La médico detalla cómo el mal sueño y el TDAH infantil están relacionados y los diferentes síntomas para detectarlo

Niño durmiendo, Cómo afecta el TDAH al sueño infantil
Niño durmiendo (Envato)


El sueño y el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) mantienen una relación mucho más estrecha de lo que uno se puede imaginar. En el caso de los niños, en general, muchos padres llevan a sus hijos a la consulta del pediatra preguntando por qué no logra conciliar el sueño, se despierta agotado o se mueve sin parar durante la noche. Estos síntomas, lejos de ser anecdóticos, pueden ser la primera señal de que el niño está desarrollando un TDAH.

En este sentido y con motivo del Día Internacional del TDAH, que se celebra cada 13 de julio, la doctora Milagros Merino, neurofisióloga clínica y miembro del grupo de trabajo de Pediatría de la Sociedad Española de Sueño (SES), hace un repaso de cómo el TDAH afecta al sueño en los niños, y explica a Redacción Médica algunas de las preguntas que más dudas generan en este aspecto.

Hasta un 75% de los niños con TDAH duerme mal


Se estima que entre el 50% y el 75% de los niños y niñas con TDAH presentan problemas de sueño, lo que multiplica por cinco la incidencia de estos problemas respecto a la población neurotípica. Como explica Merino, el sueño "suele ser un motivo habitual y precoz" de consulta médica por parte de los progenitores, ya que los niños con TDAH comienzan a tener problemas de sueño "mucho antes del diagnóstico o la aparición de los síntomas de TDAH".

Entre los trastornos más frecuentes se encuentran los problemas para conciliar el sueño, que afectan a hasta un 70% de los menores con TDAH; el ronquido y las apneas durante el sueño, presentes en un tercio de los casos; y los síntomas sugestivos de síndrome de piernas inquietas, que aparecen hasta en un 20% de los niños, diez veces más que en la población general. "Los niños con TDAH tienen una inquietud que dura 24 horas: están inquietos durante el día y su sueño nocturno es muy agitado, con cambios posturales frecuentes y sacudidas en las extremidades", señala la experta.

Tanto es así que la relación entre el descanso y el TDAH es, según la médico, bidireccional. La falta de sueño tiene consecuencias directas sobre las funciones cognitivas y la conducta diurna de los menores, pues la corteza prefrontal, "que actúa como un freno", es la estructura cerebral metabólicamente más sensible a la privación de sueño. “El sistema nervioso central del niño, aún en desarrollo, reacciona mediante mecanismos de compensación conductual, la llamada hiperactivación paradójica. Esto provoca que los niños que no duermen bien estén aparentemente desinhibidos, inquietos, irritables, con tendencia a las rabietas, porque carecen de ese freno", explica la neurofisióloga.

Esta similitud de síntomas plantea, de hecho, un reto diagnóstico: inquietud, irritabilidad e inatención también son habituales en niños sin TDAH que duermen mal, por lo que Merino recomienda descartar siempre un trastorno de sueño antes de atribuir estos síntomas al TDAH. "Una clave para saber cuál es el problema primario es preguntarnos cómo se despierta el niño por la mañana: los niños con TDAH se despiertan activos, dinámicos, se comen el mundo; por el contrario, los niños inquietos o inatentos a causa del mal sueño se despiertan con dificultad, ya cansados, aunque mejoran los fines de semana", apunta.

¿El metilfenidato empeora el insomnio?


Uno de los mayores temores de las familias es que la propia medicación para el TDAH agrave los problemas de sueño. Merino reconoce a Redacción Médica que la ficha técnica del metilfenidato sí recoge el insomnio como efecto adverso, algo que ella misma traslada "a todos los delegados de productos que llevan metilfenidato". Sin embargo, afirma que la forma de administrar el fármaco limita mucho ese riesgo.

En este sentido, la médico explica que las formulaciones de liberación prolongada se dan por la mañana, y si se necesitan dosis de liberación inmediata, con una duración de tres o cuatro horas, nunca se administran después de las seis de la tarde. "En teoría, el efecto no debería llegar a la noche; es como si te tomaras un café por la mañana", resume la experta.

Merino cita además un estudio español realizado en la población infantil de Gandía (Valencia) por un grupo de neuropediatras, que evaluó a los niños mediante un cuestionario de nueve folios antes del diagnóstico de TDAH y de nuevo meses después de iniciar tratamiento con metilfenidato. "La conclusión del estudio fue que los niños no solo no dormían peor, sino que dormían mejor. Lo único que aumentaba un poquito era la latencia de sueño, pero no era una diferencia estadísticamente significativa", explica.

Según detalla, los parámetros de sueño mejoraban en conjunto: los menores hablaban menos por la noche y se registraban menos episodios de sonambulismo. "Muchos padres te cuentan que no duermen peor cuando están con el metilfenidato", añade la neurofisióloga.

Niño intentando dormir.

Niño intentando dormir.


Cada subtipo de TDAH, un patrón de sueño distinto


Más allá del insomnio y las diferentes consecuencias del metilfenidato, los síntomas del TDAH pueden variar en función de los subtipos del trastorno. Según explica Merino, el síndrome de piernas inquietas suele darse con más frecuencia en niños con el fenotipo hiperactivo-impulsivo, al igual que el insomnio de conciliación. Por el contrario, otros trastornos como las apneas del sueño se asocian más a la inatención.

"El TDAH secundario a apneas cursa más con inatención. También en los niños que están faltos de sueño en general predomina la inatención sobre la hiperactividad", detalla. Por otro lado, los problemas en el sueño derivados del TDAH infantil, según la neurofisióloga, “una proporción importante persiste en la edad adulta, y con ello los problemas de sueño".

Según explica, los adultos con TDAH suelen necesitar dormir menos horas y presentan con frecuencia un trastorno del ritmo circadiano con retraso de la fase de sueño, lo que coloquialmente se conoce como ser una persona "búho" o noctámbula. "Se ha visto que esto es más frecuente en adultos con TDAH, simplemente", concluye Merino.

Un tratamiento que empieza por la higiene del sueño


Pese a las particularidades de cada caso, la neurofisióloga insiste en que hoy existen tratamientos eficaces para mejorar el descanso de los niños con TDAH, siempre que se personalicen a partir de una buena historia médica. "No se debe proponer un tratamiento tipo café para todos, sino que debe individualizarse en función del trastorno de sueño y del paciente", afirma.

Como ejemplo, señala que el insomnio de conciliación mejora frecuentemente con la supresión de pantallas al final del día y con melatonina ajustada a la hora circadiana del niño, mientras que en los casos de ronquido, apneas e hipertrofia amigdalar "es el especialista en otorrinolaringología quien tiene la clave".

En cualquier caso, la experta considera "imprescindible", aunque no siempre suficiente, implantar una buena higiene del sueño: eliminar pantallas dos horas antes de dormir, promover la oscuridad total durante la noche, exponer al niño a la luz solar natural nada más levantarse, mantener horarios estables y evitar las siestas prolongadas o tardías en los mayores de cinco años.
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