al otorrinolaringólogo o al oftalmólogo antes de llegar a Neurología. Belvis explica que llega a ser frecuente que algunos pacientes “hayan sido sometidos incluso a tratamientos dentales innecesarios antes de identificar la causa real del dolor”.

La demora diagnóstica puede prolongarse durante años, y por ello, el especialista considera importante “mejorar el conocimiento de esta enfermedad entre los profesionales que pueden recibir inicialmente a estos pacientes”.

Una arteria, detrás de la mayoría de los casos

Según Belvis, aproximadamente el 75 por ciento de las neuralgias del trigémino están relacionadas con una compresión vascular: “La arteria entra en contacto con la raíz del nervio y, con el tiempo, puede provocar una lesión de la mielina, la capa que recubre las fibras nerviosas”.

El resto de los casos puede tener otras causas, ya que, en pacientes jóvenes, “una de las principales causas secundarias es la esclerosis múltiple, mientras que en personas de mayor edad también pueden existir tumores que compriman el nervio”.

Por ello, el primer paso para el facultativo es determinar qué está provocando la neuralgia: “La resonancia magnética tiene un papel fundamental, aunque no siempre basta con una resonancia cerebral convencional. Para estudiar correctamente la relación entre el nervio y los vasos sanguíneos son necesarios protocolos específicos de alta resolución”.

De los fármacos a la cirugía

El tratamiento frente a esta enfermedad comienza normalmente con medicamentos: “Muchos de ellos proceden del ámbito de la epilepsia y algunos del tratamiento del dolor neuropático. Si el paciente consigue controlar los síntomas y mantiene una buena calidad de vida, puede continuar con tratamiento farmacológico”. Cuando los fármacos no funcionan, es necesario plantearse diferentes procedimientos. En los pacientes con una compresión vascular que son candidatos a cirugía, “la descompresión microvascular busca separar de forma permanente la arteria y el nervio mediante el teflón”.

Según la estimación del especialista, “aproximadamente un 12 por ciento de los pacientes acaba necesitando una intervención quirúrgica. Para quienes no pueden someterse a una descompresión microvascular también existen otras técnicas, como procedimientos percutáneos, radiocirugía o, en casos seleccionados y resistentes, técnicas más avanzadas de neuromodulación y ultrasonidos focalizados de alta intensidad”.

Saber dónde está el problema antes y después de operar

El proyecto Trigéminos pretende precisamente aportar una herramienta adicional en este punto. Si los resultados obtenidos en los diez pacientes previstos confirman las primeras observaciones, “la realidad virtual podrá ayudar a planificar la cirugía de forma personalizada y comprobar posteriormente que el teflón ha quedado correctamente colocado”. Belvis considera que la tecnología “es capaz de llegar a cambiar la forma de planificar estas intervenciones, aunque no necesariamente los criterios para decidir qué pacientes deben operarse”.

En Sant Pau, los próximos cuatro pacientes serán clave para completar esta primera fase del proyecto y comprobar si una reconstrucción tridimensional personalizada puede ayudar a resolver uno de los grandes retos de esta cirugía: “En un espacio de apenas unos milímetros, el cirujano pueda saber con precisión dónde está la compresión y comprobar después dónde ha quedado exactamente el material que debe mantener separado el nervio de la arteria”.