Jaime, futuro médico.

Jaime, futuro médico.

Estudiantes

De "no das la talla" a estar a las puertas de terminar Medicina: "El peor enemigo he sido yo mismo"

Tras estudiar un grado superior, presentarse tres veces a Selectividad y pasar un año por Enfermería, Jaime se trasladó a la otra punta del país para perseguir su sueño de estudiar Medicina

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Durante años a Jaime le hicieron creer que no daba la talla y que su sueño de ser médico quedaba lejos de su alcance. Sus inseguridades, nacidas de esos comentarios, se convirtieron en su principal obstáculo. "Muchas veces el peor enemigo que he tenido yo he sido yo mismo y he podido luchar mucho contra mí mismo para llegar hasta donde estoy", reconoce a Redacción Médica. Pero decidió intentarlo una y otra vez. Un grado superior, varios intentos de Selectividad, un año de Enfermería y un viaje de Granada, su ciudad natal, a Santiago de Compostela después, Jaime está a punto de terminar Medicina. "Estoy muy contento de ver ya la luz y de ver que he podido conseguirlo", añade.

Ahora, a través de las redes sociales, busca acabar con la imagen del "estudiante modelo" para acercarse a aquellos que no se ven representados en las rutinas perfectas o las asignaturas aprobadas a la primera. "Quería reflejar que existe otro tipo de estudiante también y que no pasa nada por no conseguirlo todo a la primera", detalla el sanitario, que aún asegura sentirse un poco perdido sobre lo que le deparará el futuro.

Jaime hizo un grado superior y se presentó tres veces a Selectividad

Aunque Jaime siempre ha tenido claro que su vida estaría vinculada al ámbito sanitario, explica que "nunca tuvo las herramientas para llegar a conseguirlo". "Era una persona muy insegura, tenía las metas, pero no sabía cómo alcanzarlas", detalla el futuro médico.

Algunos profesores de su etapa en el instituto grabaron a fuego en su cabeza "que nunca sería un buen estudiante, que no daba la talla". Esos comentarios le hacían sentir "mediocre", según explica Jaime, que se consideraba un estudiante "de lo más normal". Sin embargo, y con el apoyo incondicional de sus padres, al terminar Bachillerato decidió buscar otra vía para alcanzar su objetivo.

Se matriculó en el grado superior de Imagen para el Diagnóstico y Medicina Nuclear y después se presentó a Selectividad. "Fueron momentos duros, sobre todo de ver luego también que había gente que tenía menos nota que yo, pero como había echado fuera de Andalucía, si se iba y yo me tenía que quedar", explica. Durante las dos primeras veces, Jaime no concebía estudiar lejos de su tierra natal, Granada, y se quedó en ambas sin plazas.

Tras presentarse de nuevo y comprobar que las notas de corte seguían aumentando, "especialmente tras el covid", amplió sus opciones fuera de su comunidad. Pero antes pasaría un año por Enfermería. "También dudé, dudé bastante y dije, '¿y si me quedo?'", recuerda pensar en aquel momento. Ese año supuso su primera experiencia universitaria y una oportunidad para confirmar que quería dedicar su futuro profesional al cuidado de los pacientes.

"Fueron momentos duros, sobre todo de ver luego también que había gente que tenía menos nota que yo, pero como había echado fuera de Andalucía, si se iba y yo me tenía que quedar"

Marcharse a la otra punta del país para estudiar Medicina

Sin embargo, Jaime sentía que lo suyo era la Medicina por lo que, tras haber conseguido plaza a la tercera, cogió su maleta, mucha incertidumbre y la ilusión de cumplir un sueño y puso rumbo a la otra punta del país para poder estudiarla. "Para mí lo más difícil fue asimilar que lo más probable es que yo ya no volviera nunca más a vivir en mi casa con mis padres", afirma el futuro médico. Cuenta que llegó con 22 años, cuando muchos de sus amigos ya estaban terminando la carrera.

El traslado implicó además enfrentarse por primera vez a una independencia completa. "Llegas cansadísimo de la biblioteca y de la universidad, pero tienes que cocinar tú, poner las lavadoras tú, planchar tú y hacer absolutamente todo tú", relata. Y Medicina tampoco tardó en ponerle a prueba. Después de un buen año en Enfermería, llegó a Santiago pensando que podría mantener el mismo ritmo, pero la realidad fue diferente: le quedaron varias asignaturas. "Aprendes mucho a relativizar y a decir: bueno, esto tiene solución y lo podemos arreglar", señala.

En todo ese camino, destaca cómo su familia y sus amigos se volvieron pilares fundamentales. "No me he sentido solo en ningún momento allí", asegura. El apoyo de quienes compartían con él las exigencias de la carrera le ayudó a seguir en parte hacia adelante.

"Aprendes mucho a relativizar y a decir: bueno, esto tiene solución y lo podemos arreglar"

"Aunque parezca que no hay salida, siempre la hay"

Ahora, a las puertas de sexto de Medicina, Jaime mira atrás con la satisfacción de haber llegado mucho más lejos de lo que en su día pensó posible. "Ese niño pequeño que había luchado tanto por conseguir las cosas, al final, pues ha sido capaz", subraya. Su experiencia también ha sido la razón por la que decidió empezar a compartir su día a día en redes sociales, donde quiere mostrar una realidad diferente. "Hay otro tipo de estudiante también y no pasa nada por no conseguirlo todo a la primera", defiende.

Ahora afronta su último año todavía sin tener claro qué especialidad quiere escoger. "Estoy súper perdido. Ahora mismo no tengo todavía ni idea de nada", reconoce entre risas. Se trasladará a Vigo para realizar el rotatorio, una etapa que afronta "con ilusión" y que espera que le ayude a descubrir qué camino profesional quiere seguir.

Si pudiera hablar con su yo de hace unos años, Jaime tiene claro qué mensaje le trasladaría, así como a aquellos que puedan estar en una situación parecida: "Aunque parezca que no hay salida, siempre hay salida para todo. Solo hay que buscarla".