Ana Monzó, jefa de sección de Ginecología en la Unidad de Reproducción Asistida del Hospital Universitari i Politècnic La Fe.
La
fecundación in vitro (FIV) ha evolucionado de forma extraordinaria en las últimas décadas, pero alrededor de ella ha crecido también una oferta cada vez mayor de
tratamientos complementarios que prometen mejorar las posibilidades de éxito. Sin embargo, un reciente estudio publicado en T
he Lancet Obstetrics, Gynaecology & Women’s Health cuestiona que muchos de estos denominados "extras" aporten realmente un
beneficio demostrado. Y es que para Ana Monzó, jefa de sección de Ginecología en la Unidad de Reproducción Asistida del Hospital Universitari i Politècnic La Fe, la conclusión del trabajo refleja una situación que los especialistas ya conocen desde hace tiempo.
"Muchos complementos se han incorporado a la práctica clínica antes de disponer de evidencia sólida que demuestre un beneficio real en las
tasas de nacidos vivos", asegura. En este contexto, el estudio analiza diez de los complementos más utilizados en reproducción asistida, entre ellos el test genético preimplantacional para aneuploidías (PGT-A), los test de receptividad endometrial, EmbryoGlue, la acupuntura, los corticoides, los intralípidos, el plasma rico en plaquetas o el raspado endometrial.
Un coste adicional que puede alcanzar miles de euros
Tras revisar la evidencia disponible, los autores concluyen que para la mayoría no existen pruebas robustas de que aumenten la probabilidad de conseguir el objetivo principal de una FIV:
el nacimiento de un bebé sano.
Pero, además de la incertidumbre científica, los complementos tienen un impacto económico importante. La mayoría
no están financiados por la sanidad pública y deben ser asumidos por los pacientes. "Pueden incrementar considerablemente el coste de un ciclo de FIV, llegando algunos a suponer
miles de euros adicionales", explica Monzó.
Por lo tanto, en un tratamiento que ya supone un importante
esfuerzo emocional y económico, la incorporación de opciones adicionales puede generar una sensación de que "hacer más" equivale necesariamente a “tener más posibilidades", algo que la evidencia actual no confirma.
¿Cuál es el "extra" más fiable?
Monzó analiza que los resultados obligan a diferenciar entre aquellos tratamientos donde existe cierto
debate científico y aquellos donde la evidencia es claramente insuficiente. "Coincido parcialmente con la clasificación propuesta, pero no pondría en verde
ninguna de las opciones evaluadas", señala.
Entre los complementos que situaría en una zona intermedia estarían el PGT-A, EmbryoGlue, el raspado endometrial y el PICSI, ya que existen "estudios que apuntan a
posibles beneficios concretos, aunque no permiten establecer una recomendación general".
El caso del PGT-A es uno de los más debatidos. Esta técnica permite analizar los embriones para detectar
alteraciones cromosómicas antes de la transferencia. Según Monzó, "reduce
abortos", pero "no ha demostrado aumentar claramente los nacidos vivos". Además, plantea una cuestión que sigue generando debate: "Existe preocupación porque se puedan descartar embriones potencialmente viables".
En el extremo contrario sitúa otros tratamientos como los test de receptividad endometrial, la acupuntura, los corticoides, los tratamientos con plasma rico en plaquetas intraovárico o endometrial y los intralípidos. "No han demostrado beneficios claros o
la evidencia es muy limitada", afirma.
Por este motivo, considera que estos tratamientos no deberían formar parte de la práctica habitual del sistema público y que, cuando se utilicen, deberían hacerlo dentro de estudios de investigación "con un
adecuado diseño metodológico y aprobados por un comité de ética".
Diferenciar entre evidencia y efectividad
Aún así, la especialista insiste en una diferencia clave: ausencia de evidencia no equivale a demostrar que un tratamiento no sirve. "No quiere decir que no funcione ninguno, sino que para estos complementos
faltan estudios robustos y fiables", explica.
Aparte, en reproducción asistida, añade, existe una dificultad especial: cada paciente vive el tratamiento como
una oportunidad única y es comprensible que busque cualquier opción que pueda aumentar sus posibilidades.
El reto: informar sin generar falsas expectativas
Para Monzó, uno de los aspectos más importantes es cómo se transmite esta información a los pacientes. "Cada vez existe mayor conocimiento entre los profesionales sobre estas limitaciones, pero es fundamental que esta información llegue también de forma clara a los pacientes para que puedan
tomar decisiones informadas", señala.
La especialista advierte de que muchas personas llegan a las consultas después de recurrir a "fuentes de información que no siempre son las más adecuadas" o influidas por mensajes que presentan estos tratamientos como una oportunidad adicional para aumentar el éxito de la FIV.
Si un complemento se ofrece, considera que debe explicarse siempre "el grado de evidencia disponible, sus limitaciones y sus riesgos",
evitando crear expectativas que no estén respaldadas por los datos.
La presión de ofrecer nuevas opciones
Entonces, ¿por qué continúan utilizándose estos tratamientos si la evidencia es limitada? Monzó apunta a varios factores: la demanda de los propios pacientes, la
búsqueda de nuevas alternativas en un campo con tasas de éxito todavía imperfectas y también que "probablemente existe una presión comercial y competitiva entre clínicas para ofrecer opciones adicionales a las pacientes".
A su juicio, la innovación debe continuar, pero siempre acompañada de estudios que demuestren que una intervención
aporta un beneficio real antes de incorporarla como parte habitual de la atención. Así, el criterio debe ser claro: "El objetivo más importante es conseguir el nacimiento de un bebé sano". Por eso reclama prudencia con los complementos cuya eficacia no está demostrada. "Todos estos tratamientos con eficacia incierta presentan riesgos y una carga emocional para personas que necesitan técnicas de reproducción asistida para conseguir ese objetivo", concluye.
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