Con esto se marca la hoja de ruta para mejorar el bienestar emocional y prevenir problemas de salud mental

Carolina España, portavoz del Gobierno de Andalucía
Carolina España, portavoz del Gobierno de Andalucía.


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El Consejo de Gobierno ha aprobado el Plan Estratégico de Salud Mental y Adicciones (Pesma-A) para el periodo 2026-2029, que, dotado con 194.670.905 euros, marca la hoja de ruta para mejorar el bienestar emocional de la población andaluza, prevenir los problemas de salud mental y las adicciones y garantizar una atención integral, equitativa, accesible, de calidad y centrada en las personas.

El plan se centra en la atención a los problemas de salud mental en Andalucía potenciando los recursos asistenciales a nivel ambulatorio, los sistemas de hospitalización parcial y la atención domiciliaria e incluye las hospitalizaciones de pacientes en unidades hospitalarias de salud mental. Así, se estructura en seis líneas estratégicas, 13 objetivos estratégicos, 51 programas y 200 actuaciones concretas.

En este sentido, constituye el principal instrumento de planificación, de coordinación, ejecución y evaluación de las actuaciones dirigidas tanto a la promoción como a la prevención, atención, reducción de daños y de incorporación social en el ámbito de la salud mental y las adicciones, incluyendo tanto las adicciones a sustancias como las comportamentales. Se erige como el marco estratégico de referencia, orientando la actuación coordinada de todas las administraciones, entidades y servicios que inciden en el ámbito de la salud mental y las adicciones de la población andaluza.

Líneas estratégicas del plan


La primera de las líneas estratégicas se centra en la promoción y prevención de la salud mental y las adicciones. Con el objetivo de promover el bienestar emocional mediante la prevención, la detección precoz y la atención integral en salud mental y adicciones, mejorando la salud física y reduciendo las conductas suicidad, prevé implantar programas de educación emocional en los centros educativos, para la detección precoz de conductas de riesgo en adolescentes, y también en entornos familiares, así como desarrollar programas específicos de prevención del suicidio.

La segunda línea tiene como objetivo fomentar un modelo público de atención comunitaria de intervención y mejorar la coordinación entre Salud Mental, Adicciones y Atención Primaria, basado en la proximidad, la equidad y la integración de servicios, que sitúe a las personas y sus entornos en el centro de las políticas públicas y garantice respuestas coordinada, inclusivas y sostenibles con medidas como la incorporación de profesionales de psicología clínica en Atención Primaria, la creación de centros de escucha comunitarios, la sensibilización en empresas y el refuerzo de la coordinación entre sistemas sanitario, social y educativo.

La tercera línea estratégica se centra de forma específica en la atención infanto-juvenil. Pretende ajustar los recursos y programas específicos a la demanda de atención de los menores de 18 años, con especial atención a las adicciones comportamentales, con acciones como la creación de hospitales de día para la atención infanto-adolescente, equipos especializados en las unidades de salud mental comunitaria, unidades de hospitalización breve y residenciales para menores con problemas de adicciones. Además, se habilitarán programas ambulatorios específicos para menores de 18 años y atención especializada a TEA (trastornos del especto autista) y TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad).

Para casos complejos, la cuarta línea estratégica promueve medidas para una respuesta coordinada, continuidad asistencial y equidad en el acceso. Así, se crearán redes asistenciales específicas para trastornos de conducta alimentaria, programas para trastornos de personalidad y para personas con discapacidad intelectual y salud mental; además de unidades integradas para patología dual (salud mental y adicciones).

Otra línea de actuación está dedicada a la humanización y la participación social de personas con enfermedad mental. Entre las medidas más destacadas están el desarrollo de centros de día basados en actividades motivacionales, programas de sensibilización para reducir el estigma social, desarrollo de recursos residenciales o creación de redes de apoyo mutuo entre personas con experiencia en salud mental y adicciones.

Finalmente, para atender a personas en situación de especial vulnerabilidad, la sexta línea estratégica recoge ofrecer atención específica a mujeres víctimas de violencia de género y violencia sexual, personas en instituciones penitenciarias, mayores, personas en situación de sinhogarismo, migrantes o en situación de dependencia, con programas especializados e intervención integral; además de la creación de una oficina de atención a las personas con problemas de salud mental.
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