Carlos Lumbreras, jefe de Medicina Interna del 12 de Octubre, destaca la atención transversal de estos especialistas

Carlos Lumbreras, jefe de Medicina Interna del 12 de Octubre habla de la rentabilidad de incluir la acción transversal de internistas
Carlos Lumbreras


25 jun. 2023 16:10H
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La Medicina Interna en el Hospital 12 de Octubre juega con un as en la manga. Su jefe de Servicio, Carlos Lumbreras, conoce mejor que nadie los pasillos de esta área hospitalaria y al equipo que los recorre cada día. Él ha sido el encargado de llevar el timón desde 2016 y el resultado es un Servicio que encabeza las encuestas nacionales de calidad sanitaria. Año tras año, su especialidad se enfrenta a un cambio de paradigma con mayor presencia de pacientes crónicos con los mismos recursos que hace 20 años. Las enfermedades infecciosas y los pacientes inmunodeprimidos son otros de los retos a los que se enfrenta un equipo que integra el rigor y la innovación en su plan de trabajo y que nos acompaña en esta entrevista para el pódcast 'Jefatura de Servicio'. 
 
¿Cómo supo que Medicina Interna sería su camino a seguir?¿Podríamos hablar de un flechazo profesional o fue algo más complicado?
 
Yo diría que fue un flechazo. Cuando empecé mis prácticas en el hospital, en 3º o  4º de Medicina, caí en un Servicio de Medicina Interna y realmente me enamoré de la especialidad. No sólo de la especialidad, sino también de la Medicina. No tengo familiares médicos, con lo cual mi conocimiento de la Medicina real era nulo y los dos primeros años de la carrera tuve muchas dudas sobre si realmente había elegido o no había elegido bien la profesión. Cuando llegué al hospital y caí en un Servicio de Medicina Interna, me di cuenta de que había nacido para hacer eso. Hubo una serie de personas muy importantes en esa época en la que tu propia inmadurez hace que seas muy dúctil y que si te va bien, lógicamente influye en tu futuro profesional. Y sí, fue un flechazo.
 
Antes de encabezar este Servicio, trabajó también como subdirector médico en este mismo hospital. ¿Cree que el hecho de ser internista le proporciona una visión más completa de las necesidades de ese puesto?
 
Sí, yo creo que una de las ventajas de la Medicina Interna, efectivamente, es la versatilidad, la flexibilidad, la capacidad de tener una visión global en general. Y efectivamente, en un momento de mi carrera profesional acepté la subdirección médica de este hospital. No estuve mucho tiempo, estuve algo más de un año. Yo tenía una cierta visión del hospital. De hecho llevaba bastantes años en este centro pero, desde luego, el paso por la dirección me dio una visión bastante más certera de lo que es un hospital tan complejo como este y de la complejidad que tiene dirigir una institución como esta.
 
¿Considera entonces que su anterior cargo como subdirector médico le ha ayudado también como jefe de Servicio?
 
Sí, sin duda. A lo largo de mi carrera profesional ha habido varios hitos que me facilitaron o me permitieron atreverme a ocupar una jefatura de Servicio. Y ese es uno de ellos, no el único, pero fue uno de ellos.
 
¿Y cuál de estos dos cargos le supuso un mayor reto profesional? ¿Se maneja mejor en la gestión a gran escala o a pequeña escala?
 
Me gusta mucho más ser jefe de Servicio que subdirector médico del hospital, sin ninguna duda. Al menos ser jefe de Servicio de Medicina Interna en este hospital supone un reto mayúsculo, no sé si más o menos que la Subdirección médica, por ende, el subdirector médico dirá que tiene un reto mayor que el mío. Pero en fin, los dos son retos que no son fáciles, sin ninguna duda.
 
Este Servicio ha sido durante años valorado como el mejor de la especialidad en toda España. ¿Cuáles cree que han sido los rasgos diferenciadores?
 
Yo creo que el prestigio de un Servicio médico en un hospital depende de muchos factores. Hay uno, sin ninguna duda, que es el propio hospital. Pertenecer al Hospital 12 de Octubre para cualquier Servicio supone una ventaja competitiva de entrada. Y luego, evidentemente, a lo largo de muchos años ha habido una larga tradición de un Servicio de Medicina Interna muy potente, con un número de camas muy elevado desde hace muchos años, con una variedad muy importante de la patología que atiende, con un peso importante dentro del hospital y una larga y fructífera tradición en formación de residentes. Todo eso metido en una coctelera y evidentemente pasando por diferentes etapas -porque la propia especialidad a lo largo de todos estos años ha pasado por diferentes etapas-, pues hace que seamos uno de los Servicios más prestigiosos del país.
 
