Redacción Médica
21 de julio de 2018 | Actualizado: Sábado a las 13:50
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Desfibriladores de uso público: cómo salvar 7.500 vidas al año

La presencia de estos dispositivos puede doblar la supervivencia de la resucitación cardiopulmonar

De pie: Adrián Díaz y Juan Carlos Gómez . Sentados: Ignacio Fernández, Marcos Domínguez y José Luis Jiménez.
Desfibriladores de uso público: cómo salvar 7.500 vidas al año
Marcos Domínguez
Joana Huertas / Cristina Cebrián
Jueves, 29 de diciembre de 2016, a las 09:00
Los desfibriladores de uso público llevan ya unas décadas entre nosotros. Sin embargo, hay algunas comunidades que tienen reguladas su implantación en edificios públicos, con afluencia de personal, etc. Otras, no tanto. Se calcula que unas 30.000 personas mueren en España cada año por muerte súbita y que el uso estos dispositivos podría reducir en un buen número esas muertes.

Adrián Díaz Bravo, director de Desarrollo de Negocio de Philips Ibérica: Estos equipos de desfibrilación externa semiautomática entre nosotros llevan 20 años. De hecho Philips este año cumple el 20 aniversario del desarrollo de su desfibrilador. Como tal, la tecnología básica lleva usándose este tiempo para el tratamiento de las paradas cardiorrespiratorias, de las desfibrilaciones ventriculares. Es cierto que hemos ganado en seguridad en su uso y mantenimiento, y ha aumentado la capacidad del propio equipo de ayudar a la persona usuaria. Nunca ha supuesto un peligro para los usuarios: la seguridad, no solo para el paciente sino para las personas que están alrededor y que lo están usando, ha sido siempre el pilar del desarrollo de esta tecnología.

En el reciente Congreso de la Sociedad Española de Cardiología se presentaron datos de cómo este tipo de desfibriladores podría reducir el número de muertes por parada cardiorrespiratoria. ¿Cómo ha sido la experiencia de este tipo de aparatos públicos?

Adrián Díaz explica que los desfibriladores externos no requieren mantenimiento.

Ignacio Fernández Lozano, secretario general de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) y Presidente del Consejo Español de Resucitación Cardiopulmonar: La experiencia global es muy buena. La presencia de un desfibrilador en el estudio ‘ROC’, que es uno de los estudios más complejos que se ha hecho nunca en Medicina, doblaba la tasa de supervivencia. Haciendo todo lo mejor se conseguía un porcentaje de supervivencia del 15 por ciento, que ya es muy alto, y utilizando todo lo anterior más el DEA, suponía una supervivencia del 30 por ciento. Si lo extrapolamos a las aproximadamente 30.000 muertes súbitas que tenemos en España, salvaremos 7.500 vidas. Eso es mucho más del doble que los accidentes de tráfico de toda España. Comparándolo con lo que hacemos con el tráfico a nivel de recursos, Administración, Guardia Civil, campañas de publicidad, etc. vemos que hemos avanzado mucho porque hemos reducido los muertos de 9.000 a menos de 3.000, y en la muerte súbita no hemos avanzado nada. Tenemos una tasa de implante [de desfibriladores] de 2,4, más o menos, por 10.000 habitantes; Europa está en el 12-14; Japón, en el 48.

¿Cómo de fácil es acceder a este tipo de desfibriladores? ¿Se conocen? ¿Se conoce su uso?

José Luis Jiménez Arana, vocal de la junta Directiva de Cardioalianza: En general, en el entorno de la medicina, el paciente no está lo suficientemente informado. Como dice el título de la charla, ‘la rapidez es lo esencial’. De los 30.000 casos de muerte súbita que se producen en España está demostrado que el porcentaje que se puede salvar es enorme, y está demostrado también que la medicina de la evidencia sitúa, ante las pruebas estadísticas, que tener la disponibilidad de un desfibrilador de forma rápida es salvar vidas. Además está demostrado que los aparatos cada vez son más simples, como nos pasa en toda la tecnología. ¿Quién, hoy en día, no está conectado con cualquier sitio del mundo con un smartphone? En un caso de urgencia, todo el mundo tiene un smartphone y puede llamar al 112, pero ¿y mientras llegan? Ahí viene la necesidad de utilizar un desfibrilador. No es necesario recurrir, como antiguamente, a especialistas formados en la quintaesencia de la tecnología: hoy los aparatos son tan simples, sencillos e instructivos que no hay nada más que escuchar lo que te va dictando el aparato, y eso salvaría tantas vidas que hay que hacer lo que sea porque se implanten adecuadamente..

