Desde Sanitas apuntan a tres señales para consultar un posible problema de lenguaje.
El
desarrollo del lenguaje es un indicador clave a la hora de evaluar una correcta evolución infantil. Ante un problema de estas características resulta fundamental una detección temprana que, además de facilitar la intervención, prevenga problemas mayores en el entorno social y educativo del menor. Para ello, la especialista de
Sanitas Karen Núñez destaca una serie de acciones que deben tomarse como signos de alarma.
Problema de comunicación: tres señales de alarma
Ante la
sospecha de un problema de lenguaje, Núñez, logopeda de los
centros Mindplace de Sanitas, considera fundamental la observación del niño en su entorno cotidiano. “La clave está en
si la dificultad se mantiene en el tiempo o genera frustración”, señala. En esa observación, hay tres comportamientos que son indicativo de la necesidad de una valoración profesional:
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Evita comunicarse.
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Se enfada porque no le entienden.
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No comprende mensajes acordes a su edad.
En el marco del Día Europeo de la Logopedia, la experta subraya que
durante la infancia se adquieren habilidades comunicativas esenciales para interactuar, expresar necesidades y construir relaciones. Sin embargo, este proceso no siempre sigue el ritmo esperado, apareciendo obstáculos en la pronunciación, la fluidez verbal o la capacidad de comprensión. Núñez enfatiza que el lenguaje es la herramienta que permite al niño sentirse seguro: "Cuanto antes se interviene, más sencillo resulta reconducir la situación".
¿Cuándo hay que ir al logopeda?
La comunicación comienza mucho antes de las primeras palabras. Durante el primer año, el balbuceo, el contacto visual, la respuesta al nombre o el gesto de señalar configuran el
lenguaje prelingüístico. La ausencia o escasez de estas conductas es motivo de consulta. Los especialistas de Mindplace detallan una serie de situaciones en las que es aconsejable acudir al logopeda:
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Retraso en la aparición del lenguaje: cuando el niño tarda más de lo habitual en comenzar a emitir palabras.
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Dificultad articulatoria: problemas específicos para pronunciar sonidos concretos de forma clara.
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Problemas de comprensión: incapacidad para seguir instrucciones sencillas o mensajes adecuados a su nivel madurativo.
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Alteraciones en la fluidez: presencia de tartamudez o bloqueos significativos al intentar hablar.
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Desafíos en el aprendizaje: dificultades persistentes en los procesos de lectura y escritura.
Finalmente, la logopeda de Sanitas aclara que
la intervención temprana no busca "etiquetar" al menor, sino acompañar su desarrollo. En muchos casos, se trata de retrasos evolutivos que mejoran notablemente con una estimulación adecuada y la orientación correcta a los padres. Una intervención precoz e individualizada marca la diferencia en la forma en que el niño se comunica, aprende y se relaciona con su entorno.
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