Y como jefe de Servicio, ¿cuál sería el secreto para mantener ese prestigio a lo largo del tiempo?
 
Yo creo que el reto al que te enfrentas cuando estás en una situación como esta es no quedarse quieto, innovar, cambiar para seguir mejorando. Tener una actitud conservadora en este tipo de posiciones yo creo que no es lo adecuado y si uno quiere seguir compitiendo al más alto nivel, tiene que cambiar, tiene que hacer cosas nuevas, tiene que innovar en lo que hace y tiene que estar abierto a las diferentes novedades, tanto técnicas como organizativas que se producen en tu especialidad.


"Procurar que todo el mundo pueda hacer un desarrollo de su carrera profesional dentro del Servicio lo más ambicioso y lo más fructífero posible. Yo creo que es la manera en la que nosotros podemos contribuir a la motivación de la plantilla"


 
Otro ingrediente clave es la motivación de la plantilla que trabaja diariamente. ¿Cómo se consigue mantener o propiciar esa motivación?
 
Bueno, hay una parte de la motivación que tiene que ver con los propios profesionales. Los sanitarios, en general, tienen un grado de automotivación elevada, que viene condicionada por la atención de los pacientes. Supongo que en otras profesiones habrá otros estímulos, pero el estímulo de tener pacientes delante de ti todos los días que necesitan tu ayuda yo creo que es el más importante para que cualquier sanitario se dedique a su profesión en cuerpo y alma. Internamente, hemos procurado, dentro de las posibilidades que tenemos de seleccionar a las personas que forman parte de nuestro Servicio, elegir personas con un perfil personal y profesional adecuado. Pertenecer a un servicio como este supone una serie de ventajas desde el punto de vista profesional, pero también una serie de compromisos por parte del profesional que forma parte del Servicio. Y por otro lado, a lo largo del tiempo, procurar que todo el mundo pueda hacer un desarrollo de su carrera profesional dentro del Servicio lo más ambicioso y lo más fructífero posible. Facilitar cauces para que eso se produzca. Yo creo que es la manera en la que nosotros podemos contribuir a la motivación de la plantilla.
 
Uno de los rasgos característicos de este Servicio es su estrecha colaboración con otras áreas sanitarias. Un ejemplo es el programa transversal de insuficiencia cardíaca denominado Prisma AP, que garantiza la continuidad asistencial del paciente entre Atención Primaria y hospitalaria. ¿Qué supone para la Medicina Interna la retroalimentación con otras áreas sanitarias?
 
Sin ninguna duda, la Medicina Interna es una especialidad transversal. La creciente importancia que está teniendo en la Medicina hospitalaria, no solamente en España sino en todo el mundo, tiene que ver con su versatilidad y transversalidad. En ese sentido, hay un montón de patologías en las que nosotros interaccionamos con otros especialistas. Y de que esa colaboración sea fructífera, sea colaborativa y no competitiva, se benefician básicamente los pacientes y los profesionales. La relación que nosotros tenemos con el Servicio de Cardiología, la Unidad de Insuficienca Cardíaca es en ese sentido modélica. Creo que hemos logrado una simbiosis entre los dos Servicios en la que trabajamos con una atmósfera muy saludable, muy estimulante para los profesionales y que nos permite dar a los pacientes, a cada uno, la atención que requieren. En algunos momentos es más volcada hacia los cardiólogos, en otros momentos son más buscados los internistas y muchas veces volcada a una estructura que hemos ido formando en la que las enfermeras tienen un papel muy importante, de manera que el paciente realmente no sabe muy bien quien le están tratando. Simplemente hay un equipo que está detrás de él y que en cada momento le ofrece lo que necesita. Extender esto a otras especialidades creo que es el objetivo que deben tener los servicios de Medicina Interna de cualquier hospital, por lo menos de los de alta complejidad.
 
Hace menos de un año que el Servicio puede presumir de haber inventado un dispositivo que previene el riesgo de infecciones graves producidas por la inyección de catéteres venosos periféricos. ¿Por qué cree que no se había profundizado hasta ahora en un efecto asociado a un procedimiento médico tan común?
 