Juan Carlos Gómez, especialista en Emergencias del Gabinete de Estudios del Consejo General de Enfermería: La gran ventaja que tiene el DEA es que prácticamente no necesitas formación. Los extintores tienen que tener al lado un diagrama de cómo manejarlo. Sin embargo, lo bueno que tiene el DEA es que te lo va explicando él, solo tienes que escucharlo. ¡Es tremendamente seguro! Ya eso no es discutible. ¿Estudios? Ya no hay que justificarlo: Ignacio acaba de dar un dato brutal, 7.500 vidas salvadas, son dos años de accidentes de tráfico, o un estadio de baloncesto repleto de gente. Con una vida salvada ya habría que estar a favor de ellos, pero estamos hablando de muchas vidas salvadas y unos ratios de supervivencia alucinantes. He trabajado durante muchos años en emergencia hospitalaria y, por más rápido que vayamos, tardamos tiempo en llegar desde que sucede el aviso. Por más rápidos que seamos, esos seis minutos que tardamos ahora mismo en Madrid en llegar son una eternidad con un corazón parado. Es la vida o la muerte.

Para José Luis Jiménez, la farmacia es el lugar idóneo donde instalar un DEA.

Había una iniciativa hace poco vía on-line sobre la despenalización del uso de desfibriladores públicos por parte del personal que no ha recibido la formación.

Adrián Díaz: Esta iniciativa tiene el objeto que la sociedad sepa que no debería estar penalizado el uso de un desfibrilador o la atención a una persona que sufre una parada cardiorrespiratoria, porque mal no le puedes hacer. Es decir, nadie te puede acusar de que estás ayudando a una persona y le vas hacer un mal mayor al que ya tiene. Si tienes un DEA, úsalo. Haz una resucitación cardiopulmonar, no hay que tener miedo a que nadie te pueda acusar por haber intentado salvar una vida. Retornemos a la ley del buen samaritano que todas las familias, o todos los padres, queremos enseñar a nuestros hijos: ¡ayuda al prójimo! Mal no le puedes hacer, y más en este caso.

Juan Carlos Gómez: Gracias a Dios, estamos en Europa, no en Estados Unidos: aquí el actuar no está penalizado. Lo que está claro es que en la resucitación cardiopulmonar, y sobre todo en la utilización de DEA, de desfibriladores externos automatizados, se ha demostrado que el riesgo lesional o de agravamiento de la situación es prácticamente desechable. En cuanto a la utilización del DEA, es cero. Y en cuanto hacer una resucitación en la calle, vuelvo a repetir, es más lo que salvas que lo que puedas lesionar en un momento determinado.

Ignacio Fernández Lozano: En Estados Unidos la legislación es muy intrusista con respecto a la actuación médica. Es un país con más demandas, con los seguros de responsabilidad civil de los médicos más caros. Por eso, en ese escenario hicieron la ley del Buen Samaritano. En Europa no se ha regulado porque esa cultura no existe, sólo en España donde nuestros legisladores han legislado tarde y mal. Igual que nos ocurre en muchas etapas en nuestro país que tan reglamentista es y que los informáticos nos ponen unas contraseñas en todos los centros de trabajo tan perfectas que acaban en post-it en las pantallas de los ordenadores porque si no, no hay forma de acordarse. La única forma de hacer daño con un DEA es descolgarlo y darle muy fuerte en la cabeza a alguien. Luego podemos discutir en qué sitio debería de ser obligatorio pero, desde luego, ponerle dificultades a alguien que quiera a poner un DEA, es un disparate, es como no dejarte poner un extintor o impedir a alguien que se ponga dos cinturones de seguridad o que vaya en dos límites de velocidad.

José Luis Jiménez: Luchamos con 17 sistemas sanitarios: cada uno puede reglamentar su área como mejor entienda y ocurre con el uso de desfibriladores. La provincia de Girona es pionera en instalar desfibriladores en todos los municipios, y han demostrado ya cómo han salvado vidas porque en un pequeño pueblecito, perdido casi en el Pirineo, un hombre ha tenido un infarto agudo de miocardio y la disponibilidad de tener en un entorno cercano un desfibrilador le ha permitido sobrevivir.

