Carmen García Lozano, residente de quinto año de Medicina Intensiva.
"Yo siempre había querido estudiar
Medicina". Así describe
Carmen García Lozano, residente de quinto año de
Medicina Intensiva, su deseo de convertirse en médica, una profesión que la llevó a repetir cinco veces la PAU, mientras hacía una Formación Profesional de Laboratorio, que le sirviera de puente para dar ese
gran salto hacia las Ciencias de la Salud.
Sin embargo, pese a que durante la carrera tuvo una muy buena experiencia, los años de residencia le han mostrado una realidad que es
incompatible con sus aspiraciones a futuro. "Durante estos cuatro años y medio que llevo, me he llegado a quemar. Estoy muy quemada, he llegado a un punto en el que muchas veces
la vocación creo que la he perdido", dice ahora a
Redacción Médica, como muestra de su disconformidad con las condiciones laborales de la profesión.
Carmen es consciente de que esas discrepancias se reflejan en el día a día, en su trato con los pacientes. "Intento tratarlos igual, pero sé que los días que estoy
más cansada es inviable. Vengo a
trabajar sin ganas", señala. Solo en la
semana de navidades del 2025, tuvo guardia durante tres días. "Hice 80 horas y es verdad que llego hoy y no tengo ganas ni nada", añade.
A esto se suman las comparaciones que hace con otras profesiones, en las que encuentra un mejor trato hacia los profesionales. "Me comparo con la
Enfermería porque a mí lo que me gusta es el paciente y si hubiera sido enfermera sí que hubiera estado a pie de cama, todo el rato con el paciente. Al final
el médico tiene más papeleo que otra cosa", indica. Estas condiciones "no son comparables a las de otros compañeros sanitarios" y tampoco "mejoran" más adelante. "Veo que me queda medio año y que los adjuntos tienen la misma calidad de vida que tengo yo mismo ahora.
No voy a mejorar cuando sea adjunta", lamenta.
Con el paso de los años sus
aspiraciones personales también han cobrado mayor importancia, especialmente las relacionadas a la
maternidad, dándole incluso opciones que antes no contemplaba. "Yo tengo intención de ser madre y quiero ser una madre presente. Ahora mismo me planteo muy seriamente
terminar e irme a la privada", enfatiza.
"Nos vamos a ir más a la privada"
Pese a que lamenta haber llegado a esta conclusión, lo cierto es que Carmen considera que cambiando a la sanidad privada podrá priorizar su salud tanto física como mental. "Me da pena porque no era lo que yo pensaba en un primer momento. Me imaginaba que
iba a trabajar en la pública siempre, pero llega un momento que pienso que mi salud está por encima también de los pacientes", afirma a este periódico. Y es que, para tratar a los pacientes de la forma correcta, primero ella debe estar "sana". "Si para estar sana me tengo que ir a la privada, me iré". Una opinión compartida, tal como resalta, por varios de sus compañeros. "Cada vez
nos vamos a ir más a la privada y vamos a buscar
otro tipo de condiciones laborales", afirma la residente.
Mirando en retrospectiva, considera que una mejor opción hubiera sido
estudiar Enfermería. "Veo que ellos tienen unas condiciones laborales que me alegro porque se lo han currado y han conseguido llegar a eso, pero que
nosotros no tenemos", subraya, "mermando mucho a los médicos".
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