Bueno, porque la solución no es fácil. En general, la mayor parte de los avances se producen en cuestiones relacionadas con la Medicina, que son muy importantes para los pacientes. Y este es, sin ninguna duda,uno de ellos. Pero las soluciones no son fáciles, porque si fueran fáciles, no seríamos los primeros en haberlo puesto encima de la mesa. El que un problema sea frecuente no quiere decir que sea fácil de solucionar, simplemente que hay más necesidad de solucionarlo que otro que sea menos frecuente. Yo creo que una de las obligaciones que se tiene trabajando en un hospital de alta complejidad como este, que también tiene algunas ventajas profesionales indudables, es la de innovar, mejorar la práctica clínica, generar conocimiento. Y este conocimiento se puede generar de muchas maneras, pero al menos en un Servicio de Medicina Interna todo tiene que partir de preguntas que nos hacemos. Esto es, tengo un problema con los pacientes, con las herramientas de las que dispongo, ahora no puedo solucionarlo, tengo que pensar cómo puedo solucionarlo y de ahí surge ese tipo de investigación clínica que parte de la cabecera del paciente. E incluso podemos llevarlo a la mesa de un ingeniero, pero partiendo de un problema que hay en la cabecera del paciente. Al internista le interesa, se siente más cómodo y potente, profesionalmente satisfecho a la hora de innovar.
 
Hablábamos de problemas frecuentes, pero también está la Unidad de Enfermedades Minoritarias. ¿Debería Medicina Interna contar con más herramientas diagnósticas para estos profesionales?
 
Cualquier jefe de Servicio al que entrevistes te va a decir que siempre necesita más herramientas. Creo que uno tiene que ser inconformista y pensar que puede hacer las cosas mejor. Yo no hay ningún día que llegue aquí a mi despacho y piense que ya está todo hecho. Esto es imposible, entre otras cosas, porque aunque lo pensara, a los cinco minutos se abre mi puerta y alguien me dice que no está todo hecho. El caso de las enfermedades minoritarias es un buen ejemplo de cómo el facilitar a profesionales motivados los cauces adecuados genera un compromiso profesional y con los pacientes, que lleva a la realidad actual de la enfermedades minoritarias. En concreto, la responsable de esa Unidad dentro de mi Servicio, que es la doctora Monserrat Morales, empezó simplemente siendo partícipe con los pediatras de la transición de algunos pacientes que padecían enfermedades minoritarias.


"Un hospital de esta complejidad y con este volumen de pacientes es capaz de generar un montón de preguntas a las que el internista debe contestar a través de la investigación"



Anteriormente muchos de ellos fallecían, eran pequeños, pero poco a poco con las nuevas terapias han ido consiguiendo alcanzar la vida adulta. Y los pediatras nos decían "Oye, estos chicos tienen que pasar y que los veáis vosotros, porque empiezan a ser ya adultos, ya tienen veintitantos años". A partir de ese pequeño germen, el trabajo de la doctora Morales, ha hecho que la Unidad de Enfermedades Minoritarias del Adulto, del Hospital 12 de Octubre, sea probablemente, en volumen de pacientes, la más importante del país y que en este momento, casi la mitad o más de los pacientes vengan de fuera de Madrid. ¿Qué hace ella ahí? Pues decirme a mí continuamente "Necesitamos más cosas, necesitamos nuevas técnicas, hay determinaciones que estamos haciendo fuera que las deberíamos hacer aquí..." Quiero decir, el hilo conductor siempre es "Tengo problemas con los pacientes, me preocupo por los problemas de los pacientes. Aquí no tengo la solución, tengo que buscar soluciones". Y este es el día a día de un Servicio que quiera mantenerse en la primera línea de competitividad.
 
Precisamente con esa idea, la de buscar soluciones diariamente, la investigación de la Medicina Interna está en constante movimiento en Servicios como este. ¿Cuáles son los desafíos más inmediatos para los que su equipo está buscando respuestas?
 