Las comunidades más avanzadas son solamente cuatro: Andalucía, Cataluña, Canarias y País Vasco. Madrid ahora está comenzando ese camino legislativo para poder implantar este tipo de aparatos en edificios con gran afluencia de personal.

Ignacio Fernández Lozano: Pretende hacer una ley de cara a la protección en toda la Comunidad Autónoma. Nosotros no hemos tenido acceso al decreto, está en fase de alegaciones públicas pero nadie ha visto ningún borrador. Se supone que debería de estar en la página web y las instituciones sanitarias no han sido consultadas. Parece ser que lo que se anuncia es que van a intentar fomentar el uso de estos desfibriladores. Creo que todas las medidas que van en esa dirección bienvenidas sean, sobre todo si no se restringe a ningún pequeño comerciante que lo quiera poner en un restaurante, en una tienda, en cualquier sitio público, en una comunidad de vecinos. Nos gastamos un dineral en extintores en todas las comunidades de vecinos del país para proteger la propiedad y por el fuego mueren en España menos de 200 personas. El Ministerio de Industria tiene una de las leyes más garantistas en la lucha contra el fuego, y tenemos en cualquier espacio público extintores, avisos y detectores de humo, nadie lo cuestiona y nos estamos gastando un dineral. Tenemos que empezar a compararnos con esto porque el número de vidas que salvamos no es comparable.

Un momento del debate en el plató de Sanitaria 2000.

Un momento del debate en el plató de Sanitaria 2000.


¿Cuál es la vida media de un aparato? ¿Qué necesidades de mantenimiento tienen?

Adrián Díaz: A día de hoy tienen una vida media aproximada, para espacios públicos, de 15 años o más. Son equipos que se usan muy poco por suerte, pero si hay que usarlos tiene que estar disponible. No necesitan un mantenimiento reglado, se revisan todos los días, ellos mismos hacen sus auto-chequeos para determinar si sus electrodos están correctos, si su batería puede dar la energía necesaria en caso de una intervención, si sus condensadores o sus circuitos internos están operativos. Todos esos equipos se revisan solos durante todos los días, todas las semanas, todos los meses. En caso de que haya algún problema –la batería se puede acabar, los electrodos se pueden caducar– es el propio equipo quien avisa al operario mediante pitidos y señales. No necesita, al igual que los extintores, que se revisen todos los años.

Juan Carlos Gómez: Para la protección de los bienes, en España hay mucha regulación, con controles de mantenimiento exhaustivos, etc., y, sin embargo, para la salud no. ¿Por qué? Pues porque estamos hablando de muerte, quizás la única verdad que tengamos todos desde que nacemos y a lo mejor estamos acostumbrados a ello. Las administraciones juegan con eso. Tenemos que exigirle a la Administración que los instale en todos los sitios públicos y privados donde haya aglomeración de gentes. ¿Cómo se paga? Los extintores están puestos y nadie discute cómo se pagan. Unos los paga la Administración, donde estén y sean sus competencias, y otros los pagan los privados: en mi casa yo lo pago y nadie discute eso. Y después, que las administraciones no pongan puertas al campo, que dejen poner los DEA. Lo que tienen que ser importantes son los registros, para los servicios de emergencias. El operador, cuando recibe una llamada, tiene que saber dónde está el DEA más cercano para vehiculizar inmediatamente a un ciudadano que vaya a morir. Tenemos que ponernos de acuerdo en cuál es la señalética en todas las comunidades autónomas. Todos identificamos el extintor, y volvemos al mismo ejemplo, deberíamos identificar también dónde está el DEA.

Fernández Lozano subraya cómo los DEA pueden doblar la tasa de supervivencia de la resucitación cardiopulmonar.

Ignacio Fernández Lozano: Las cifras son muy claras. Hay dos condiciones para decidir dónde se pone un DEA. Donde se acumule mucha gente y donde se acumule riesgo, como podría ser un centro sanitario, una residencia de ancianos o centros deportivos, donde se concentra un mayor porcentaje de muerte súbita.

