La gerente del Hospital Universitari Bellvitge, Montserrat Figuerola, se une al documento 'Lecciones del Covid'

"Las decisiones organizativas en sanidad hay que tomarlas con los clínicos"
La gerente del Hospital Universitari Bellvitge, Montserrat Figuerola.


12 jun 2022. 17.00H
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El Hospital de Bellvitge echa la vista atrás y rememora los dos años desde el primer caso de Covid-19 identificado en España. Uno de los principales centros hospitalarios de Cataluña atendió a miles de pacientes con coronavirus e incluso construyó un pabellón anexo al hospital para atender solo enfermos covid. Uno de ellos, Eduardo Lozano, ingresó en Bellvitge el 22 de marzo de 2020 y ha salido del hospital tras permanecer más de dos años. De todo ello hace repaso la gerente del Hospital Universitari Bellvitge, Montserrat Figuerola, que se une al documento 'Lecciones del Covid', impulsado por Redacción Médica. Figuerola destaca como aprendizaje de la pandemia que "las decisiones organizativas hay que tomarlas con los clínicos directamente".

¿Qué balance hace de la gestión de la pandemia tras dos años del primer caso del coronavirus Covid-19 detectado en España?

Nos ha tocado gestionar la mayor epidemia de la era moderna, que ha aunado alta transmisibilidad a través del contacto social y alta letalidad para grupos de edad avanzada y personas con factores de inmunodepresión, entre otros colectivos. Al inicio observamos la rápida progresión de casos en la comunidad, el colapso de los accesos telefónicos al sistema de salud y de los servicios de urgencias, lo impredecible de la evolución de los casos individuales, las dificultades iniciales para abastecimiento de EPIs de manera generalizada, la imposibilidad de disponer de tests diagnósticos a gran escala, etc..  A la incerteza y el temor se sobrepuso de forma rápida la capacidad de actuar de manera altamente coordinada y adaptada a las necesidades que se fueron presentando.

En el ámbito de acción política y social fue determinante la declaración del estado de alarma y confinamiento de la población. Esto potenció la toma de conciencia de la necesidad de actuar “todos a una” y facilitar la priorización de la respuesta sanitaria. Si me ciño a la experiencia concreta desde el ámbito de servicios sanitarios del que soy responsable, considero que el balance de la actuación durante la pandemia ha sido enormemente positivo, con importantes lecciones aprendidas. La comunicación ha sido fundamental en toda la pandemia para poder aportar respuestas coordinadas, informar y comunicar bien con familiares de enfermos aislados, así como para poder señalar los errores que se pudieran estar produciendo. En este punto, como país tenemos mucho recorrido para aprender de las lecciones vividas.

¿Cuáles cree usted que han sido los puntos más fuertes de la sanidad española a la hora de hacer frente a la pandemia? ¿Y los débiles?

Entre los puntos más fuertes destaco el disponer de profesionales bien formados, comprometidos y con vocación de sistema público, lo que ha permitido respuestas supraespecialidades y capacidad de saber reconocer lo prioritario. En segundo lugar, la capilaridad social del sistema de Atención Primaria del país. También el disponer de un sistema capaz de actuar en red y gestores que mayoritariamente se pusieron al frente de los requerimientos de adaptación de los dispositivos asistenciales. Por último, el sistema de información clínica potente, del que también se han manifestado las debilidades de integración.

Por el contrario, los puntos débiles de nuestra sanidad son los siguientes. La estructura de salud pública es débil, con cierta rigidez y escasez de medios integrados con el conjunto del sector. Un sistema sanitario que ha desarrollado poco las estructuras de apoyo y comunicación con los pacientes más allá de la relación profesional de médicos y enfermeras con los pacientes. La pandemia puso de manifiesto la necesidad de dimensión de las áreas de críticos y el requerimiento de reservas estratégicas ante catástrofes. Precisamente el levantamiento por el estado de alarma del modelo burocrático de control de la contratación pública nos ha hecho pensar que entre la urgencia y el control burocrático puede haber otras herramientas de transparencia y concurrencia que no dificulten hasta lo imposible las necesarias inversiones en el sector público.

¿Cree usted que la sexta ola será la última 'gran ola' de la pandemia?

Es francamente difícil tener certezas al respecto, aunque la opinión de los expertos parece coincidir en que no habrá nuevas olas con impacto clínico por el nivel de vacunación que  otorga un alto nivel de protección frente a la aparición de clínica grave, aunque no impide el contagio y la infección. De todas maneras, siempre hay la salvedad del carácter mundial de la pandemia y que vivimos en un mundo globalizado con contactos múltiples continuados. Alguna variación del virus en relación a la protección vacunal podría desencadenar nuevas olas.

¿Es el momento de gripalizar el seguimiento el Covid-19? ¿Cómo debe ser el seguimiento de la enfermedad llegado ese punto?

Entiendo que es lo más correcto. Convive la práctica de cuarentenas y bajas laborales en aquellos asintomáticos que tienen un test positivo con la seguridad que hay muchas más personas no testadas que hacen vida normal. Nos ayudaría a recuperar la normalidad si somos capaces de utilizar mascarilla ante síntomas respiratorios estén o no testados. Recordemos que en 2020 y 2021 prácticamente no tuvimos agudizaciones respiratorias por otros virus ni por gripe. Seguramente que el uso sistemático de mascarillas contribuyó. Podría ser un aprendizaje a practicar.

¿Qué aprendizaje personal le deja usted la pandemia del Covid-19?

Destacaría algo que sabemos y que a veces no practicamos suficiente: las decisiones organizativas hay que tomarlas con los clínicos directamente. Cuando los profesionales conocen el por qué de las soluciones adoptadas actúan sin fisuras. También es cierto que buscan la iniciativa planificadora en los directivos y gestores y especialmente en las decisiones que afectan a cambios importantes para la gente.

Otra lección es la importancia enorme de las charlas, el compartir vivencias entre profesionales. En nuestros hospitales nadie estaba acostumbrado a asistir a la cantidad de personas que murieron en la primera ola, a tomar decisiones difíciles basadas en pronóstico y prioridades. Favorecer el poder sacar los miedos y las incertezas es fundamental, tanto a través de apoyo psicológico de profesionales de soporte como propiciando los espacios de conversación.
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