Tenemos varias líneas de investigación. Tenemos líneas de investigación que tienen ya un largo recorrido y que son muy, muy prestigiosas, que son las relacionadas con las enfermedades infecciosas, tanto la infección VIH como las infecciones en pacientes inmunodeprimidos, donde hay equipos con gran experiencia y publicaciones muy importantes a lo largo de los últimos 20 años. En los últimos 7 u 8 años, coincidiendo con la renovación generacional del Servicio, se han abierto otras áreas de investigación, entre la que yo destacaría, el riesgo vascular, una Unidad de lípidos muy potente, la enfermedad tromboembólica...Tenemos una línea de colaboración muy significativa con el Servicio de Oncología. Creo que el desarrollo de la Oncología, que ha permitido que muchos de los pacientes oncológicos se conviertan en enfermos crónicos con una serie de efectos secundarios derivados de la medicación, hace que el papel del internista, como gestor de ese tipo de patología, haya tomado mucha importancia. Y nosotros, en ese sentido, hemos sido pioneros. Hay algunas otras, seguro que me olvido. Pero un hospital de esta complejidad y con este volumen de pacientes es capaz de generar un montón de preguntas a las que el internista debe contestar a través de la investigación.
 
Y a su parecer, ¿qué causas que afectan particularmente a los internistas han propiciado el actual déficit de profesionales en esta especialidad?

Realmente, las causas del déficit de especialistas en España son múltiples. En concreto, el de los internistas tiene que ver no tanto con el número de personas que se forman, sino que la demanda de este tipo de especialistas se ha multiplicado en los últimos diez años. Y eso tiene que ver con el perfil del paciente que mayoritariamente hoy se atiende en los hospitales. El paciente que hoy mayoritariamente necesita hospitalización es un paciente mayor, con varias patologías, no con una sola, con un alto grado de fragilidad y con enfermedades crónicas que son, entre comillas, incurables. Simplemente lo que nosotros podemos ofrecer son alivios a esa cronicidad. Además de ello, en los hospitales cada vez se interviene quirúrgicamente a pacientes más mayores, con más patologías asociadas que tienen riesgos quirúrgicos elevados, en los que es imprescindible que, aparte de que el cirujano haga su trabajo, se cuiden tanto 'pre' como después de la cirugía todo este tipo de enfermedades que tienen estos pacientes. El perfil profesional más adecuado para cubrir esos papeles que antes no existían, básicamente porque esos pacientes antes no existían, morían mucho antes, es el del internista en España y en Estados Unidos.

Hace ya años que las compañías de seguro americanas ya descubrieron que ese papel que los internistas juegan en los hospitales españoles, ellos no lo tenían y generaron una especialidad nueva que es, en este momento, la que más crece en Estados Unidos, la que más demanda de trabajo genera. Son los llamados hospitalistas que, en gran parte, tienen un rol muy parecido al que tienen los internistas en España. De tal manera que no es que en este momento haya menos especialistas de Medicina Interna. Evidentemente, la curva etaria de los pacientes en Medicina Interna es parecida al de otras especialidades. Y efectivamente, ahora en los próximos cinco o diez años se va a jubilar una parte significativa de los internistas. Pero lo que está pasando estos años no es sólo eso, sino que además la demanda de especialistas de Medicina Interna ha crecido mucho, tanto en la Medicina pública como en la privada. La Medicina privada también está descubriendo que meter internistas en sus hospitales haciendo atención transversal no solamente a pacientes médicos ingresados, sino a pacientes quirúrgicos, es muy rentable y muy buena para los pacientes.
 
¿Y qué papel juegan en su opinión las Áreas de Capacitación Específicas (ACE) en la formación del internista?
 
A mí me parece que las Áreas de Capacitación Específica son una buena herramienta para conseguir un cierto grado de especialización sin perder la troncalidad de la especialidad. Y creo que, en determinadas atmósferas, en determinados entornos, es imprescindible que el especialista vaya un poco más allá. Hay un determinado subgrupo de pacientes que necesitan algo más que las competencias básicas de un internista, y ahí las Áreas de Capacitación Específica yo creo que son una solución razonable. Sin perder la esencia del internista, con un especialista flexible, versátil, capaz de valorar globalmente a un paciente.
 
¿Cree que debería existir una especialidad en sí misma, como se está planteando ahora mismo, o las enfermedades infecciosas pueden pertenecer a Medicina Interna?
 