Soy un poco autocrítico, creo que los enfermeros, los médicos, tenemos el bien más preciado que es la vida, la salud, y no lo sabemos vender bien. Algo estamos haciendo mal para que con lo más importante no nos hagan caso. Los bomberos, las compañías de seguros, los que llevan la bandera de la lucha con el fuego, lo hacen mucho mejor que nosotros porque consiguen una legislación que nadie cuestiona y unos resultados envidiables. En muerte súbita no, nos pasa cualquiera: Alemania, Francia, Italia, Grecia…

Se estima unos 10.000 aparatos en España frente a 100.000 en Francia, 80.000 en Alemania o 50.000 en Reino Unido.

Ignacio Fernández Lozano: Y yo creo que estamos todavía más lejos que eso. Lo que es peor: la brecha aumenta, año a año vamos a peor. Otros países hacen planes, las ciudades hacen planes. París instaló el año pasado 9.000 DEA; el Ayuntamiento de Madrid, tres.

José Luis Jiménez: Es que de lo que estamos hablando es de atender a  una emergencia vital y esto tiene que formar parte del sistema sanitario y del sistema de emergencias. Desde que se recibe la llamada y se ponen en marcha los mecanismos hasta que se llega al lugar donde se ha producido la incidencia, transcurre un tiempo que es vital. La disponibilidad de estos dispositivos en un entorno más cercano y la concienciación y el conocimiento por parte de la población en general, va a ayudar y favorecer a que el sistema de urgencias funcione mucho mejor y permita salvar las vidas.

Porque ¿qué es lo que se nos pide a la población? Ayudar a atender de una forma inmediata a esa urgencia vital mientras que llega el profesional, que va a poder hacerlo todo mejor que nosotros, pero está demostrado que esos primeros minutos son los más importantes y la disponibilidad este equipo nos permitirá salvar esa vida. Entonces, ¿dónde tienen que estar los equipos? ¡Distribuidos! Tienen que estar distribuidos por el territorio y en una gran ciudad, aparte de muchos centros públicos y centros donde se reúne mucha gente, pueden estar también en otros sitios cerca del ciudadano. Se me ocurre pensar en las farmacias. Hoy en día, además, hay farmacias que tienen periodos abiertos muy amplios y probablemente la gente que esté en el barrio conozca dónde hay una farmacia y estará a no más de 200 o 300 metros de distancia.

Ignacio Fernández Lozano: Además en España hay 26.000 farmacias y en todos los pueblos de 500 habitantes hay una, es un ejemplo estupendo, pero has dicho una cosa que no me ha gustado, que es el horario de apertura. En Francia, en Alemania, en Holanda, etc. están en la calle y no los roban. Poner un sistema antirrobo es muy sencillo y, por otro lado, lo robas y ¿para qué te sirve? Tenemos en España un miedo a eso que no lo veo justificable. En centros de salud se compran un DEA y se dejan fuera. Si usted compra un DEA lo pone en la calle, bien visible porque va funcionar 24 horas al día, no es para enfermero, no es para el médico, es para el público.

José Luis Jiménez: Detrás de esto hay un problema de educación. Si dentro de esas campañas y proyectos que se hacen para salvar vidas en la carretera se hicieran otras señalando lo que significa un infarto agudo de miocardio y la urgencia en atender a esa persona… Sólo pensando en lo que nos puede pasar a nosotros mismos, si hay alguien al lado que cuando nos ve tendido en el suelo inicia la aproximación y pone en marcha ese mecanismo de urgencia, estaremos mucho más tranquilos y confiados.

Ignacio Fernández Lozano: Cuando pasa algo en la calle, la UVI móvil tarda bastante en llegar y el primero que lo hace muchas veces es la Policía Nacional, la Policía Municipal, la Guardia Civil. ¿Qué costaría que en cada coche de policía nuevo que se comprara en España tuviera un DEA? Sería muy barato. Formar a los policías con un curso de básico de cuatro horas sería sencillo y estarían dispuestos a hacerlo.

¿Qué costaría poner un DEA en cada autobús y formar a los conductores? Además, llevan un GPS y están localizados y en contacto con el Samur y con el Summa y con la Policía Municipal de Madrid. Tendríamos muy fácil para hacer de nuestras ciudades un entorno protegido, y sin embargo no lo hacemos porque no hemos tomado conciencia.

