Entre 7 y 8 años. Ese es el tiempo medio que tarda una mujer con
. Durante ese periodo, muchas pacientes conviven con dolor incapacitante, alteraciones digestivas, problemas urinarios o dificultades para mantener relaciones sexuales sin saber qué les ocurre. Y es que la enfermedad afecta aproximadamente
en edad reproductiva y se estima que más de un millón de mujeres la padecen en nuestro país. En este contexto, aunque continúa siendo una patología infradiagnosticada e invisibilizada, la Ginecología está llevando a cabo un cambio profundo en la forma de entender la enfermedad. Esto
en biomarcadores no invasivos y ha llevado a los especialistas a reclamar un "refuerzo" de las guías clínicas para mejorar la identificación precoz de síntomas.
"La endometriosis ya no se considera únicamente una enfermedad ginecológica dependiente de estrógenos, sino una patología sistémica, inflamatoria e inmunomediada con una importante heterogeneidad clínica y biológica", explican Toñi López y Lucía Nieto, encargadas de la Unidad de endometriosis y miomas de Hospital Clínico Virgen de la Arrixaca (Murcia) en Redacción Médica, que subrayan que el abordaje actual es necesariamente multidisciplinar.
Un cambio de paradigma en la investigación
Por esta razón, la investigación sobre endometriosis atraviesa un momento de gran expansión. Los estudios actuales, dicen las especialistas, tratan de comprender mejor los "mecanismos implicados en la implantación y progresión de las lesiones", incluyendo "alteraciones inmunológicas, inflamación crónica, angiogénesis, neurogénesis y factores genéticos y epigenéticos". Los estudios de asociación genómica (GWAS) han identificado "múltiples loci -bicaciones físicas específicas en los cromosomas- de susceptibilidad genética", lo que refuerza la idea, dicen, de que se trata de una "enfermedad compleja y multifactorial".
Además, cobra cada vez más relevancia la caracterización de distintos fenotipos y endotipos de la enfermedad. El objetivo es avanzar hacia una Medicina Personalizada que permita adaptar el diagnóstico y el tratamiento a las características específicas de cada paciente. "Igual de importante es el impacto de la alimentación y la dieta antiinflamatoria, cuya mejoría comprobamos cada día en consulta de forma complementaria al tratamiento farmacológico", añaden.
Biomarcadores, diagnóstico no invasivo y guías clínicas
De hecho, uno de los campos más prometedores es la búsqueda de
biomarcadores no invasivos que permitan mejorar el
diagnóstico precoz. Actualmente, el diagnóstico de la endometriosis sigue basándose "en la evaluación clínica y en técnicas de imagen" realizadas por profesionales con experiencia, ya que todavía no existe un biomarcador "con suficiente sensibilidad y especificidad" para su uso rutinario.
Las líneas de investigación incluyen el estudio de biomarcadores en
sangre, saliva, orina y fluido menstrual. Entre ellos, destacan "los microARN (miRNA), proteínas inflamatorias, metabolitos y marcadores inmunológicos". También se investigan perfiles multiómicos que integran "información genética, transcriptómica y proteómica".
Otra línea emergente es el análisis del fluido menstrual y las
técnicas de biopsia líquida, que podrían permitir "detectar firmas moleculares características de la enfermedad mediante procedimientos mínimamente invasivos". A ello se suman los modelos basados en
Inteligencia Artificial, capaces de combinar "datos clínicos, analíticos y de imagen para mejorar la precisión diagnóstica".
Sin embargo, López y Nieto advierten de que estos avances aún no han alcanzado la validación externa necesaria para su
aplicación clínica. "El reto principal sigue siendo la heterogeneidad biológica de la enfermedad y la necesidad de estudios multicéntricos de gran tamaño", explican.
Refuerzo de las guías clínicas
Las
guías clínicas también están en proceso de actualización. Ambas señalan que la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) ha presentado recientemente una nueva Guía de Asistencia Práctica para el diagnóstico y manejo integral de la endometriosis. Como novedad, apuntan que incorpora el uso de antagonistas de la GnRH, como linzagolix y relugolix, que ya se están utilizando en la práctica clínica con
resultados "excelentes y prometedores" en las pacientes
A nivel internacional, las guías de la
Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología (Eshre) han supuesto "un avance importante en la estandarización del diagnóstico y tratamiento". Sin embargo, las especialistas consideran que
aún existe "margen de mejora" para reducir el retraso diagnóstico y que, por ello, hay que reforzar la identificación precoz de síntomas clave.
"También podría potenciarse la recomendación de utilizar de forma más precoz
la ecografía especializada como herramienta diagnóstica de primera línea, especialmente en los casos de sospecha de endometriosis profunda y, además, las futuras actualizaciones deberían incorporar progresivamente los avances derivados de la investigación en biomarcadores, Medicina de Precisión y modelos de atención multidisciplinar", añaden.
Una enfermedad difícil de reconocer desde Atención Primaria
En este contexto, desde Atención Primaria
la sospecha clínica se basa en la presencia de síntomas persistentes y de impacto funcional. Nuria Pascual, secretaria del Grupo de Trabajo de Atención a la Mujer de (Semergen), explica que los signos más habituales incluyen "dismenorrea intensa o progresiva que no responde a tratamientos convencionales,
dolor pélvico crónico de más de seis meses, dispareunia profunda, dolor con la defecación o micción especialmente cíclico, así como
infertilidad o antecedentes familiares".
También se incluyen las "alteraciones gastrointestinales o urinarias" relacionadas con la menstruación, además del "absentismo escolar o laboral" por dolor menstrual. Sin embargo, Pascual advierte que, entre los factores que explican el retraso diagnóstico, destacan la "
normalización social del dolor menstrual, la variabilidad clínica de la enfermedad, la falta de sensibilización, las limitaciones de tiempo en consulta y la ausencia de
protocolos homogéneos de cribado y derivación". Incluso matiza que, en ocasiones, "los síntomas se atribuyen a trastornos funcionales digestivos o psicológicos".
Y es que este nivel asistencial desempeña un papel clave como
puerta de entrada al sistema sanitario. "Es fundamental para la detección precoz", subrayan López y Nieto. Aunque, en este sentido, Pascual asegura que todavía existen diferencias en el nivel de conocimiento entre profesionales y territorios.
Aunque la coordinación mejora cuando existen vías clínicas definidas, persisten dificultades como "los tiempos de espera, la escasa retroalimentación desde el ámbito hospitalario y la
falta de protocolos compartidos" entre niveles asistenciales. Así, las facultativas del Hospital Clínico Virgen de la Arrixaca coinciden en la necesidad de fortalecer la
formación continuada y mejorar la coordinación entre Atención Primaria, Ginecología, Radiología, Unidades del Dolor y Reproducción.
Hacia protocolos unificados en el Sistema Nacional de Salud
Desde Atención Primaria, Pascual coincide en este diagnóstico y reclama
una mayor sensibilización tanto de pacientes como de profesionales. "Actualmente existen recomendaciones clínicas y documentos de consenso elaborados por diferentes sociedades científicas, pero no siempre se aplican
de forma uniforme en todas las comunidades autónomas", señala, asegurando que lo que existen son "criterios orientativos", pero no "una implementación completamente homogénea en todo el SNS".
Esto permitiría homogeneizar los criterios de sospecha clínica, reducir la variabilidad asistencial, mejorar la detección precoz y agilizar las derivaciones. "Sí es necesario
adaptar y unificar las guías clínicas", afirma Pascual, que también considera que esta medida facilitaría una atención más equitativa y eficaz.