Es una pregunta que tiene varias posibles respuestas. Mi opinión es que la línea en la que va la Medicina en el momento actual, en la que vamos las unidades multidisciplinares a intentar romper las barreras entre las diferentes especialidades, crear nuevas especialidades es un error del punto de vista de la gestión sanitaria. Esta es mi opinión. Dicho esto, es imprescindible también que determinados médicos adquieran un expertise y sean educados y formados en algunas áreas en los que la residencia habitual de Medicina Interna no les forma. En ese sentido, a mí me parece imprescindible que haya, al menos en determinados hospitales de cierta complejidad, gente -en mi opinión, internistas pero esto podría ser discutible- que tengan una formación adicional que sea reglada. Quiero decir que no sea cualquiera que sea aficionado como ha sido hasta ahora, sino que exista un programa formativo que les permita adquirir esas competencias. En mi opinión, el Área de Capacitación Específica es una respuesta razonable a esa doble demanda de adquirir nuevas competencias de una manera reglada.
 
Usted también es profesor de Medicina en la Universidad Complutense de Madrid. ¿Cómo vaticina el futuro de la especialidad? Viendo de cerca a los que serán sus profesionales, ¿cree que se enfrentan a un escenario más complicado que antes?
 

La Medicina postpandemia es más complicada que la Medicina prepandemia porque el sistema sanitario necesita una reformulación. Yo siempre he sido optimista y creo que este tipo de momentos son ideales para repensar todo el sistema sanitario español. Ha sido uno de los éxitos de país, pero realmente si uno es justo, hay que reconocer que el sistema sanitario durante 40 años no ha tenido ningún cambio sustancial. Seguimos haciendo lo mismo, básicamente que hacíamos hace 40 años. Ya antes de la pandemia, el sistema daba señales inequívocas de que esto se había acabado. Y la pandemia lo ha acabado de golpe y estamos sufriendo las consecuencias de enfrentarnos a una nueva realidad con herramientas viejas. Esas herramientas tienen que cambiar. Los estudiantes de Medicina, desde el punto vista laboral, lo van a tener mejor que lo tuvimos nosotros hace 30 años, porque las necesidades de sanitarios de la población no hacen más que crecer. Y evidentemente el envejecimiento, la esperanza de vida, requiere más cuidados en salud. La sociedad tendrá que dedicar más recursos al cuidado de la salud, si es que queremos seguir siendo sociedades civilizadas como hasta ahora. Y en ese sentido, creo que la Medicina va a seguir siendo una profesión extraordinariamente atractiva y que los nuevos médicos, evidentemente van a tener que adquirir competencias que nosotros no tenemos. Tendrán que ejercer la Medicina de una manera diferente a la que nosotros hacemos. Pero esto seguirá siendo una profesión apasionante y puntillosa.

En cuanto a la especialidad, yo ahora mismo creo que la Medicina Interna y algunas otras especialidades se enfrenta a un dilema. Por un lado son más necesarios que nunca, pero al mismo tiempo el ejercicio profesional de la Medicina para las nuevas generaciones es lo suficientemente duro como para que alguno de nuestros mejores talentos prefiera tener una vida más cómoda que la que lleva un internista. Y en ese sentido, a la hora de la elección del MIR uno se encuentra con entrevistas de las personas que sacan buenas plazas y te das cuenta de que una de las cosas que tienen en cuenta a la hora de elegir tiene que ver con la carga de las guardias, la carga asistencial, cuánto tiempo tengo que dedicarle a mi profesión, etc. Son conceptos que quizás no se tenían antes tanto en cuenta, pero ahora sí. Y aunque el futuro es muy brillante por el lado de las expectativas laborales y de sentirse satisfecho con lo que uno hace, hay una parte que no podemos obviar y que la sociedad tendrá que evaluar qué hace con ello, que es la calidad de vida de los que nos dedicamos a esto.
 
¿Qué consejo les daría a todos esos MIR que se quieran decantar por Medicina Interna o que estén dudando si hacerlo?
 
Yo les diría que es la especialidad más bonita que existe si uno quiere ser médico, otra cosa es que quiera ser cirujano. Si quieres ser cirujano, evidentemente no hagas Medicina Interna. Es una especialidad con un buen futuro laboral. Yo estoy seguro de que a medio plazo las condiciones laborales de los médicos van a mejorar simplemente porque ni la sociedad ni los propios profesionales van a seguir tolerando algunas cosas que en este momento se toleran, como son las guardias de 24 horas. En fin, algunas anomalías que durante años se han permitido y que la sociedad actual no va a seguir permitiendo, porque ni son buenas para los pacientes ni son buenas para los profesionales. En ese sentido, creo que si a uno le gusta la Medicina, tiene que, por lo menos plantearse, si quiere ser internista. En este país hay una excelente formación. Yo sé que hay muchos sitios donde se puede formar bien y el internista es un especialista muy flexible, se adapta muy bien al entorno en el que caiga y casi en cualquier entorno se puede ejercer la Medicina Interna a un nivel que provoque satisfacción profesional.


