El 37,4 por ciento dicen sentirse “preocupados" por cómo el factor ambiental puede afectar a la salud de sus pacientes

El 90% de internistas valora como "amenaza importante" al cambio climático
Arántzazu Álvarez de Arcaya y Francisco Pérez Jiménez.


23 nov. 2021 10:00H
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El 90,8 por ciento de los médicos internistas españoles afirma que el cambio climático y la contaminación ambiental son “amenazas importantes para la salud” y que las actuales medidas de acción climática “no son suficientes”. Además, el 37,4 por ciento dicen sentirse “preocupados”, el 25,9 por ciento “bastante preocupados” y el 16,5 por ciento“muy preocupados” por cómo el factor ambiental puede afectar a la salud de sus pacientes, frecuentemente crónicos complejos y frágiles.

Son los principales resultados de un sondeo que la SEMI ha efectuado entre los internistas españoles, con participación de 557 profesionales y que evidencia la preocupación entre los especialistas de Medicina Interna por cómo el factor ambiental, la contaminación del aire, la polución y el cambio climático pueden afectar a la salud de sus pacientes.

Según se expondrá en la mesa “El papel del internista ante el cambio climático: Salud y medioambiente” en el marco del 42º Congreso Nacional de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) que mañana arranca (24 de noviembre), la contaminación medioambiental supone ya un importante factor de riesgo para el “desarrollo o exarcebación de múltiples patologías respiratorias y cardiometabólicas” y se relaciona con hasta el 30 por ciento de muertes por enfermedad cardiovascular, además de “perjudicar la salud de los pacientes más vulnerables (con EPOC, cáncer de pulmón, etc.) y de causar daño a nivel sistémico de las personas, no solamente de las más vulnerables, sino también de las sanas, que igualmente son susceptibles al perjuicio de la polución, incluso a edades tempranas según estudios recientes”.

Dicha mesa será moderada por la Arántzazu Álvarez de Arcaya, internista miembro de SEMI y coordinadora de Medicina Hospitalista del Hospital Clínico San Carlos, y por  Francisco Pérez Jiménez, médico internista e investigador del IMIBIC, y contará con la participación de la Dra. María Neira, del Departamento de “Public Health, Environmental and Social Determinants” de la OMS y de la Dra. Cristina Linares, de la Escuela Nacional de Salud Pública-Instituto de Salud Carlos III de Madrid. Al término de la misma tendrá lugar el debate “¿Debemos replantear nuestra actitud clínica?” con participación de ponentes y moderadores.

En relación al cambio climático, se sabe que “el aumento de temperatura ambiental provoca adaptaciones de la propia fisiología, por ejemplo, al calor” y favorece la aparición de nuevas amenazas externas, como es la “aparición de mosquitos, vectores de enfermedades, que acarrean enfermedades desconocidas hasta ese momento en determinadas poblaciones”, incide Álvarez de Arcaya.


Cambio climático y salud


Según el informe Lancet Countdown 2021, todas las regiones del mundo se ven afectadas por el cambio climático y su impacto en la salud está empeorando en comparación con décadas pasadas. El calor extremo, la idoneidad ambiental y la transmisión de enfermedades infecciosas es ya un fenómeno global.

“Las olas de calor afectan directamente a la población más vulnerable, los mayores de 65 años y los menores de 1 año, en países con IDH alto, medio y bajo, aunque no se conoce bien el número de personas que mueren prematuramente por el calor extremo”, según recuerda Álvarez de Arcaya. En 2020, el 19 por ciento de la superficie terrestre estuvo afectada por sequía extrema, lo que puso en peligro la vida de las personas más vulnerables. Además, los cambios ambientales favorecen la transmisión de agentes patógenos por aire, agua, alimentos y agentes vectores. 

Por otro lado, los países con IDH medio y alto, tienen las tasas más altas de muerte relacionadas con la contaminación del aire, un 50 por cieno más elevadas que los países con IDH muy alto. Se calcula que 3,3 millones de muertes que ocurren cada año están relacionadas con la contaminación del aire. En el caso de los países con IDH bajo, el problema es la contaminación del aire del hogar por no tener acceso a combustibles y tecnologías limpias para cocinar, según Lancet Countdown 2021.

Contaminación atmosférica


Dentro de los cambios ambientales hay algunos que son producto de un crecimiento tecnológico intensivo y descontrolado, que es amenazante para la salud directamente y, a largo plazo, para el entorno, favoreciendo el calentamiento global y el cambio climático. “Un ejemplo es el de la contaminación atmosférica, que afecta a más del 90 por ciento de la población mundial, con la presencia en el aire de partículas de distinto tamaño, con efectos lesivos que repercuten tanto en el sistema respiratorio como en el resto del organismo”, incide Pérez Jiménez. “Hoy tenemos demostraciones de que la contribución de dicho incremento polucional a la mortalidad global, es superior a 6 millones de muertes anuales, similar a la del tabaco y superior a la de procesos tan prevalentes con el SIDA, la tuberculosis o la malaria”.


De hecho, “el daño orgánico se debe a un subtipo de partículas pequeñas, con capacidad proinflamatoria, tanto pulmonar y sistémica, que condicionan un mayor riesgo de enfermedades pulmonar y cardiometabólicas,  que incluyen  diabetes, hipertensión, enfermedad cardiovascular, riesgo de trombosis, arritmias cardiacas, ictus isquémico e incluso deterioro cognitivo”, explica Pérez Jiménez.

Los pacientes más vulnerables


Como resulta lógico, los pacientes en mayor riesgo de sufrir los efectos negativos de la polución son los enfermos más vulnerables, como sucede con la toxicidad respiratoria a la que son especialmente sensibles los pacientes con enfermedades pulmonares previas y con factores de riesgo, como fumadores y obesos. Pero, además estudios más recientes muestran que las personas sanas también son susceptibles al perjuicio de la polución, incluso en edades cortas, y en el estudio de cohorte ESCAPE se demostró un incremento del 13% en la incidencia de episodios coronarios no mortales, relacionados con la presencia de partículas pequeñas en el aire, siendo más susceptibles los enfermos coronarios.

Además de la mortalidad derivada del calor extremo, “existe una asociación de éste con: un aumento de las muertes en personas con factores fisiológicos determinantes de causa cardiorrespiratoria, cerebrovascular, renal, o metabólica, por ejemplo, así como conductas sociales relacionadas con el consumo de alcohol y drogas; problemas de salud mental, eventos adversos en el embarazo y en los nacimientos; y un incremento de las consultas de Urgencias y de ingresos hospitalarios, y, en consecuencia, de los costes de la atención médica”, indica Álvarez de Arcaya.

El papel del internista ante al cambio climático y la contaminación ambiental


"El internista, por su condición de profesional clínico global, se sitúa en una posición de alta responsabilidad para influir, aminorar y prevenir el impacto negativo del cambio climático sobre su población de referencia”, según afirma Pérez Jiménez.

En la misma línea, Álvarez de Arcaya considera que “el internista por su visión holística y como parte de la responsabilidad social que nos compete como médicos, tenemos que asumir el liderazgo para la concienciación de toda la ciudadanía sobre la importancia de preservar nuestra salud cuidando nuestro entorno, pues sólo así podremos evitar la progresión de los cambios medioambientales tan perjudiciales para la población de todo el planeta”.
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