Las personas que sufren la enfermedad habían recibido durante años hormonas de crecimiento procedentes de cadáveres

Personas que han recibido hormonas del crecimiento llegan a sufrir demencia
Cinco pacientes comenzaron a mostrar síntomas de demencia cuando tenían entre 38 y 55 años.


29 ene. 2024 17:55H
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La enfermedad de Alzheimer es una patología neurodegenerativa que nunca se habían hallado pruebas de que pudiera ser trasmitida a otra persona, hasta ahora. Una investigación realizada en el Reino Unido defiende que, pese a que la enfermedad no es contagiosa, hasta cinco personas menores de 55 años sufren demencia después de recibir hormonas de crecimiento procedentes de cadáveres. Esta situación ha provocado que se aumenten las medidas regulatorias para prevenir la trasmisión accidental de la enfermedad.

Un total de 1.848 personas en el Reino Unido llegaron a recibir hormonas del crecimiento procedentes de cadáveres entre 1959 y 1985. En estas trasmisiones, también se llegó a pasar depósitos de beta-amiloide, una característica ligada al alzhéimer. Hasta la fecha, estos tratamientos llegaron a provocar en 80 personas la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, y los pacientes que sobrevivieron a esta patología podrían haber desarrollado la enfermedad neurodegenerativa.

Tras estos resultados, publicados en la revista científica Nature Medicine, los investigadores aportan evidencia de que la enfermedad de Alzheimer también es transmisible en ciertas circunstancias y, por lo tanto, que la patología neurodegenerativa tiene la tríada completa de etiologías (formas esporádicas, hereditarias y raras adquiridas) características de las enfermedades priónicas convencionales.

Los cinco casos que recibieron hormonas de crecimiento sugieren, según el estudio, que, de manera similar a lo observado en las enfermedades priónicas humanas, las formas iatrogénicas de la enfermedad de Alzheimer difieren fenotípicamente de las formas esporádicas y hereditarias, y algunos individuos permanecen asintomáticos a pesar de la exposición a las semillas de beta-amiloide debido a factores protectores que, en la actualidad, se desconocen.

El tratamiento médico hormonal fue interrumpido en 1985


Una de las principales conclusiones subrayada por el neurólogo John Collinge, autor principal del estudio, es que sigue sin haber ningún indicio de que la enfermedad de Alzheimer pueda transmitirse entre personas durante las actividades de la vida diaria o de la atención médica rutinaria. El principal argumento esgrimido para defender esta postura es que los pacientes analizados recibieron un tratamiento médico que se interrumpió en 1985.

Pese a ello, esta trasmisión del alzhéimer a otra persona marca un procedente, por lo que los autores defienden revisar las medidas para prevenir a toda costa la trasmisión accidental de la enfermedad neurodegenerativa mediante tratamientos médicos o quirúrgicos, para evitar que estos vuelvan a suceder en el futuro.
 
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