Los grandes datos poblacionales o los relojes biológicos desmontan terapias anti edad sin base científica

Estudios, biobancos y epigenética contra la promesa fake de la longevidad
Diego Ramiro, director del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del CSIC.


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La investigación sobre longevidad demanda algo particular en los últimos tiempos. Al igual que las fake news afectan a todo lo relacionado con la veracidad de la información, la evidencia más solida puede ser de ayuda para no hacer caso de promesas espectaculares.

Frente a la proliferación de terapias, suplementos y "píldoras de la vida larga", los expertos insisten en que los avances más consistentes no vienen de fórmulas milagrosas, sino del análisis riguroso de cómo envejecemos y por qué. Todo ello basado en grandes datos poblaciones. 

De hecho, uno de los hallazgos más señalados apunta al inicio de la vida ya que la salud en la primera infancia condiciona de forma decisiva la longevidad.


Registros longitudinales y biobancos


Desde el ámbito demográfico, Diego Ramiro, director del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del CSIC, subraya que una de las grandes revoluciones recientes es el uso de registros longitudinales de población.

A diferencia de los estudios clásicos con muestras limitadas, estos sistemas permiten seguir a poblaciones completas durante años. "Aquí estamos hablando de registros longitudinales que contemplan el conjunto de la población de una región o de una nación", explica. Estos registros administrativos, enlazados con variables socioeconómicas como educación, empleo o estructura familiar, permiten estimar esperanza de vida y longevidad con mucha mayor precisión.

En países como Reino Unido, además, estos registros se conectan con biobancos, abriendo la puerta a una segunda gran línea de avance. Se trata de los marcadores biológicos del envejecimiento. Ramiro destaca el auge de los llamados relojes biológicos, "genéticos como epigenéticos, que te permiten determinar a qué ritmo está envejeciendo el organismo, independientemente de la edad cronológica". Estos sistemas no solo estiman la edad biológica real, sino que identifican qué órganos envejecen más rápido, con potencial para afinar la medicina personalizada.

Pero junto a la biología molecular, la evidencia poblacional refuerza el peso de los determinantes tempranos. "Hay otra parte del registro longitudinal que tiene un enfoque sobre los determinantes sociales y los determinantes de salud que van a afectar a la edad adulta, y eso tiene mucho que ver con la salud en la primera infancia", señala. Factores durante el desarrollo fetal y los primeros años de vida dejan una huella duradera.

Los estudios sobre movilidad geográfica lo ilustran bien. Si una persona nace en una zona con menor esperanza de vida y se traslada a otra con mayor longevidad media, su resultado final queda en un punto intermedio. "Si naces en Jaén y te vas a vivir a Madrid, no vas a tener la esperanza de vida final de las personas de la capital, sino que va a tener una esperanza de vida superior a la persona de Jaén y menor a la persona de Madrid", resume. Esto sugiere la interacción entre herencia biológica y entorno, como una "mochila genética" de partida sobre la que actúan hábitos y condiciones de vida.


El impacto real en los años de vida y de salud


Sobre el peso de la genética, recuerda que tradicionalmente se estimaba en torno al 25 por ciento de la variación en esperanza de vida, aunque "un estudio reciente ha llegado hasta un 50 por ciento", si bien advierte que presenta limitaciones metodológicas importantes.

Entre los riesgos emergentes con impacto claro y medible, Ramiro destaca la obesidad infantil. "Un nivel de obesidad alto en la infancia va a derivar a medio o largo plazo en una prevalencia de obesidad en adultos mayor", lo que incrementa la diabetes y la discapacidad asociada. Esto puede "reducir la esperanza de vida" y aumentar la "esperanza de vida en mala salud", además del coste sanitario.

Frente a esta evidencia acumulada, las terapias que prometen alargar radicalmente la vida carecen hoy de respaldo comparable. "En este momento todavía no tenemos una forma de medir el impacto definitivo" de muchas intervenciones comercializadas, advierte el experto.

Se puede concluir con ello, que mientras los estudios longitudinales, los biobancos y los relojes epigenéticos generan resultados verificables y reproducibles, las pseudoterapias se mueven en el terreno de la expectativa, no de los datos.
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