MIR sentado en el pasillo de un hospital.
La
residencia MIR es una etapa de formación exigente, marcada por jornadas intensas, guardias de 24 horas y una alta presión asistencial desde los primeros meses. Ese desgaste suele asociarse al cansancio o al burnout, pero el hecho de padecer estrés de forma crónica impacta directamente en el organismo. Así, coincidiendo con las jornadas de
elección de plazas MIR 2026, el endocrino
Antelm Pujol ha querido recordar un estudio publicado en Biological Psychiatry hace unos años para señalar que
"no es solo burnout: es daño biológico".
"Ser médico puede envejecerte 6 veces más rápido", ha señalado Pujol en X, donde ha resumido una de las principales conclusiones del trabajo: durante la residencia se observó una
pérdida media de 143 pares de bases en los telómeros en solo un año, una cifra aproximadamente seis veces superior al acortamiento anual considerado habitual. A su juicio, el dato va más allá del desgaste emocional asociado a la profesión.
El estudio, realizado sobre 250 internos de primer año en 55 hospitales de Estados Unidos durante el curso 2015-2016, partía de una premisa concreta: la
residencia MIR es una experiencia prolongada, intensa y reconocida como estresante, por lo que puede servir como modelo para estudiar cómo el
estrés crónico impacta en el organismo.
El estrés de la residencia llega al ADN
Los telómeros son los extremos protectores de los cromosomas, una especie de estructura que ayuda a preservar la estabilidad del ADN. Su acortamiento se ha relacionado en la literatura científica con el
envejecimiento celular y con determinados riesgos de enfermedad. Por eso, los autores quisieron comprobar si una etapa de estrés sostenido, como el primer año de residencia, podía medirse también a través de este marcador biológico.
Los resultados mostraron un
acortamiento significativo de la longitud telomérica durante el año de internado. Antes de comenzar la residencia, la media era de 6.465,1 pares de bases. Al finalizar el primer año, descendió hasta 6.321,5. La reducción media fue de 143 pares de bases, una magnitud que los investigadores compararon con datos previos de un metaanálisis y que resultó ser seis veces mayor que la pérdida anual típica.
La investigación, que ya recogió
Redacción Médica, también detectó que algunos factores previos, como haber vivido entornos familiares estresantes en etapas tempranas o presentar rasgos de neuroticismo, se asociaban con una menor longitud telomérica antes de iniciar la residencia. Sin embargo, cuando se analizó qué elemento se vinculaba de forma clara con una
mayor pérdida de telómeros durante el año de formación, emergió un factor concreto: las horas trabajadas.
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