17 sep 2015. 17.36H
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Ismael Sánchez. Madrid
La hermanita pobre, y huidiza, del Sistema Nacional de Salud se ha convertido hoy en el primo de Zumosol, sacando músculo, florido, hermoso y moreno, ante los esforzados administradores de los servicios autonómicos. Es la sanidad privada, siempre bajo sospecha, pero ahora con una determinación y una ausencia de complejos que, de la mano de una formidable arma de difusión masiva llamada IDIS, le permite exponer públicamente sus resultados sin pudor alguno y con el convencimiento de estar haciendo lo que hay que hacer.

Manuel Vilches, director general del IDIS.

La transparencia es formidable, sobre todo cuando empieza en los demás. Pero a la sanidad privada no parecía quedarle otro camino que empezar por ella misma, para callar muchas bocas y también sorprender a algunas otras. Y comenzó a mostrar sus esencias, en forma de indicadores de resultados en salud. Cuatro años después, el Estudio RESA es un sobresaliente documento que retrata por completo a un sector que, con los números en la mano, demuestra ser eficiente, accesible, seguro y de calidad. Lo cual no todos pueden decir con similar evidencia.

Una vez que se emprende este camino, el de la obtención y exposición de información sensible, con el fin de propiciar la mejora continua, ya no hay marcha atrás, como se ha encargado de advertir Manuel Vilches, director general del IDIS, artífice de los continuados éxitos del Instituto gracias a su probada capacidad didáctica y a la claridad de sus posicionamientos, tan diferentes a la parquedad de muchos otros portavoces de compañías que, durante años, no han hecho sino alimentar la sospecha de que algo olía a podrido en el sector. Y, a la luz de lo que sabemos ahora, no era cierto.

A los prohombres del IDIS se les ve contentos con Vilches, porque han encontrado a un inmejorable embajador de su causa, que parecía arribada en las mareas de la todopoderosa sanidad pública. Desde el nuevo presidente Fernández Valmayor, pasando por Iñaki Peralta, hasta el ideólogo Abarca Cidón, que lleva camino de igualar la vital ascendencia de su padre en la articulación del modelo privado, parecen haber llegado a la certeza de haber dado con la tecla. Y este logro, aparentemente sencillo, se había resistido durante años.

La seguridad de la privada es tal, que mira de igual a igual a la pública, se emparenta con Madrid y Cataluña para presumir de transparencia e insinúa ser mejor que muchos otros servicios públicos de salud que no cuentan casi nada de lo que hacen. Todas las compañías están convencidas de que lo importante, como proclama Abarca Cidón, “son los resultados en salud, no la titularidad del servicio, ni tampoco su provisión”.

Resultado en salud es hacerte una colonoscopia y no enterarte, gracias a la sedación, lo cual es posible y habitual en la privada. Vilches ha añadido: “Esto es calidad, y yo se lo recomiendo a todo el mundo, porque enterarte de una colonoscopia no es agradable”. En indicadores como estos, y otros muchos que aparecen en el Estudio RESA, la balanza parecería estar inclinándose hacia el lado privado. Pero no hay ilusos en el IDIS, no se engañen. Nadie morirá de éxito en el Instituto, que sabrá modular su mensaje y nunca pretenderá pasar por encima de la pública. Al contrario, como dice su lema, su objetivo final es aportar valor, merecido y parece que al fin reconocido, a un sistema que no se puede permitir el lujo de prescindir de un modelo de provisión consolidado, fuerte y llamado a una leal y productiva colaboración. 

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