La subcomisión relativa al estudio de la situación del sector veterinario en España ha escuchado en el Congreso de los Diputados este martes dos diagnósticos diferentes, pero conectados, sobre el futuro de la salud animal: el de la distribución farmacéutica, centrado en el acceso al medicamento veterinario a través de la farmacia, y el de la veterinaria clínica de pequeños animales, marcado por la presión asistencial, la carga burocrática, la precariedad y la falta de reconocimiento sanitario pleno.
La presidenta de la Federación de Distribuidores Farmacéuticos (Fedifar), Matilde Concepción Sánchez Reyes, defendió ante los diputados que el modelo de distribución farmacéutica de gama completa puede aplicarse también al medicamento veterinario. Según expuso, Fedifar representa a 16 empresas responsables de más del 97 por ciento del suministro de medicamentos a las farmacias españolas, con una red de 143 almacenes, más de 280.000 pedidos diarios, 4.300 rutas cada día y una media superior a dos entregas diarias a las 22.231 farmacias del país.
Sánchez Reyes sostuvo que este modelo garantiza equidad territorial en el acceso al medicamento, también en zonas rurales, y lo presentó como una infraestructura ya disponible para reforzar la salud animal. En este sentido, destacó que el 99 por ciento de la población tiene una farmacia en su municipio, mientras que en cerca del 70 por ciento de los municipios no hay ninguna clínica veterinaria. A su juicio, esta capilaridad permitiría mejorar el acceso efectivo de los tutores de animales a los medicamentos prescritos, especialmente en localidades alejadas de centros veterinarios.
La presidenta de Fedifar también señaló que la demanda de medicamentos veterinarios en farmacia está creciendo, aunque desde niveles reducidos. Según trasladó a la subcomisión, en 2025 la dispensación de estos medicamentos en farmacias aumentó un 53 por ciento en unidades y un 62 por ciento en valores, pero el canal farmacia no alcanza todavía el 10 por ciento del mercado veterinario. Añadió que los almacenes de la distribución farmacéutica han duplicado en el último año sus referencias veterinarias y cuentan actualmente con más de un millar de presentaciones de medicamentos y más de 2.000 productos sanitarios.
Uno de los puntos centrales de su intervención fue la defensa de la separación entre prescripción y dispensación. Sánchez Reyes afirmó que este principio, consolidado en el medicamento de uso humano, aporta seguridad, transparencia y evita conflictos de interés. En su opinión, aplicar este mismo criterio al medicamento veterinario reforzaría las garantías del sistema y favorecería que el tratamiento elegido no estuviera condicionado por el stock disponible en el punto de atención.
Desde la perspectiva One Health, Fedifar vinculó esta propuesta con la salud pública, la seguridad del medicamento y la lucha contra las resistencias antimicrobianas. La compareciente defendió que la distribución farmacéutica de gama completa está preparada para absorber cualquier incremento de demanda de medicamentos veterinarios desde la farmacia y que no sería necesario crear una nueva red, sino aprovechar una infraestructura que ya funciona en el ámbito humano.
Veterinarios: mucho trámite y menos diagnóstico
Por su parte, Jordi Giné Puiggròs, presidente de la Asociación de Veterinarios Españoles Especialistas en Pequeños Animales (Avepa), centró su intervención en la situación de la veterinaria clínica de animales de compañía. Recordó que Avepa, fundada en 1964, reúne a cerca de 6.000 veterinarios dedicados a la medicina y cirugía de pequeños animales y trabaja en formación continuada, desarrollo científico, especialización y mejora de la calidad asistencial.
Giné describió una profesión que ha avanzado de forma notable en complejidad científica y técnica. Según expuso, España cuenta con veterinarios altamente cualificados en áreas como oncología, neurología, cardiología, cirugía avanzada, anestesia, medicina interna, diagnóstico por imagen o cuidados intensivos. Sin embargo, advirtió de una contradicción: la medicina veterinaria de animales de compañía nunca ha sido tan avanzada ni tan demandada socialmente, pero muchos profesionales sienten que ejercerla nunca ha sido tan difícil.
El presidente de Avepa alertó del aumento de la presión asistencial y de las exigencias regulatorias, administrativas y burocráticas sobre centros veterinarios y clínicos. Afirmó que los veterinarios comparten los objetivos de salud pública, uso responsable de medicamentos, control y trazabilidad sanitaria, pero consideran que algunas obligaciones no se ajustan a la realidad diaria de la práctica clínica. Según resumió, muchos profesionales dedican cada vez más tiempo a trámites y menos a diagnosticar, tratar, estudiar, investigar y cuidar a sus pacientes.
Giné puso como ejemplo el Reglamento europeo 2019/6 sobre medicamentos veterinarios y su desarrollo en España mediante el Real Decreto 666/2023. Aunque reconoció que la profesión comparte los fines relacionados con el uso responsable de antimicrobianos, pidió una aplicación proporcionada y flexible, que permita al veterinario actuar conforme a la evidencia científica y a las necesidades reales de cada paciente. En su opinión, determinadas rigideces en la prescripción pueden dificultar la práctica clínica y afectar al bienestar animal.
La comparecencia de Avepa también abordó la precariedad laboral, especialmente entre los veterinarios más jóvenes. Giné afirmó que se trata de una profesión de alta cualificación científica y gran responsabilidad sanitaria y emocional que no siempre cuenta con condiciones laborales, económicas y estructurales acordes con ese nivel de exigencia. Vinculó esta situación con la dificultad para retener talento y con el abandono prematuro de la práctica clínica por parte de algunos profesionales.
Otro de los ejes de su intervención fue la falta de reconocimiento pleno del veterinario como profesional sanitario en determinados ámbitos normativos, fiscales e institucionales. En este punto, criticó que los actos clínicos veterinarios soporten un IVA del 21 por ciento desde 2012, al considerar que grava una actividad sanitaria y puede actuar como barrera de acceso para las familias, con posibles efectos indirectos sobre la prevención de enfermedades y la salud pública.
Avepa también reclamó avanzar en el reconocimiento oficial de las especialidades veterinarias en España. Giné señaló que, mientras otros países del entorno cuentan con sistemas regulados de especialización, en España muchos profesionales con formación avanzada y acreditación específica carecen de un marco normativo claro. La asociación explicó que lleva más de 14 años desarrollando un programa propio de acreditación profesional y que ya ha acreditado a más de 450 veterinarios en distintas áreas, una experiencia que, según defendió, podría servir de base para un futuro sistema oficial.
El impacto emocional del ejercicio profesional fue otro de los aspectos destacados. Giné alertó de cuadros de burnout, fatiga emocional, ansiedad y desmotivación entre veterinarios clínicos, una situación que, a su juicio, no debe interpretarse solo como un problema individual o laboral, sino como un riesgo para la sostenibilidad del modelo veterinario. También subrayó que esta realidad afecta a una profesión cada vez más feminizada, donde la conciliación, la estabilidad laboral y el desarrollo profesional adquieren mayor relevancia.
Como líneas de actuación, Avepa pidió marcos regulatorios proporcionados y adaptados a la clínica diaria, reducción de cargas burocráticas, revisión del tratamiento fiscal de los servicios veterinarios, mayor participación de sociedades científicas y clínicos en la elaboración normativa, reconocimiento efectivo de la especialización, medidas frente a la precariedad y la salud mental, e integración real del veterinario en las políticas y estructuras de salud pública.
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