Juan Carlos Gómez: Eso va dentro de un concepto de seguridad que todavía no tenemos: al sanitario no se le entiende dentro de la seguridad. A los servicios de emergencias de Madrid y nos costó llegar al político para que cuando se produjo la visita del Papa había un elemento de seguridad importante: hubo 2.000 asistencias sanitarias y eso nadie lo tenía en cuenta. Todo el mundo estaba con que si iban a atentar contra el Papa. El otro concepto de seguridad todavía no lo tenemos.

Juan Carlos Gómez cree que no puede seguir siendo noticia la compra de desfibriladores.

Hemos enseñado a policías, hemos enseñado a bomberos, también dimos cursos en la Empresa Municipal de Transporte de Madrid y el Metro, hemos estado enseñando a una serie de gente pero se sigue sin dar ese concepto. Me dan envidia sociedades americanas como la American Heart Association, la Sociedad Americana del Corazón, que es peor quizás que la de aquí de Cardiología, y sin embargo ellos se han vendido a todo el mundo, se les conoce en todo el mundo. ¿Por qué? Porque han hablado con el pueblo, han enseñado una RCP (resucitación cardiopulmonar) básica. Eso falta en España.

Sobre la accesibilidad, estoy absolutamente de acuerdo: tenemos que estar abiertos las 24 horas, la parada cardiaca sucede a cualquier del día, sábados y domingos, festivos, Navidad...

Adrián Díaz: En Girona, como comentaba José Luis, están puestos en la calle y nadie los roba. Hay 450 desfibriladores por todo Girona, nadie los roba y son de acceso público. Pero no pasa porque la gente sabe lo que es y para lo que sirve, y sabe que no hay nada de divertido en robar un desfibrilador.

Hay inequidad en las comunidades autónomas, pero ¿son suficientes las legislaciones que ya existen sobre la implantación y el uso de estos desfibriladores?

Ignacio Fernández Lozano: En España, a principios de los 90 había 9.000 muertos en accidentes de tráfico, éramos la vergüenza de Europa. Hicimos un plan: carreteras mejores, el plan Prever, el carnet por puntos, campañas de publicidad muy agresivas que fueron a veces muy criticadas. Hubo un cambio social: antes, unos decían “yo voy a Madrid-Bilbao en cuatro horas” y el de al lado contestaba que en tres horas y media. Hoy en día nadie presume de correr porque hemos asumido que correr es poner en peligro a tu vecino, al que va en el coche a tu lado. En esto tiene que pasar lo mismo, deberíamos hacer un plan, con ayuntamientos, con policías, con farmacias… y concienciar a la ciudadanía de que esto es importante, que son 30.000 muertos. En Suecia, con nueve millones de habitantes, tienen tres millones de dispositivos. En Dinamarca va a ser obligatorio hacer un curso de RCP para renovar el carnet de conducir. Eso es lo que me gustaría tener, una concienciación nacional desde todos los puntos de vista, con el Ministerio de Sanidad, con las comunidades autónomas, con el Ministerio del Interior, con la Guardia Civil, con la Dirección General de Tráfico, con los ayuntamientos.

En España somos el número uno desde hace más de 20 años en trasplante. No porque seamos más listos ni más buenos ni nos organicemos mejor. Somos el número uno porque tenemos el mejor porcentaje de ‘síes’ a la donación del mundo. Los ingleses, han puesto millones de libras esterlinas y no nos alcanza ni del suerte. Nuestra población es solidaria. Aquí hay que hacer lo mismo, pensar que si se para el corazón del vecino el español de al lado le va a reanimar y va a buscar un DEA. Tenemos el ‘sí’ y lo estamos tirando porque no conseguimos implicar a las autoridades. Podríamos llegar al 30 por ciento de vidas salvadas, y eso son 7.500 vidas, no hay nada ni nadie que consigue salvar eso en cinco años, salvo con un plan de RCP.

Juan Carlos Gómez: No hay que olvidar que tiene que llegar también a las escuelas: el cambio lo van a hacer los ciudadanos del mañana. En los años 90 se empezaron a dar cursos de Seguridad Vial, iban los policías a los colegios, y ahora mismo se están viendo los resultados. A lo mejor tiene que ir un médico o una enfermera a las escuelas. Lo que no puede ser es que sea noticia cada vez que una institución compra un DEA  y lo pone colgado en su pared. ¡No! Eso tiene que ser algo normal, cuando alguien quiere comprar un extintor no es noticia. Cuando deje de ser noticia que yo compro un DEA para el Consejo General de Enfermería, entonces ese será uno de los momentos de gran cambio porque estará asumido socialmente.