"Crear nuevas especialidades es un error del punto de vista de la gestión sanitaria. Esta es mi opinión"


 
Y después de tantos años al mando de este Servicio, ¿siguen quedando retos todavía pendientes que se resistan?
 
Siempre hay retos. El día que yo no crea que hay retos, dejo la jefatura y me dedico a otra cosa. Pero incluso hasta en los momentos en los que menos te apetezcan los retos. Es que un Servicio que tiene 200 camas, que recibe más de 9000 ingresos en un año, que tiene más de 6000 primeras consultas en nuestras consultas externas, es imposible que no tenga retos, que aunque yo no los tuviera, me obligarían a que los tuviera. En este momento yo creo que el reto de los hospitales es conseguir que parte de la asistencia que nosotros prestamos en este momento en el medio hospitalario la prestemos en otro entorno. Y ese es un tema que antes de la pandemia me preocupaba y ahora me preocupa cada vez más si seguimos haciendo lo mismo. Nosotros tenemos una dotación de unas 190 camas. Llevamos ya muchos meses con ocupaciones de 230-240 pacientes y si no hacemos algo diferente, nadie me dice que dentro de cinco años no tengamos 300 camas dentro del hospital. Yo creo que una parte sustancial de los enfermos que están en el hospital en este momento podrían tener el mismo beneficio que tienen aquí en otro entorno o incluso en su domicilio. Viniendo a Hospitales de Día, bien organizados. Este es el principal reto al que nos enfrentamos en el corto plazo.
 
Y si salimos de aquí del Hospital 12 de octubre, ¿qué desafíos atañen a toda la especialidad en su conjunto?
 

Yo creo que el reto de los internistas en el futuro a corto y medio plazo es la transversalidad. Ser capaces de integrarse, a veces liderando y a veces no liderando equipos multidisciplinares. Esto se lleva hablando desde los años 80 y en la mayor parte de los sitios sigue sin ser una realidad. El tema del paciente en el centro de los procesos asistenciales. Cuando uno conoce cómo funcionan bien los procesos asistenciales, se da cuenta de que las estructuras de los Servicios tienen que ponerse al servicio de esos equipos multidisciplinares y no al revés, que es lo que se ha producido tradicionalmente. En ese sentido, yo creo que el internista tiene que ser capaz de trabajar con otros especialistas en procesos asistenciales complejos en los que él va a tener un papel a veces muy protagonista y otras veces menos protagonista. Nunca lo olvidarás al 100 por cien, siempre tendrás tus pacientes, pero de alguna manera, olvidando el concepto de este "mis camas, mis pacientes, mis consultas". Yo creo que el futuro va por ahí y yo creo que el internista es uno de los que está mejor preparados para hacer eso, porque la realidad le está obligando a hacerlo ya desde hace unos años.
 
Si tuviera que quedarse con un momento bueno y otro malo de su jefatura hasta ahora, ¿cuál sería?
 
Los momentos buenos es cuando veo a alguno de mis compañeros del Servicio conseguir objetivos. Yo de hecho, cuando hago un resumen de la estructura del Servicio, hablo de una serie de estructuras de soporte. Creo que la jefatura es una estructura de soporte del Servicio, igual que lo es la de ensayos clínicos o la Secretaría del Servicio. Está para facilitar el trabajo de los demás, de tal manera que cuando yo triunfo personalmente como jefe de Servicio, es cuando alguien de mi Servicio,alguno de mis compañeros, triunfa. Alcanza el objetivo que se ha marcado, ya sea asistencial, sea de investigación o sea docente. ¿Y el peor? Bueno, yo creo que la pandemia hemos pasado momentos muy malos todos. Yo creo que ha sido una época negra en la que ha habido muchos sinsabores, en la que hemos pasado momentos delicados, personales y profesionales. Yoo llevaba ya muchos años practicando la Medicina, nunca pensé que iba a vivir una cosa como la que viví y nunca pensé que iba a vivir situaciones como las que viví. Y en ese sentido, pues ahora mismo queda como una especie de recuerdo que ponemos ahí un poco en la caja negra del cerebro, intentando aislarla. Pero está ahí y sin duda ha sido el peor momento de mi desarrollo personal.
 
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