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Intervenir en familiares con TCA mejora el pronóstico de los pacientes

El director científico de ITA explica cómo se puede mejorar la salud en trastornos de la conducta alimentaria

Antoni Grau, director científico de ITA.
Intervenir en familiares con TCA mejora el pronóstico de los pacientes
Redacción
Lunes, 10 de julio de 2017, a las 09:10
Ayudar a los familiares a reducir el criticismo, la hostilidad y la sobreimplicación emocional son los tres objetivos principales de este tipo de intervención

La experiencia de cuidar de un familiar que sufre un trastorno de la conducta alimentaria resulta una experiencia profundamente estresante. “En un primer momento, las familias llegan a nosotros asustadas y con unos niveles de estrés muy elevados. A veces, esto genera dificultades a la hora de procesar la información que les dan los sanitarios sobre el tratamiento, sobre todo, en el momento del ingreso del paciente”, asegura Antoni Grau, director científico de ITA. Esta situación de intenso estrés puede dar lugar a formas de afrontamiento disfuncionales como son el criticismo, la hostilidad y la sobreimplicación emocional.

El criticismo, como su nombre indica, hace referencia al exceso de crítica frente a la conducta del paciente. Mediante esta crítica se intenta corregir constantemente las iniciativas de la persona afectada, aumentando el sentimiento de ineficacia de la misma. Por hostilidad se entiende una actitud generalizada de rechazo hacia el paciente, disminuyendo así la percepción de apoyo y calidez que la persona afectada necesita encontrar en su núcleo familiar.

Por último, la sobreimplicación emocional consiste en actitudes de sobreprotección y autosacrificio que impiden que el paciente tome el papel protagonista en su proceso de recuperación.

La colaboración activa de la familia en el tratamiento resulta esencial para la recuperación del paciente. La intervención familiar permite lidiar con el estrés a partir de estrategias de afrontamiento eficaces. El uso de estas estrategias, no solo suponen una disminución del estrés en los cuidadores y, con ello, de su calidad de vida, sino que convierte a la familia en uno de los más potentes agentes terapéuticos en el tratamiento de los trastornos de la conducta alimentaria.

Antoni Grau dictó una clase en el Máster de Trastornos Alimentarios y Obesidad de la Universidad Europea de Madrid, una formación que imparte el instituto, en la que entrenó a futuros profesionales de Trastornos de la Conducta Alimentaria y la Obesidad en técnicas de intervención familiar.