Los invitados se han mostrado de acuerdo en que la educación es un pilar fundamental para evitar las muertes súbitas.

Los invitados se han mostrado de acuerdo en que la educación es un pilar fundamental para evitar las muertes súbitas.


Adrián Díaz: Los niños de hoy serán los legisladores del futuro y, por más que se haga a día de hoy, si hay un legislador con los oídos cerrados ni la va a escuchar. Entonces hasta que no haya un legislador educado en la RCP, en el uso del DEA y en salvar vidas, no se va a llegar a nada, por más que se alce la voz, si el que está arriba no quiere escuchar no vamos a conseguir nada.

¿Ven el día en que habrá un desfibrilador al lado de un extintor en cualquier edificio, ya sea un edificio de oficinas, ya sea un edificio público, ya sea unas instalaciones deportivas, ya sea un edificio de viviendas?

Juan Carlos Gómez: Yo sí lo veo. Es una bola de nieve que se ha lanzado y que no se va a poder parar porque está ahí la evidencia científica, porque están ahí los datos, porque están ahí las realidades y la tecnología. Ahora, el esfuerzo va a ser prolijo para llegar a esa situación. Se llegará pero tenemos que hacer un esfuerzo en conjunto de todos.
 
Para no acabar con una mala sensación, los médicos de este país lo hacen muy bien, las enfermeras de este país lo hacen muy bien, los ciudadanos ayudan mucho. Los primeros respondientes, policías, bomberos, guardias civiles, lo están haciendo muy bien y creo que se está haciendo mucho, pero es que todavía se puede hacer más y se puede llegar a la excelencia. Yo creo que por una vida merece la pena, solo por una vida, estamos hablando de miles, por una vida merece la pena.

Conclusiones del debate.

José Luis Jiménez: Necesitamos que todo el mundo esté concienciado y formado. Entonces, ya se buscará la forma de cubrir la necesidad. Se ha dicho que somos muy solidarios, aunque no seamos asociativos porque, desgraciadamente, nos falta llegar al núcleo de la población. Hay que entrar también en la valoración del futuro. Cuánto significa el ahorro en costes de una persona que sufre un infarto agudo de miocardio según cómo haya sido atendido y según las secuelas que le hayan podido quedar. Es una valoración complicada, pero que demuestra muy fácilmente que la inversión en estos equipos es muy rentable y llegarán, claro, cuando se conciencien de que esto también les afecta a los que disponen de la autoridad para establecer las leyes y los presupuestos.

Ignacio Fernández Lozano: Afortunadamente, no necesitamos tantos desfibriladores como extintores tenemos. Lo que sí que necesitamos es tener conciencia del problema y darle continuidad. Hay muchas gente que hace muchas cosas bien pero muchas veces no se tiene un poquito de continuidad y no se tiene conciencia para darle a esa actividad la importancia que tiene para el primer interviniente: bomberos, policía, gente que trabaja de cara al público. Esa conciencia que la resumo en la idea de hacer un Plan Nacional que agrupe a todos los estamentos en donde todos podamos diagnosticar bien el problema, concienciarnos de que nos estamos quedando atrás en Europa, de que todos tenemos que remar en la misma dirección. Son los centros sanitarios los que podrían cubrir eso, también los servicios de emergencias, ayuntamientos, y a veces pueden ayudar las farmacias, todo suma.

Adrián Díaz: Hoy a día de hoy son 30.000 muertes, pero no sabemos si dentro de 10 años, con el ritmo de vida que llevamos, serán muchas más y esto caerá por su propio peso. Se ven los resultados ahora de la educación vial de los 90. Probablemente, en los 2020 o 2025 se verán los resultados de esa educación en RCP, si sabemos desde las instituciones y desde la industria fomentarla. Contamos con la solidaridad ciudadana, ahora nos falta que se legisle, que haya interés por parte de las administraciones, y partiendo de la educación llegaremos a ello.

Primera parte del debate.

Segunda parte del debate.